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América Latina

Niños luchan por el "derecho" a trabajar

El trabajo infantil tiene en Bolivia muchos rostros. En todos se ve la necesidad; en algunos, la voluntad de luchar por lo que consideran un derecho.

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Deyna Mamani y su abuela venden jugos en el mercado.

El trabajo infantil en Bolivia tiene muchas caras. Una de ellas la de Deyna Mamani. Ahora tiene doce años y a los ocho comenzó a trabajar con su abuela, vendiendo jugos de frutas en un mercado en La Paz. Su familia necesitaba su ingreso para pagar libros escolares y el transporte.

También tiene rostros como el Rodrigo Medrano que, a los 14, vende cigarrillos y chicles en los bares del centro de La Paz, hasta la medianoche. O el de las niñas que limpian tumbas en los cementerios, los de los limpiadores de zapatos, los de los obreros de la caña….

¿Derecho a trabajar?

Técnicamente, Rodrigo y Deyna no deberían estar trabajando: la una porque aún no tiene 14, el otro porque en la noche sólo deberían hacerlo los mayores de 18. Pero ellos no están de acuerdo con esa ley y son parte de la UNATSBO, la Unión de Niños y Niñas Trabajadores de Bolivia. Para ellos, sacar a los menores de sus trabajos debido a su edad es tan arbitrario como poco realista. “Probablemente la gente dice que tenemos mente infantil. Pero hay adultos que tienen 21 y piensan como niños y hay niños de 13 que piensan como adultos”, afirma Rodrigo.

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La Unión de Niños y Niñas Trabajadores de Bolivia.

Efectivamente, para mucha gente en Europa y América del Norte, el término trabajo infantil evoca niños en jornadas de 12 horas en grandes empresas. La realidad de Bolivia es otra: la mayoría de los niños que trabaja lo hacen en los huertos familiares o como parte de la economía informal urbana. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “que una labor sea considerada trabajo infantil depende de la edad del menor, el tipo y las horas de trabajo, las condiciones bajo las que se realiza y los objetivos del país en cuestión”.

Protección de trabajos peligrosos y explotación

Según un estudio, en el 2008 en Bolivia había 800.000 niños y adolescentes ejerciendo una labor clasificable como trabajo infantil. De estos, 491.000 eran menores de 14 y 309.000 eran adolescentes entre los 14 y los 17 cumpliendo tareas peligrosas. Solo un pequeño porcentaje de ellos es miembro de UNATSBO.

Kinderarbeit in Bolivien

Buena parte del trabajo infantil tiene lugar en la economía urbana informal.

Esta organización opina que hay trabajos, como las minas y la cosecha de caña, que los menores no deberían realizar. La unión de menores trabajadores lucha porque el Gobierno deje de actuar con el criterio de la edad y canalice energías para proteger del abuso físico y síquico a los menores que tienen que ganar dinero.

Cuando en Bolivia se redactó la nueva Constitución, UNATSBO colaboró con el Gobierno para reemplazar la prohibición del trabajo infantil por la de la explotación de los menores. Desde entonces, sus miembros han organizado marchas exigiendo mejores salarios y condiciones laborales. La organización, apoyada por entidades internacionales, provee también a nivel local de espacios para que los menores se encuentren.

Protegerlos, no impedirles ayudar

A sus 25 años, Gladis Sarmiento –que empezó a trabajar cuando tenía cinco años vendiendo palomitas de maíz– es profesora de teatro y trabaja con niños de estratos sociales bajos. Que UNATSBO le enseñara cuáles eran sus derechos y la apoyara para exigirlos le cambió la vida. “Los menores se sienten bien en la organización. Nuestra realidad puede ser dura, pero podemos cambiarla y nos sentimos útiles en nuestros hogares y en la sociedad”, afirma.

Kinderarbeit in Bolivien

Por la protección de los menores aboga UNATSBO.

“Si la gente nos dice que no trabajemos, no les hacemos caso”, cuenta Sonia Caba Flores, que limpia tumbas en el cementerio de la ciudad. “Si hubiese suficiente trabajo para nuestros padres quizás no lo haríamos, pero no hay, así que trabajamos”, dice Sonia, que repite una palabra que todos incluyen en la explicación del porqué del trabajo infantil: necesidad. La de libros escolares, la de ayudar a la familia a pagar las cuentas, la necesidad de alimentar a los más pequeños. Y es que, a pesar de que los niveles de pobreza se han reducido en Bolivia en los últimos años, que los menores apoyen a sacar a flote a la familia sigue siendo una necesidad.

Autora: Sarah Shariari (MB)
Editor: Diego Zúñiga

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