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Sociedad

Murió Severiano Ballesteros, el genio que cambió la imagen del golf

Fue el mayor obstáculo de su vida, mucho más poderoso que los búnkers que eludía en sus años de gloria. Luchó, como siempre, pero Severiano Ballesteros debió rendirse, a los 54 años, a un tumor cerebral.

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Spanien Golf Seve Ballesteros

"Durante toda mi carrera he sido uno de los mejores salvando obstáculos en los campos de golf. Y ahora quiero ser el mejor afrontando el partido más difícil de mi vida, con todas mis fuerzas", dijo el 12 de octubre de 2008, cuando el mítico ex golfista reconoció públicamente la enfermedad que lo afectaba. Tenía, alojados en su cerebro, dos tumores malignos. "Del tamaño de dos pelotas de golf", dijeron los médicos.

Ballesteros, nacido el 9 de abril de 1957, fue uno de esos escasos elegidos que cambian la vida deportiva de un país; uno de los cuatro o cinco nombres fundamentales que reescribieron la historia y le dieron peso mundial del deporte español.

Su sorprendente éxito en el Abierto Británico de 1979 y al año siguiente en Augusta lo convirtieron en un personaje altamente influyente en el "planeta golf". Tanto, que cambió la historia de su deporte.

"No sólo cambió el juego -escribió "The Observer" en 2007 en un artículo de homenaje por su cumpleaños número 50-; su papel en la resurrección de la Copa Ryder y la gran influencia de su presencia y sus éxitos llevaron a otros golfistas europeos a creer que ellos también eran capaces de competir con éxito en Estados Unidos".

"Ballesteros tiene serio derecho a ser considerado el golfista de mayor talento natural que haya jugado este deporte", aseguró en su momento "The Sydney Morning Herald", que recuerda al español jugando alguna vez nueve hoyos en La Manga para terminar uno bajo par. Con un detalle importante: "Seve" había hecho el recorrido de rodillas.

El golf profesional se convirtió para él en pasado definitivo desde julio de 2007, cuando se convenció definitivamente de que no podía volver a lanzar la pelota con la maestría con que lo hizo en su juventud.

El tiempo no perdona tampoco a una gloria

"En los '80, para jugadores potentes como Ballesteros el búnker era una irrelevancia. Hoy lo sigue siendo, porque ni siquiera llega a él", escribió con cierta crueldad "The Observer" acerca de la trampa de arena ubicada a mitad de camino del hoyo 1 en el Augusta National, un búnker que marcó las diferencias entre el Ballesteros pletórico y el de la decadencia.

Porque el golf moderno y el tiempo no perdonaron ni siquiera a una gloria como "Seve", que en abril de 2007 se despidió del Augusta National con una tarjeta de 80 golpes. Sumados a los 86 de la primera vuelta terminó último, 96 entre 96 participantes.

Indigno final para un genio del golf moderno al que los dolores de espalda arruinaron el tramo final de una carrera en la que conquistó cinco "Majors" y un total de 50 torneos en el circuito europeo.

Número uno del mundo durante 61 semanas, fue el primer jugador de la Europa continental en incorporarse al equipo de la Copa Ryder. La decadencia llegó impiadosa y definitiva en la última década: su último título fue el Abierto de España de 1995, y el último corte clasificatorio que logró superar se remontaba a 2003.

"Mi victoria es haber vuelto", alegó Ballesteros en 2007, cuando aún soñaba con mantenerse en el circuito.

Pero todo le estaba saliendo mal. En marzo de 2007 murió Fátima, su novia, en un accidente de tráfico. Tenía 29 años. Separado desde 2005 de Carmen Botín, hija de un poderoso banquero español, Ballesteros estaba rehaciendo su vida, y creía que también su golf.

Un aura de ganador

Sus dos Masters y tres Abiertos Británicos le dieron un aura de ganador, tan sólida como su carácter no precisamente afable, que lo llevó a ser más ídolo en el mundo anglosajón que en España.

El proyecto de jugar en el circuito de veteranos fracasó, debió cerrar su empresa de construcción de campos de golf y se ganó nuevos enemigos con la publicación, en abril de 2007, de su autobiografía.

"El golfista más creativo que he visto", dijo de "Seve" alguna vez Tiger Woods, por entonces número uno del mundo. Una creatividad imprescindible para un hombre que surgió de un entorno muy humilde, se hizo "caddie" en el exclusivo club de golf de Pedreña -una pequeña villa al sur de Santander- y, gracias al hierro tres que le regaló su hermano, amó al golf como pocos.

Volver a Augusta fue imposible, pero el propio Ballesteros había dejado ya implícito en los días de su 50 cumpleaños que apuntaba a otros logros tan o más importantes, logros que pasaban por sus tres hijos.

Logros que no pudo cumplir: "Sólo quiero que mi familia sea feliz y que tenga buena salud. Acompañar a mis hijos y ayudarles a que sigan mejorando y lleguen a lo más alto. Quizá un día pueda llevarles yo la bolsa en el Masters".

dpa
Editor: Pablo Kummetz