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Así es Alemania

Mini-universitarios: investigar desde la cuna

¿En pañales a la universidad? Un innovador concepto de la Universidad de Hohenheim abre un mundo de posibilidades a los pequeños ávidos de descubrir el mundo... y a sus padres, de la comunidad científica.

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"¿Qué será la teoría de la relatividad? ..."

¿Por qué el agua moja? ¿Por qué los perros ladran? ¿Por qué se oscurece en la noche? La “edad de los porqués” suele sacar de quicio hasta al más abnegado de los adultos. Pero aún antes de que la avidez de conocer al mundo se manifieste en la taladrante pregunta, los niños ya están descubriendo e investigando todo lo que los rodea, a veces con una osadía que pone a temblar a madres, padres o quienquiera que esté a su cargo.

Esa infinita curiosidad de los primeros años puede rendir luego frutos especialmente provechosos. Así lo estiman los impulsores de la “Casa del pequeño investigador”, una iniciativa de fundaciones científicas y empresas privadas, patrocinada por la ministra germano federal de Investigación, Anette Schavan.

El pequeño investigador

Al alero de la Universidad de Hohenheim, el proyecto se hace ahora extensivo a los más pequeños, de entre 0 y 3 años de edad, con la guardería infantil Kleinstein. Nunca es demasiado temprano para incentivar las ganas de aprender. Claro está que hay un momento oportuno para cada cosa, y eso es algo que los encargados tienen muy presente. Pero, apenas se puede, comienza la aventura de descubrir la naturaleza y, de paso, los principios básicos de las ciencias naturales.

En la “Casa del pequeño investigador” se recurre a elementos que forman parte del día a día infantil. Todos los niños han visto llover o han observado como el agua hierve y empaña los vidrios de la ventana. “Estos fenómenos son marcos de referencia para experimentos científicos simples, que ponen de manifiesto procesos que los párvulos quizá ya habían descubierto”, explica la Dra. Christiane Bode, encargada de la igualdad de condiciones para hombres y mujeres en la Universidad de Hohenheim.

Certificado de aptitud familiar

La iniciativa de la sala cuna y la guardería no sólo pretende fomentar los talentos de eventuales futuros Premios Nobel, sino facilitar a las madres seguir adelante con su carrera. Por así decirlo, se matan dos pájaros de un tiro o, para expresarlo en términos menos sanguinarios, se fertilizan dos terrenos con el mismo salitre.

Pero aún hay más apoyo: también se dispone de un “cuerpo de bomberos” que salen al rescate cuando por alguna causa falla el sistema habitual y los padres no saben con quién dejar a los nenes. No en vano, la Universidad de Honenheim es la primera en Alemania que obtiene un certificado de “aptitud familiar”.

No se trata sólo de un caso de filantropía o de especial amor a los infantes. “La atención de los niños y las ofertas educativas para los pequeños tienen cada vez más importancia estratégica para nosotros”, afirma el rector de la universidad. La lucha por los mejores cerebros del área científica se libra enconadamente y, al margen de criterios de excelencia académica, también inciden a la hora de optar por un centro universitario otros factores, como las posibilidades de compatibilizar familia y profesión.

Como dice la Dra. Bode, “en la competencia internacional, Alemania no puede darse el lujo de que las madres y padres jóvenes tengan que interrumpir su carrera o sus investigaciones porque no encuentran con quién dejar a los niños”.

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