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Ciencia y Ecología

Nuevas miradas a culturas extinguidas

Proyectos de investigación y artísticos dan una nueva lectura al legado del etnólogo alemán Martin Gusinde, quien hace un siglo retrató a los pueblos indígenas originarios del extremo sur de América.

Aunque sus fotos y registros tienen casi 100 años, no pierden actualidad. Investigadores y artistas recurren hoy al archivo del etnólogo alemán Martin Gusinde para desarrollar diversos proyectos que revalorizan las culturas del extremo austral de Chile. Este sacerdote de la Congregación del Verbo Divino llegó al país sudamericano como misionero y profesor del Liceo Alemán de Santiago en 1912. En sus cuatro viajes a Tierra del Fuego y alrededores, entre 1919 y 1924, vivió entre los pueblos Selk’nam, Yamana y Kawésqar, en los canales e islas de la zona.

El etnólogo y misionero alemán llegó a Chile como profesor a los 26 años y permaneció hasta los 34. Continuó su labor de investigación y divulgativa en distintos países.

El etnólogo y misionero alemán llegó a Chile como profesor a los 26 años y permaneció hasta los 34. Continuó su labor de investigación y divulgativa en distintos países.

El nombre del misionero no es muy conocido en Alemania ni en Chile, pero sus imágenes son fácilmente reconocibles. “Son imágenes fuertes y también emblemáticas. Hoy son parte del imaginario regional, nacional y, lo más probable, es que se haga global”, indica la historiadora Marisol Palma. Para su tesis de doctorado en la Universidad de Leipzig, la historiadora chilena hizo una lectura polisémica del extenso archivo fotográfico de Gusinde.

“La fotografía es un lugar de encuentro que él fue explorando. En sus fotos hay una mirada melancólica de lo primitivo y también el afán de rescatar ese mundo que se estaba extinguiendo”, explica Marisol Palma, quien publicó un libro en alemán y posteriormente la versión en español sobre su investigación.

Del mundo que Gusinde retrató ya no queda nada, sólo unos pocos Kawéskar, una anciana Yamana y algunos descendientes mestizos. Sin embargo, sus imágenes siguen presentes. El comercio las ha multiplicado en forma de postales y souvenirs, pero también investigadores y artistas las revalorizan y estudian.

Las imágenes de cuerpos pintados son algunas de las más emblemáticas del registro de Gusinde. Una de ellas es portada del libro que publicará proximamente una editorial francesa.

Las imágenes de cuerpos pintados son algunas de las más emblemáticas del registro de Gusinde. Una de ellas es portada del libro que publicará proximamente una editorial francesa.

El etnólogo reunió una colección de 1200 fotografías, además de numerosos escritos, que hoy se conservan en el Instituto Anthropos, del Verbo Divino, en Alemania. Gusinde fue testigo de un momento crítico en la vida de los habitantes originarios de Tierra del Fuego. “Estos pueblos estaban deculturizados, hace años habían sido misionados, y ya no vestían ni vivían como él los retrata. Fue todo una representación, para que pudiera registrarlo”, relata el director de Anthropos, Profesor Joseph Piepke.

En su convivencia, se ganó la confianza de estos grupos y logró documentar idioma, religión, costumbres y rituales. “Incluso él mismo participó también en rituales, por petición suya, y fue incorporado en una ceremonia de iniciación”, agrega Piepke.

En condiciones extremas
Las fotografías de Gusinde impactan por diferentes razones. Están las miradas de los retratos, los grupos familiares y los cuerpos apenas cubiertos con pieles de guanaco o simplemente desnudos y pintados para una ceremonia, en medio de la nieve. El misionero se enfrentó a las condiciones extremas del clima austral, con traslados en medio del frío y el viento, con sus baúles, cámara de fuelle y atril.

Meticuloso y dedicado, buscó dar una mirada científica. “El cuerpo es el único soporte para visualizar la cultura de estas razas. En los años 20 ya vivían dispersos, desestructurados. Gusinde los muestra sin sus vestimentas occidentales, dejando al descubierto su imagen más cruda y real”, explica Marisol Palma, actualmente directora de Licenciatura en Historia de la Universidad Alberto Hurtado en Chile.

Entre sus fotos destacan los retratos, como éste de una mujer Selk’nam.

Entre sus fotos destacan los retratos, como éste de una mujer Selk’nam.

La investigadora calcula que en esa época ya quedaba un 20% de la población indígena que llegó a tener la zona. El exterminio, las epidemias y el impacto de la ganadería en el ecosistema habrían mermado la población, que se encontraba desprotegida por parte de las autoridades. “En sus fotos mostró una parte de la historia del país sobre la que no se sabía nada. Esto le permitió conectar mundos, denunciar y testimoniar la existencia de estos pueblos marginados que estaban desapareciendo y mostrar la urgencia de salvarlos”.

Gusinde rescató su humanidad, sentido de familia, cultura y tradiciones. En su afán de documentar revitalizó algunas tradiciones al organizar ceremonias que no se celebraban hacía años. En su honor, el museo antropológico ubicado en Puerto Williams, en la isla Navarino, lleva su nombre. Dentro de las colecciones, hay objetos reunidos por el propio Gusinde.

Impacto visual
“Son fotos de alto impacto, muy conmovedoras. Si uno ve sus rostros y miradas, y piensa en su historia, lo extremo del lugar, las condiciones de vida y el medio físico... esas fotos te dejan ver lo que ningún texto te podría contar”, reflexiona la historiadora Marisol Palma. “Para la mirada europea son fascinantes, muy exóticas”, agrega.

Rescatando su valor histórico y estético, una editorial francesa prepara un libro de 400 fotografías de Gusinde, que será lanzado proximamente y acompañado de una exposición. Más adelante publicarán además ediciones en español, inglés y alemán.

El artista visual Mario Pfeifer presenta una instalación audiovisual a partir de la obra de Gusinde y la realidad actual de la zona.

El artista visual Mario Pfeifer presenta una instalación audiovisual a partir de la obra de Gusinde y la realidad actual de la zona.

También desde una mirada estética y reflexiva, el artista visual alemán Mario Pfeifer aborda estas imágenes. Para ello revisó el archivo fotográfico y sacó sus propias fotos en terreno, viajando varios meses por esos paisajes. Con su proyecto “Aproximación en la era digital a una humanidad condenada a desaparecer”, instalación de video y fotografías, hace una interesante lectura crítica que cruza la obra de Gusinde y la realidad actual de los habitantes de esta zona extrema. Ha sido expuesta en Santiago y Nueva York, y próximamente estará en Berlin.

“Las fotos de Gusinde tienen mucho significado –considera Pfeifer-. En su forma y concepto son muy fuertes e interesantes. Él documenta esa minoría, los abusos, la complejidad de esas culturas que se estaban extinguiendo. Es muy importante que su trabajo sea conocido en Chile y llamar la atención sobre este tema, ver la calidad de vida y la realidad social de las personas que ahí viven. Es el vehículo para un debate político y cultural todavía actual”.

Además del interés que despierta en investigadores y artistas, el legado de Gusinde tiene un especial significado para los descendientes de aquellos pueblos, quienes hoy buscan conocer y entender su historia. Bien lo sabe una bisnieta de Selk’nam fotografiados por Gusinde, quien se puso en contacto con el Instituto Anthropos. La mujer está escribiendo su historia familiar y con ayuda de estas fotos está logrando reconstruir parte de su pasado.

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