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Alemania

"No está nada mal ser alemán"

Más de cien mil personas adquirieron la nacionalidad alemana en 2010. ¿Qué ventajas tiene estar en posesión del pasaporte? ¿Qué cambia en relación con la tierra de origen?

Acto de entrega del pasaporte alemán en Porz, Colonia

Acto de entrega del pasaporte alemán en Porz, Colonia

Un salón sobrio en un edificio de ladrillo en Porz, un barrio de Colonia. Unas doce personas reciben la nacionalidad alemana por motivos muy distintos. Katerina Birukowa, de procedencia rusa, no necesitó demasiado tiempo para convencer a su madre de que se hiciera con el pasaporte germano. Cuando ella misma comenzó hace años a trabajar aquí, tuvo que luchar duramente contra la burocracia. Por ello pensó que adquirir la ciudadanía le facilitaría todo. Además, tenía intención de trabajar en el ámbito internacional tras concluir sus estudios en la Universidad y estaba segura de que sería más sencillo con la documentación alemana que con la rusa.

Natalia y Katarina Birukova, madre e hija, proceden de Rusia

Natalia y Katarina Birukowa, madre e hija, proceden de Rusia

Ciertamente, la cuestión laboral es una de las razones principales para hacerse con la nacionalidad alemana en tiempos de crisis económica. La posibilidad de escoger lugar de residencia y trabajo dentro de la Unión Europea ha abierto nuevas perspectivas para muchas personas. La familia de las Birukowa, madre e hija, vive en Rusia. Con la adquisición de su nueva nacionalidad, ven ahora posible un reencuentro.

La mitad de los nuevos ciudadanos procede de Europa

Según estadísticas oficiales recientes, más de la mitad de los nuevos ciudadanos alemanes de 2010 procedían de Europa. La cuarta parte tenía origen turco. Después están los originarios de Serbia, Montenegro, Irak y Polonia. De África son apenas el 10% de los nuevos ciudadanos y de Asia un cuarto. Alexej Golynik vino hace nueve años de Rusia. Tener derecho a votar es muy importante para él. La política le interesa mucho y durante años ha tenido que conformarse con ser mero espectador. Tenía ganas de poder decidir. Algo aún más valioso para los nuevos ciudadanos es poder sustraerse de algunas obligaciones de sus países de origen, como el servicio militar.

Ventajas e inconvenientes de adquirir la nacionalidad

No todo son aspectos positivos al adquirir la nacionalidad alemana. Hay que reunir muchos requisitos, como haber vivido en Alemania durante 8 años, dominar el alemán y aprobar un examen en el que se formulan preguntas sobre leyes y regulaciones sociales. Esta prueba ha disuadido a muchos aspirantes: la cifra más alta de concesión de nacionalidades tuvo lugar en 1995, con más de 300.000. Con la entrada en vigor de las pruebas de ciudadanía, la cifra descendió en 2008 hasta 94.000. La principal desventaja, sin embargo, reside en la pérdida del derecho al voto en sus países de origen.

Para Eveline-Danielle Pförtner, de Costa de Marfil, eso no supone problema alguno. Se casó hace seis años en Alemania y tiene su vida hecha aquí. Piensa que sería complicado tener las dos nacionalidades, ya que no cree que pudiera comprometerse de la misma manera con ambos países. También la joven germano-.turca Nese Kasirga se siente preparada para perder su nacionalidad de origen y adoptar la alemana. Después de todo, es la tierra en la que nació y en la que vive. Considera que su forma de ser y de vivir es alemana y nos muestra el reluciente documento que la acredita como alemana mientras extrae del bolso una Constitución de bolsillo. Barbara Schwiesow, encargada de los empadronamientos en la concejalía de Porz, lee durante la ceremonia extractos de la Constitución alemana y exhorta a los nuevos ciudadanos a servir de puente entre Alemania y sus países de origen.

Ese es uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia. En realidad, decidirse a adoptar la nacionalidad es más una decisión pragmática que emocional. Al menos para los aquí presentes. En caso de tener problemas con el reconocimiento de sus años de trabajo, la vuelta a la patria, sus propiedades y sus derechos de sucesión, cuentan con el respaldo del estado alemán

¿Orgullosos de su nuevo pasaporte?

Kamran, de 11 años de edad, ha adquirido esta semana la nacionalidad junto a su madre esta semana. Nació en Alemania, pero es muy consciente de sus raíces iraníes y cree necesario dominar su lengua materna, el persa. Kanram quiere y puede opinar, mientras que su madre prefiere no manifestarse. Le gustaría conservar el pasaporte iraní, además del alemán. „No estaría nada mal“, dice con una sonrisa pícara. En parte se siente germano, puesto que aquí nació y acude a la escuela. “Sería difícil que, con mis características, no me dieran el pasaporte precisamente a mí”, dice Kamran, pragmático.

Cierto es que adquirir una nueva nacionalidad no implica un cambio de rostro ni de nombre. La fisonomía de una persona delata su origen y el pasaporte no es garantía contra la discriminación. Eveline-Danielle Pförtner, de Costa de Marfil, piensa que siempre será una africana con pasaporte alemán. Ello no es obstáculo para tratar de ser siempre una buena ciudadana, cualquiera que sea su nacionalidad.

Autoras: Daphne Grathwohl/María Santacecilia
Editor: José Ospina-Valencia

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