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Europa al día

“Mientras una sociedad calle, la reconciliación no puede tener lugar”

En 1936 empezó en España una guerra civil que acabaría el 1 de abril de 1939, hace ahora 70 años. ¿Qué secuelas deja un conflicto en una sociedad? DW-WORLD le preguntó a Sabine Kurtenbach, experta en procesos de paz.

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Las huellas de la guerra no se borran sólo con el tiempo.

Las marcas que la violencia deja a su paso las ha podido observar Sabine Kurtenbach en sociedades muy diferentes. En Guatemala, en Chile, en Colombia, en Camboya. Y también en España. Kurtenbach ha trabajado como asesora en diversos procesos de paz y ha sido miembro, entre otros, del Instituto de Desarrollo y Paz de la Universidad de Duisburgo (INEF) y del Instituto Estudios Iberoamericanos del Centro de Estudios Globales (GIGA), con sede en Hamburgo.

Las transformaciones que los conflictos provocan en los colectivos humanos son una de las especialidades de esta científica. En el 70° aniversario del final de una de las guerras que más ha determinado la historia de España, Kurtenbach nos habla de las consecuencias de la violencia, de la revisión del pasado y de las posibilidades de reconciliación.

Spanien Bürgerkrieg Bevölkerung sucht Schutz für Bomben in Bilbao

Mujeres trantan de ponerse a salvo en Bilbao (1937).

DW-WORLD: ¿Qué secuelas deja una guerra en una sociedad?

Sabine Kurtenbach: La guerra es un sistema social complejo que influye en los más diversos ámbitos de una sociedad. Las consecuencias de una guerra dependen, por un lado, de dónde residan sus raíces: si sus motivos fueron económicos, políticos o estaban relacionados con la convivencia en general, las diferencias en el sistema de valores, etc.

Además, las fisuras que deja un conflicto tienen que ver con el grado de violencia ejercida; con el modo en que se aplicó esa violencia- ¿fue general o contra grupos concretos?-; y del tipo de violencia vivida- ¿se practicaron actos de violencia, aprovechando la situación de guerra, que estaban completamente al margen de las razones que motivaron el conflicto, como por ejemplo, la violencia sexual que se dio en los Balcanes?-.

Y, por último, también juega un papel importante el modo en que finaliza una guerra. Si dentro de una misma sociedad una parte se proclama vencedora, como sucedió en la Guerra Civil española, la otra parte cuenta con posibilidades limitadas de asimilar lo sucedido porque lo que prevalece es la verdad de los ganadores, la justicia de los ganadores y son los ganadores quienes escriben la historia. Si el fin del conflicto es negociado, a los implicados les resulta más fácil enfrentarse a sus consecuencias.

Y cuando la guerra es civil, ¿son las heridas más profundas?

La diferencia entre una guerra entre Estados y una guerra civil es que, si no se produce una secesión, esta última obliga a las partes del conflicto a convivir. Lo difícil que resulta superar las consecuencias de una guerra internacional lo podemos comprobar todavía hoy en la discusión en torno a las relaciones germano-polacas, en las que aún influyen los estereotipos y la herencia de la II Guerra Mundial. Si los contrincantes están, además, dentro de una misma unidad territorial, la situación se complica aún más porque no les queda otro remedio que acordar algunos puntos mínimos de entendimiento.

¿Tiene una sociedad que enfrentarse a su pasado, si quiere superarlo?

Spanien Bürgerkrieg Waisen vor Haustür

A menudo, los niños que vivieron la guerra conservan sus traumas hasta la vejez.

Puede que en una sociedad reine el consenso de que el pasado no es relevante: resulta interesante observar como en Camboya no están siendo tanto los camboyanos, sino la comunidad internacional, quien fuerza a tratar lo acontecido durante el régimen de los jeremes rojos.

Eso significa, por un lado, que con la extendida idea de que los crímenes contra la humanidad no conocen fronteras, hoy en día a una sociedad le resulta muy difícil ignorar los capítulos negros de su historia: si no inicia ella misma el proceso de revisión, serán otros quienes lo hagan. Pero aparte de eso, enfrentarse al pasado es necesario porque la historia no desaparece. La historia es parte del presente de una sociedad. No existe la ruptura total y año cero. Sin la Guerra Civil y sin la II Guerra Mundial, España y Alemania serían hoy países muy diferentes: esos hechos los marcan todavía hoy y no pueden ser borrados.

Y otra cuestión a tener en cuenta es que toda sociedad trata de ponerle coto a la violencia, restringirla a determinados ámbitos (ya sea al monopolio de su uso por parte del Estado o su aceptación en algunos casos, como el de la defensa propia). Si paso por alto violaciones graves de los derechos humanos, resulta muy difícil explicarle a la siguiente generación por qué la violencia tiene límites.

“No me extraña en absoluto que en España haya tenido que pasar tanto tiempo antes de que se pudieran tratar la Guerra Civil y la dictadura franquista.” ¡Siga leyendo!

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