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Ciudades y Rutas

Mi pariente, el cavernícola

Científicos probaron que dos habitantes de un poblado actual de Alemania son descendientes de un hombre de las cavernas que vivió en la misma región hace 3.000 años.

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Manfred Huchthausen (izq.) y la reconstrucción de uno de sus antepasados.

Los investigadores, científicos de la Universidad de Gotinga, compararon las muestras de ADN de los huesos de un esqueleto que se encontró en una cueva las montañas de Harz, en la región central de Alemania, con la de dos hombres de edad mediana del poblado próximo de Nienstedt.

Los dos hombres, Manfred Huchthausen, un maestro de 58 años y Uwe Lange, agrimensor diez años menor, se conocían sólo de vista hasta que hace dos semanas los científicos les contaron que eran parientes y descendientes de un mismo hombre que vivió 120 generaciones atrás.

"Jugábamos en estas cuevas de niños," dijo Lange. "Pero no me habría atrevido a entrar si hubiera sabido que mi tatara-tatara-tatara lo que sea estaba enterrado por acá".

En la cueva, parte de un laberinto de cavernas en las montañas de Harz, próxima a la ciudad de Osteroda, se encontraron 40 esqueletos paleolíticos, junto con elementos funerarios y rituales.

Escenario de cuentos y leyendas

Harz

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Hasta hace poco, se pensaba que lo inhóspito del terreno había impedido toda habitación humana hasta cerca del año 1.000. Pero en 1980, los investigadores de Gotinga descubrieron 40 esqueletos en las cuevas. Las pruebas de carbono mostraron que los restos tenían 3.000 años de antigüedad.

Algunos esqueletos estaban cubiertos con calcio, producto del goteo de agua que durante milenios formó también las estalactitas de las cuevas. El calcio preservó la estructura molecular de los huesos, explicó la antropóloga Susanne Hummel en declaraciones que reproducen varios medios alemanes.

En 2007, Hummel consiguió extraer material genético del hueso de la mandíbula y de los molares de los restos de un adulto.

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