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Política

Obama, en el escenario de Berlín

Miles de personas arden por verlo y oírlo hablar. Muchos han viajado desde otros países europeos a Berlín para acudir al encuentro con Barack Obama, la figura que es promesa de cambio en Washington.

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Se espera que entre 10 mil y un millón de personas acuda a ver a Obama en Berlín.

Si de los alemanes dependiera, Barack Obama sería el próximo presidente de Estados Unidos. Así lo indican con toda claridad las encuestas. Una, publicada por la revista Stern, indica que el 61% de los encuestados, querría verlo instalarse en la Casa Blanca. Otro sondeo, del “Capital Elite Panel”, dos tercios de las 600 personas consultadas, todas ellas en posiciones claves para la toma de decisiones en el sector empresarial, se manifestó a favor del candidato demócrata. En suma, no hay que ser adivino para augurar que la recepción que le aguarda en Berlín será multitudinaria y eufórica.

Berlín, la elegida

Pero, obviamente, la decisión no corresponde a los alemanes, sino a los estadounidenses. Por eso, todos los analistas coinciden en que el mensaje de Barack Obama no va dirigido en primera línea a sus anfitriones, sino al electorado de su propio país. Aún así, o, mejor dicho, precisamente teniendo en cuenta esa premisa, llama la atención que haya sido precisamente Berlín la ciudad escogida por el político demócrata para llevar a cabo el único acto masivo al aire libre programado durante esta gira internacional, que todos entienden como pieza clave de su campaña electoral.

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Publicidad no le ha faltado a Obama en Berlín.

Diversas podrían ser las explicaciones. Por una parte, en el escenario berlinés ya se han lucido varios líderes estadounidenses, comenzando por John F. Kennedy. Su afirmación “yo soy un berlinés”, pronunciada en lo más gélido de la guerra fría, quedó grabada para siempre en la memoria de los alemanes. Quizá evocar esa figura sea uno de los objetivos de Obama, tan joven y carismático como Kennedy. O quizás haya influido en la elección del lugar el hecho de que Alemania, en ese entonces gobernada por el socialdemócrata Gerhard Schröder, haya sido uno de los países que con más vehemencia se opuso a la guerra de Irak, que sigue siendo uno de los temas candentes en esta campaña electoral estadounidense.

Relaciones transatlánticas

Más allá de las especulaciones, lo cierto es que tanto en París como Londres se ve con cierta desazón que Berlín les haya ganado en protagonismo, teniendo en cuenta que Obama bien podría convertirse pronto en el hombre más poderoso del mundo. Angela Merkel, de todos modos, puede sentirse satisfecha, pese a haber puesto la nota discordante en este espectáculo mediático de la gira, al haber rechazado los deseos del huésped de hablar ante la Puerta de Brandeburgo. Su peso político en Europa queda una vez más de relieve.

Berlín, de todos modos, brindará a Obama un telón de fondo idóneo para plantear sus ideas sobre las relaciones transatlánticas. Anunciado como un discurso de fondo, los europeos no se contentarán con escuchar meras vaguedades y consignas propias de la campaña electoral. Demasiadas son las expectativas que ha generado ya este candidato, en el que se depositan las esperanzas de un cambio tras la era Bush. Aunque Ángela Merkel haya dicho con realismo que espera continuidad en la política estadounidense cualquiera sea el ganador de las elecciones presidenciales, lo cierto es que un nuevo estilo es lo que añoran los alemanes. Y también, por lo visto, muchos estadounidenses, de modo que en este punto Obama podría ganar puntos por partida doble, a ambos lados del Atlántico.

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