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El Mundo

Netanyahu, entre provocación y diplomacia

La visita de Netanyahu a Alemania no se ha visto ensombrecida solo por los disturbios en Cercano Oriente. Antes de su llegada, Netanyahu provocó un pequeño escándalo que aleja aún más la paz en la región.

Seguramente, los políticos no lo tienen fácil. No pueden contar siempre la misma historia para cautivar a su audiencia, sino que de vez en cuando se les debe ocurrir algo nuevo. Como le sucedió el martes (20.10.2015) a Benjamín Netanyahu. El primer ministro israelí asistió como ponente a un congreso sionista en Jerusalén, y no es que cautivara, es que dejó al público estupefacto. Según él, no fue Hitler quien quiso exterminar a los judíos sino el líder palestino y gran muftí de Jerusalén Haj Amin al Huseini. Hitler solo quiso expulsar a los judíos, pero fue Amin al Huseini quien le incitó en 1941 a exterminarlos sistemáticamente, aseguró Netanyahu.

El primer ministro israelí no es conocido precisamente por su diplomacia, pero con esta afirmación causó honda irritación. Los políticos de todos los partidos de la oposición lo acusaron de dar la vuelta a la historia y de manía persecutoria contra los palestinos. Ayman Odeh, líder de la Lista Árabe Unida, aseguró al diario israelí Haaretz que Netanyahu no tiene inconveniente en justificar su desastrosa política utilizando como propaganda a los millones de víctimas de los crímenes nazis. “Netanyahu escribe la historia de nuevo para azuzar a los palestinos”, dijo Odeh.

Sin interés en un diálogo honesto

Si alguien creía que el primer ministro israelí tenía un interés serio en reducir la tensión entre su Gobierno y los palestinos, habrá cambiado de opinión después de oír este memorable discurso. Avi Primor, antiguo embajador israelí en Alemania, dice a Deutsche Welle que “Netanyahu no tiene interés en negociar con los palestinos. La única salida al conflicto sería el diálogo honesto, pero Netanyahu no lo hará posible”, asegura Primor.

Hitler y el líder palestino Haj Amin al Huseini en Berlín.

Hitler y el líder palestino Haj Amin al Huseini en Berlín.

Desde que comenzaran los disturbios a principios de octubre, han muerto más de 40 palestinos. Hay incidentes todos los días, en los que se producen ataques de palestinos contra civiles israelíes y soldados. El Ejército israelí bloquea calles y erige puntos de control. Incluso llegó a hablarse de levantar un muro alrededor del barrio árabe de Issaviyeh, pero este plan de Netanyahu acabó siendo desechado tras las duras críticas. Sin embargo, en las mentes de ambas partes se erigen muros cada vez más elevados.

Amargura y pérdida de confianza

Raif Hussein, presidente de la Sociedad palestino-alemana, cree que una tercera intifada es inevitable. “Los jóvenes palestinos sienten amargura y han perdido la confianza en sus líderes. La violencia y los asesinatos no han cesado y ahora sus acciones se intensifican”, dice Hussein.

Según él, se “ha abusado de forma atroz de las esperanzas de paz y convivencia pacífica con los israelíes de estos jóvenes palestinos”. También del líder Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina. En su área de influencia no florece la economía, sino la corrupción y el caos. Y, no pocas veces, él mismo ha echado más leña al fuego. “Alabamos cada gota de sangre derramada por Jerusalén”, dijo, al parecer, el pasado mes de septiembre. Después de esas palabras, un par de jóvenes palestinos arrojaron piedras sobre un auto y un israelí murió como consecuencia de ello.

¿Un encuentro sin resultados?

Avi Primor asegura a Deutsche Welle que Abás “no tiene interés en que haya terrorismo, pero lo cierto es que no cuenta con poder suficiente”. Según Primor, las milicias islamistas radicales de Hamás tienen demasiado apoyo en la sociedad. Así, la violencia, en lugar de disminuir, tiende a intensificarse. Tras la guerra en Gaza el pasado verano, que costó la vida de 67 israelíes y unos 2.000 palestinos, muchos tenían esperanzas de que la situación en Cercano Oriente se tranquilizara.

De momento, nadie quiere emitir un pronunciamiento sobre cómo denominar lo que ocurre en la región. ¿Es un levantamiento? ¿Es terrorismo? Al final, eso es quizá lo que menos importa. El daño ya está hecho y la desconfianza por ambas partes es omnipresente. En ese sentido, nada va a cambiar el encuentro entre Netanyahu y Merkel. Primor cree que ambos serán amables el uno con el otro: Israel necesita tener buena relación con Alemania. “Pero no creo que las conversaciones vayan a cambiar nada”, concluye.

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