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Política

Nadie se acuerda del Plan Marshall, sólo de Bush

Con motivo del 60 aniversario de la puesta en marcha del Plan Marshall, que impulsó el milagro económico alemán y contribuyó a la integración europea, se discuten su legado y las relaciones trasatlánticas.

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La última vez que llegó Bush a Berlín nadie recordó el Plan Marshall.


No fue puro altruismo, pero sí inteligente. En vez de imponer a Alemania severas condiciones tras la capitulación nazi -como sucedió con el tratado de paz de Versalles tras la Primera Guerra Mundial- Estados Unidos aprovechó su hegemonía para, con el Plan Marshall, preparar el escenario para la realización de grandes inversiones privadas directas en Europa provenientes de Estados Unidos. Fue en ese período cuando las grandes corporaciones estadounidenses se convirtieron en trasnacionales con creciente poder a nivel internacional.

El 5 de junio de 1947 el entonces secretario de Estado, el general George Catlett Marshall, anunció en un discurso en la Universidad de Harvard un programa de ayuda para la reconstrucción de la economía europea. El Programa para la Recuperación Europea (European Recovery Program), que adoptó el nombre de Marshall, tenía como objetivo el restaurar la confianza de la población, después de la guerra, en el futuro de sus países y del Viejo Continente. Se tenía la certeza de que esto era una precondición esencial para la reactivación de la economía mundial, y un importante garante de paz y estabilidad a largo plazo en la región.

Bienestar único en Europa

George C. Marshal

George C. Marshall, retrato a la acuarela.

La ayuda fue ofrecida a los países europeos, incluida la Unión Soviética, pero Stalin declinó toda participación en el programa y prohibió a los países bajo su influencia recibir ayuda alguna. El programa inició con 16 países que fundaron la Organización para la Cooperación Económica Europea, que recibieron durante cuatro años un total de 14 mil millones de dólares, equivalentes a 120 mil millones de dólares hoy en día. La inyección financiera y material condujo a un bienestar único en Europa Occidental. Fue la piedra angular de la integración europea y un puente que estrechó la cooperación trasatlántica que sigue teniendo vigencia aún después del colapso de la Unión Soviética.

El Plan Marshall se ha convertido en un término propio que se aplica a otras iniciativas, que emulan uno de los grandes éxitos de la política exterior estadounidense. Con motivo del 60 aniversario desde que fuera puesto en marcha, la canciller alemana, Angela Merkel, lo elogió como una contribución histórica y fundamento de la comunidad trasatlántica y de las relaciones bilaterales. En la Academia de Berlín, fundada por Henry Kissinger tras la Guerra Fría para fortalecer las relaciones bilaterales, la jefa de gobierno inauguró una ceremonia conmemorativa junto con el ex -embajador de Estados Unidos en Alemania Richard C. Holbrooke.

Angela Merkel in Washington USA George Bush

Angela Merkel ha restaurado las deterioradas relaciones que dejó su predecesor con la Casa Blanca.

Antiamericanismo en Europa

Sin embargo más allá de las simpatías que sigue despertando Estados Unidos, sobre todo en la población de jubilados berlinesa, que recuerdan con gratitud el puente aéreo sobre Berlín que salvó su niñez del bloqueo soviético, en el resto de los alemanes impera el escepticismo frente a la gran potencia. La simpatía y el agradecimiento generado por el Plan Marshall ha dado paso a un nuevo antiamericanismo en Europa. No sólo los alemanes se han vuelto desconfiados. Desde el 2002 cuando Bush planeó su ofensiva en Irak para derrocar a Sadam Husein, la opinión pública alemana desaprobó la ofensiva, los partidos políticos se opusieron a seguir una política bélica en aras de preservar el estatus de aliado. “Alemania no está para aventuras”, dijo el entonces canciller Gerhard Schröder en plena campaña electoral, lo que le valió su reelección.

Aunque la división trasatlántica provocada por la guerra de Irak ha sido superada, sobre todo desde la llegada de la canciller Merkel, el recelo en la población prevalece. Una encuesta realizada hace unos meses preguntó a los alemanes sobre las amenazas a la paz mundial. Un 50% de los encuestados dijo que Estados Unidos es más peligroso para la estabilidad en el mundo que Irán.

Un programa radial recordó este fin de semana el Plan Marshall y preguntaba a los peatones en Colonia sobre su opinión. Lo que se escuchó iba desde un anti-americanismo disfrazado de “relación conflictiva entre padre-hijo”, en el que Alemania era el adolescente rebelde que quería practicar su propia política exterior sin tutela paterna. Otros tuvieron posturas más claras: el colapso del equilibrio este-oeste dejó a Estados Unidos como única superpotencia libre para intervenir en donde vea amenazados sus intereses. No faltó quien vio la llegada de Bush a la Casa Blanca y su apoyo unilateral hacia Israel en el conflicto en el Medio Oriente, como un combustible a los sentimientos anti-estadounidenses en el mundo musulmán que ha provocado el surgimiento de un islamismo militante y terrorista.

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