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Ciencia y Ecología

Misión científica espacial D1: recuerdos de un astronauta

La misión espacial D1, que despegó hace 30 años en el Challenger, fue un episodio fundamental en la historia de la investigación espacial europea. Participó en ella Ernst Messerschmid, con quien DW habló.

Deutsche Welle: ¿Qué metas perseguía la NASA con el transbordador espacial?

Ernst Messerschmid: La era de los transbordadores espaciales comenzó justo después de que la NASA anunciara su intención de terminar de manera temprana el programa especial Apolo, así como dejar a un lado el cohete espacial Saturno V. Se concentraría la atención en la órbita terrestre baja, a fin de instalar ahí una estación espacial y experimentar nuevas tecnologías.

¿Cómo era el ambiente en esos días?

Fue una época emocionante, y no solo para los astronautas. En 1981 despegó por primera vez el transbordador espacial. Dos años más tarde fui seleccionado para formar parte de la Misión D1. En 1985 yo mismo volé en el transbordador especial. Fuimos seleccionados según los mismos criterios que los astronautas estadounidenses del programa Apolo. Se quería evitar cualquier posibilidad de error, así como el tener que prescindir de alguno de los astronautas en etapas avanzadas de una misión. Más adelante se relajaron los criterios, sobre todo en lo que concierne a invitados en las misiones espaciales. Aunque en mis tiempos también se invitó por ejemplo al príncipe saudí, quien estuvo a bordo durante la puesta en órbita de un satélite de su país.

El equipo de la misión espacial STS-61A, que despegó el 30 de octubre de 1985. Fue el último vuelo exitoso del transbordador espacial Challenger

El equipo de la misión espacial STS-61A, que despegó el 30 de octubre de 1985. Fue el último vuelo exitoso del transbordador espacial Challenger

Para las nuevas misiones, la NASA debió colaborar con astronautas internacionales. Luego de la Agencia Espacial Europea (ESA), los alemanes fuimos los primeros extranjeros en participar con astronautas propios.

Hasta ese momento, la NASA había tenido una época muy exitosa en cuanto a los vuelos espaciales tripulados. Todos los astronautas del programa Apolo regresaron sanos y salvos a tierra. No me hubiera podido imaginar que precisamente mi nave espacial explotaría en la próxima misión, el 28 de enero de 1986, a solo 72 segundos de haber despegado. Este acontecimiento cambió toda la perspectiva del programa del transbordador espacial. Pudo verse que el aparato era difícil para volar. Esto llevó a que la NASA decidiera utilizar el transbordador especial solo en misiones para las cuales es absolutamente imprescindible la intervención de astronautas.

¿Se subestimaron los riesgos?

Antes ya habían muerto algunos astronautas. Del lado estadounidense no falleció ninguno durante las misiones espaciales, pero sí durante los entrenamientos. También los rusos tuvieron bajas: cuatro cosmonautas que durante la misión o poco antes del aterrizaje perdieron la vida. Sobre todo al inicio, la mayoría de las muertes se daba en la fase de entrenamiento o durante los vuelos de instrucción.

Uno de los argumentos para terminar con las misiones espaciales de mayor alcance fue la certidumbre de que un riesgo de dos por ciento por astronauta y por vuelo, era demasiado grande, por lo menos en lo que respecta a misiones en la órbita baja de la Tierra. Si se decide volar de nuevo a la Luna o más allá, el margen de riesgo, que si duda sería más grande, deberá ser discutido de nuevo. Quizá sea necesaria una comisión ética para definir cuáles son los límites de lo posible.

¿Cómo vivió el despegue de la nave?

Más o menos una hora antes del despegue, desaparecen todos los que están alrededor de los astronautas. Los vimos irse en un vehículo hasta una distancia aproximada de cinco kilómetros. Entonces te queda claro que se trata de una tarea peligrosa con una masa de despegue que en un 95 por ciento está compuesta de combustibles altamente explosivos. Uno oye el silbido de los gases que están a punto de ser inflamados.

Los científicos del Spacelab trabajaron incansablemente en los experimentos con la ingravidez

Los científicos del Spacelab trabajaron incansablemente en los experimentos con la ingravidez

Cuando el impulso inicial se ha completado en un 98 por ciento, la nave se despega de la plataforma. Sientes como una patada en el trasero que no amaina sino hasta luego de ocho minutos. El gran momento es cuando se encienden los cohetes con el combustible. Entonces tú sabes que te encuentras en la fase más peligrosa, luego de más o menos dos minutos y medio.

¿Cuál es la trascendencia del laboratorio espacial Spacelab?

EL Spacelab fue la puerta de entrada de Europa en los vuelos especiales con tripulación. Nosotros desarrollamos este laboratorio junto con los estadounidenses. Pero con el Spacelab cambió todo el perfil profesional de los astronautas. Ya no solo viajábamos como pilotos, sino en primer lugar como científicos que utilizábamos las condiciones en el espacio para investigar, por ejemplo, la ingravidez. Sin el laboratorio espacial, la comunidad científica, por lo menos en Europa, no hubiera estado tan motivada para apoyar la construcción y el funcionamiento de una estación espacial como la que tenemos ahora.

De 1982 a 1986, Ernst Messerschmid formó parte del equipo de astronautas alemanes. En 1985 participó en la primera misión del laboratorio especial D1, parte de la misión STS-61A. Desde el fin de su carrera como astronauta se dedica a la docencia y al trabajo cientifico en el Instituto para los Sistemas Espaciales de Stuttgart.

Entrevista realizada por Cornelia Borrmann

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