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“Ningún país occidental podría apoyar a Mubarak”

2 de febrero de 2011

Los EE. UU. y la Unión Europea sólo pueden esperar de qué modo se desarrollan los acontecimientos en Egipto y no pueden apoyar de ningún modo al presidente egipcio Hosni Mubarak, opina la prensa.

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''Antiguo dictador se vende'', dice el grafiti en El Cairo.Imagen: AP

La Stampa, de Roma: “La exigencia israelí a los EE. UU. y a la Unión Europea de apoyar al presidente Hosni Mubarak no parece ser la reacción más adecuada del Estado judío a una cambio de régimen en El Cairo que podría tener consecuencias extremadamente graves. La única actitud posible en este momento de parte de Washington y de los Gobiernos europeos consiste en ‘aguardar y esperar lo mejor’. Ningún país occidental puede o podría haber apoyado a Mubarak en estas circunstancias. ¿De qué modo? ¿Enviando buques cañoneros a los puertos egipcios? Occidente sólo puede esperar para ver qué visos toma una situación que es sólo el comienzo de una verdadera revolución.”

“Acoplar la democracia a la religión”

Gazeta Wyborcza, de Varsovia: “El Cercano Oriente será musulmán porque nunca dejó de serlo. La gran mayoría de sus habitantes se toman muy en serio su religión y exigen que su fe ocupe un lugar cada vez mayor en vida pública. (…) Será necesario acoplar el sistema democrático a las tradiciones islámicas de la población sin olvidar el temor a una dictadura islamista. Claro que esto no se puede lograr de un día para el otro, pero no hay ningún motivo para considerar que es imposible. Si en Turquía y en Indonesia funciona una alternativa semejante, ¿por qué no habría de funcionar en Egipto o en Túnez?”

“La revolución seguirá su camino hacia Asia Central”

Die Presse, de Viena: “El miedo de Occidente a que a la ‘primavera árabe’ le siga una fase inestable en Cercano Oriente es fundamentado. Pero nadie puede prohibir a las masas árabes que se deshagan de los déspotas arrogantes, brutales y corruptos que los gobiernan. Incluso es de esperar que la chispa de estas revoluciones siga su camino hacia el Este, y llegue a Asia Central. También allí hay algunos dictadores a perpetuidad que no quieren abandonar su sillón y que, aparentemente, pretenden permanecer allí hasta el fin de sus días, ejerciendo su poder y esclavizando a su pueblo con el pretexto de salvaguardar la estabilidad. Esta semana, tanto a Islam Karinow como a Nursultan Nasarajew les resultará difícil conciliar el sueño:”

“Las grandes potencias deben defender ideales democráticos”

El País, de Madrid: “Egipto vivió ayer una de las jornadas más importantes de su historia como país independiente. Según reconoció Mubarak en un discurso de última hora al país, el régimen egipcio no seguirá siendo el mismo después de que miles de manifestantes tomaran la plaza cairota de Tahrir. (…) Las incógnitas del momento están colocando en el primer plano político a figuras egipcias de reconocido prestigio internacional, como Mohamed el Baradei, Amr Musa o el premio Nobel Ahmed Zewail que, llegado el caso, podrían asegurar la transición hasta unas elecciones. Estados Unidos ya ha comenzado a hablar con el antiguo director general de la agencia de la ONU para la energía atómica. (…)Tahrir, el nombre de la plaza cairota elegida como escaparate por los manifestantes, significa liberación en árabe. Egipto se adentra en un tiempo en que, con Mubarak defenestrado, ese nombre podría convertirse en un símbolo y en una realidad. Que así sea depende de los egipcios, pero también de la posición que adopten las principales potencias. Un error de estas al escoger campo podría resultar fatal, sobre todo si está dictado por una traición a los ideales democráticos que dicen defender.”

CP/ dpa

Editora: Emilia Rojas-Sasse