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Música fácil para las masas: de la opereta a Eurovisión

Augusto Valente/ lbm23 de mayo de 2008

Una exposición en Bonn y el Festival de Eurovisión en Belgrado celebran el gusto europeo por la música popular de canciones pegadizas y letras de amor. ¿Anticuada, alienada, de bajo nivel? Quizás, pero aún latente

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Disco de Roy Blaeck: una exposición en Bonn repasa la historia de la música popular en Alemania.Imagen: AP

Julio Iglesias, Raphael, Perales. Los alemanes también tienen sus equivalentes y cuentan además con un término para definir este estilo musical: schlager. Quien ama el schlager lo reconoce de inmediato. Quien lo odia también.

Difícil resulta la simple definición de quién es o qué es un schlager. En español falta incluso la palabra misma. En alemán procede del verbo “einschlagen”, que significa algo así como “imponerse de inmediato”, “llegar para vencer”. La raíz de este término es otro verbo: “schlagen”, es decir, “golpe”, análogo por lo tanto al “hit” anglosajón.

Y, en cualquier caso, ni sus enemigos pueden negar que el hoy despreciado schlager fue en su día, y es todavía a veces, un éxito. Bajo el título “Melodías para millones- El siglo del schlager”, la Casa de la Historia de Bonn hace un repaso por los rincones más íntimos del alma musical germana.

El origen en la opereta

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Los presentadores alemanes Florian Silbereisen (izq.) y Dieter Thomas Heck, frente a un cartel de "Melodías para Millones".Imagen: picture-alliance / dpa

El schlager requiere de una melodía fácil, contagiosa, y de letras que hablan, por lo general aunque no sólo, de amor, de relaciones o de las penas que éstas acarrean. Como el llamado easy listening estadounidense, la tendencia al sentimentalismo convierte al schlager en digerible para el gran público.

Por otro lado, el secreto de su supervivencia reside en saber adaptarse rápidamente a los gustos de cada época, asimilando las influencias del country, el folclore nacional e incluso elementos del jazz light. Como reza la presentación de la exposición de Bonn: “el schlager refleja las transformaciones en la sociedad y en la mentalidad, y reacciona a las corrientes políticas y sociales”. “El schlager transporta emociones, pero también el espíritu de su época”, explica Hanno Sowade, uno de los organizadores del evento.

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Los cantantes Jürgen Drews (izq.) y Heino, en Bonn.Imagen: picture-alliance / dpa

Los primeros schlager proceden de Viena: son melodías extraídas de las operetas que dan el salto (“schlagen ein”) al resto de Europa en el siglo XIX. La repercusión de este fenómeno de masas dependerá absolutamente del desarrollo de los medios de difusión: de la radio, el cine y los discos.

La Casa de la Historia de Bonn guía al visitante a través de los hits alemanes desde la República de Weimar hasta nuestros días.

Un milagro

El régimen nazi, con su infalible ojo para la manipulación de las masas, reconoció pronto el potencial del schlager e hizo uso de él en pro de la estabilidad y la glorificación del sistema. Al mismo tiempo, los protagonistas judíos del género, como el compositor Werner Heymann y el autor Robert Gilbert, o tres de los integrantes del grupo Comedian Harmonists, tuvieron que abandonar el país.

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Zarah Leander.Imagen: picture-alliance / akg-images

En la década de los 40, otro autor, Bruno Balz, fue detenido por la Gestapo, acusado de homosexualidad. La cantante Zarah Leander y el compositor Michael Jary, sin embargo, no tenían inconveniente en dejarse ver junto al ministro de propaganda, Joseph Goebbels. Con la excusa de que los textos de Balz eran imprescindibles para poner música a la película Die grosse Liebe (El gran amor), protagonizada por Leander y financiada por el nacionalsocialismo, el escritor fue liberado.

El título de una de las canciones de este musical de 1942 suena casi surrealista en el contexto de la II Guerra Mundial: Ich weiss, es wird einmal ein Wunder geschehen, es decir, “sé que un día sucederá un milagro”. Para Leander será éste uno de los mayores éxitos de su vida.

Del comunismo al ocaso del schlager. ¡Siga leyendo!

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La larga historia del "schlager": desde Weimar hasta hoy.Imagen: AP

Instrumento de alienación

Años más tarde, el régimen comunista de la República Democrática Alemana utilizará al schlager para poner freno a la influencia de la música occidental en su zona. El objetivo era crear un “schlager socialista”.

El fenómeno ocupa a los intelectuales liberales durante la década de los 60. En su Introducción a la sociología de la música, de 1962, el filósofo Theodor Adorno critica: “el schlager proporciona a aquellos que están atrapados entre la actividad y la reproducción de la fuerza de trabajo un sustituto para los sentimientos que su época les prescribe que deberían tener”.

Pero no fue la revelación de su contenido alienador lo que precipitó el ocaso de esta música. En los años 60 aparecerán fenómenos como los Beatles, y se iniciará la globalización de la industria musical.

Pérdida de estatus

El modelo anglosajón se impone con fuerza (beat, pop, rock), ocupando el lugar de los schlager en los primeros puestos de las listas de éxitos alemanas. Paralelamente, intérpretes extranjeros, y residentes en sus países de origen, como Petula Clark, Adamo, Rita Pavone, Milva, entre otros muchos, invaden el mercado germano cantando en alemán.

Udo Jürgens
Udo Jürgens.Imagen: Sony/BMG

Lejos de extinguirse, el schlager alemán pierde, sin embargo, buena parte de su estatus sociocultural: casi por consenso nacional pasa a ser considerado como una música de calidad inferior, para gente, en el mejor de los casos, conservadora.

En los 70, el cantautor Udo Jürgens despierta con sus textos, cargados de crítica social, una fugaz esperanza. Pero los años siguientes testimoniarán tanto una oleada de canciones poco inteligentes, denominadas blödelschlager, “schlager tonto”, como el triunfo de la Neue Deutsche Welle de Falco, Nena y compañía: inicios de una crisis, o los estertores finales del schlager.

Celebrando Eurovisión

Vorentscheid für Eurovision Song Contest - Texas Lightning
Texas Lightning, representante alemán en Eurovisión en 2006.Imagen: picture-alliance/dpa

En Bonn, “Melodías para las millones” se concentra casi en exclusiva en la historia alemana de este género. Pero en realidad, este fenómeno es, en primer lugar, un fenómeno europeo presente desde Yugoslavia hasta Finlandia, pasando por Suiza, Austria, los países de la ex Unión Soviética o Suecia, donde el término germano schlager es también común.

Para quien pudiera temer por la salud de la light music europea en el siglo XXI, basta con recordar el éxito internacional del belga Helmut Lotti o de la indestructible Mirelle Matthieu. O seguir la edición anual del Festival de Eurovisón, que tendrá lugar este 24 de mayo en Belgrado.

La paleta es amplia: abarca desde baladas sentimentales, canciones absurdas, simples, hasta euro-soul, turco-pop o pseudo hip-hop, todo debidamente acompañado de coloridos focos, blanco humo, ventiladores y fuegos artificiales. El llamado Grand Prix de la Chanson es, ante todo, una forma de celebrar el schlager contemporáneo. Vivo o muerto.