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América Latina

“No son tiempos fáciles, ni para Europa ni para América Latina”

La Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (Eurolat) se reunió esta semana en Bruselas, pocos días antes de la cumbre UE-CELAC. DW habló con su presidente, Ramón Jáuregui.

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Ramón Jáuregui, izquierda, y Leonel Vásquez Búcaro, ambos presidentes de la Asamblea Eurolatinoamericana (Eurolat)

Venezuela , proceso de paz en Colombia, migración, crimen organizado y violencia, financiación de partidos políticos, nuevos y viejos tratados comerciales, cambio climático y la próxima cumbre de París... Amplio es el espectro de temas que en cuatro días ha abordado y, en parte, consensuado la Asamblea Eurolat. DW habló con su presidente, Ramón Jáuregui.

DW: “No son tiempos fáciles ni para Europa ni para América Latina” ha dicho usted en el pleno, ¿puede detallar?

Ramón Jáuregui: Tenemos crisis políticas y humanitarias a nuestro alrededor. En Europa; Rusia y Ucrania; la crisis humanitaria en el Mediterráneo.

Por su parte, Latinoamérica está sufriendo un estancamiento que va a reducir el equilibrio social. Venezuela preocupa por lo que pueda representar la consolidación o no de su democracia.

En “Eurolat news” de junio afirma que los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC deberán garantizar los derechos de las víctimas, tendrán que determinar responsabilidades y disolver estructuras paramilitares. ¿A qué se refiere con esto último?

Nos referimos a las estructuras que estimamos residuos de un tiempo que va quedando atrás, pero que, de acuerdo a las muchísimas denuncias de organizaciones no gubernamentales que nos llegan, siguen actuando especialmente en el mundo rural. Eso nos preocupa. Con todo, Europa es muy favorable a la política que está llevando a cabo el gobierno del presidente Santos, por su valentía y su coraje en su búsqueda de poner fin a tantos años de un conflicto tan dramático.

Hay denuncias de ONGs relacionadas a los efectos de los acuerdos comerciales – sobre todo en América Central- en cuanto a que éstos han redundado en una violencia que ampara al mundo empresarial. ¿Tiene alguna opinión al respecto?

Creo que es una exageración, aunque sí es verdad que los procesos democráticos en América Latina tienen que experimentar también en este área lo que llamaría una modernización del sector empresarial, en el sentido de los principios OIT. La violencia no puede sustituir al diálogo social en países que, como en casi toda América Latina, son democráticos.

Por otro lado, la corrupción y el narcotráfico minan a algunos gobiernos democráticos…

Es uno de los problemas más graves. Hay Estados muy importantes que están sufriendo un cáncer interno, pues el narcotráfico es capaz de alterar reglas básicas de la convivencia y capaz de secuestrar poderes legítimos en países afectados por la producción o el tráfico.

Eurolat insiste en la necesidad de seguir avanzando en el debate en el seno de la ONU, con un enfoque más integral que aborde también aspectos financieros. No decimos más, porque entre nosotros mismos hay posiciones muy diferentes.

Tanto el excomisario Tajani como usted mismo han recalcado esta semana la importancia de los derechos humanos para la UE. ¿Creen ustedes que se fortalecerá el mecanismo de seguimiento del cumplimiento de éstos en los acuerdos con Chile y México que se van a modernizar?

La UE se está planteando en su conjunto la manera de intensificar este instrumento. Soy favorable a que mantengamos una forma de presión sensible… Un grupo de nuestra cámara está totalmente opuesto a modernizar los acuerdos con México por incumplimiento de derechos humanos. Una posición tan drástica no aporta a su desarrollo.

A este respecto, ¿qué opina usted de la crítica de que la Eurocámara mira hacia América Latina con doble rasero? Por violaciones a los derechos humanos se pronuncia en unos casos, en otros no.

Las posiciones ideológicas europeas a veces condicionan demasiado la mirada sobre la realidad latinoamericana. De manera que hay una derecha política que trata de censurar siempre a los regímenes "progresistas" y una izquierda incapaz de ver la más mínima vulneración de derechos humanos en países que se suponen sus amigos.

Tenemos que ser capaces de aceptar que en Colombia hay vulneraciones de derechos humanos y ser claramente favorables a que el gobierno consiga el fin de la violencia; de ser críticos con lo que pasa en México, pero comprensivos con un gobierno que tiene la dificilísima tarea de extirpar bandas criminales. Podemos ser críticos con el trabajo infantil en Bolivia, pero debemos comprender que se trata de una circunstancia histórica y cultural. Podemos ser de izquierdas y reconocer que hay una vulneración gravísima a la democracia en en Venezuela.

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