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Alemania

Merkel: el otoño de la 'patriarca'

'Merkelear' es como algunos llaman su estilo de hacer política: dejar pasar las cosas. Justamente en este año de aniversario se decide el futuro de la canciller, cree Volker Wagener.

El balance de una década de gobierno de Angela Merkel parecía estar ya escrito: unos la adoran por su estilo, mientras otros reconocen a regañadientes su exitoso tiempo en el poder. Pero este año todo parece diferente. ¿Dónde quedan las políticas de silenciosas acciones y decisiones tardías de Merkel?

Merkel dará nombre a una era, pues hace mucho tiempo que ha vivido el apogeo de su poder, de su prestigio y su autoridad. No solo los griegos la han sufrido, también el partido socialdemócrata alemán (SPD), por no hablar de todos los machos alfa de su propio partido.

Su poder se desmorona con su irrestricta política de puertas abiertas

En momentos en que Merkel se encontraba en la cumbre del poder, empezaron a llegar en masa los refugiados de las guerras en Siria, Irak y África. Cientos de miles declararon a Alemania la tierra prometida. Y Merkel aseguró: "¡Podemos lograrlo!", además de afirmar que "el derecho de asilo no tiene límites". Desde septiembre empero, el ambiente ha cambiado. Mientras unos le siguen dando la bienvenida a los refugiados, otros gruñen en silencio.

Entretanto, en la coalición de Merkel se lleva a cabo un “levantamiento” no oficial. Lo único que les falta es un cabecilla. ¡Cómo cambian las cosas! Merkel que asumía una postura casi presidencial, declarada varias veces como la mujer más poderosa del mundo y que tenía rendida a sus pies hasta a la oposición, ve ahora erosionada su autoridad. ¿Es este el fin de su cuento de hadas político?

Los primeros años de la canciller no fueron nada espectaculares. Todo lo contrario. La política de Merkel tenía un efecto somnífero. Sin rivales naturales, dirigía sus cambiantes coaliciones, prácticamente, sin que nadie discutiera sus decisiones. Su fama creció no por lo que hacía, sino por la forma como lo hacía: primero esperar en silencio, para luego sumarse a las mayorías.

Volker Wagener, de DW.

Volker Wagener, de DW.

Merkel limó a su partido conservador las asperezas, haciendo del socialdemócrata un partido de difusa similitud al suyo. Merkel se convirtió en la líder no oficial de la sociedad alemana del consenso. En resumen, la política bajo Merkel se tornó aburrida, pero muy tranquilizadora.

En Merkel confían hasta los izquierdistas alternativos. Ella domina el arte de las formulaciones vagas e imprecisas. Pero su equilibrio casi budista consigo misma, su partido y los electores se ha ido al traste con su decisión de abrir las puertas a cientos de miles de refugiados.

¿El otoño de la matriarca?

La estrategia de Merkel de congelar los problemas no funciona en el caso de los refugiados. Hasta ahora, su mayor activo eran los errores de los demás. Ahora es ella la que se ha equivocado. Y tendrá que gobernar poniendo a prueba todas sus capacidades.

Ahora es el momento de enfrentarse también a los problemas internos, que antes dejaba casi en exclusiva a los socialdemócratas, mientras ella brillaba en escenarios internacionales. Eso se acabó. Merkel tendrá que explicarle al país cómo es que va solucionar los problemas. Acoger a más de un millón de refugiados en pocos meses no es una simple nota en la agenda política. ¿Tiene un plan? Si no, todo será posible: dimisión, nuevas elecciones... Y pensar que ya hace tiempo que había decidido presentarse a la reelección en 2017. Pero eso fue antes de que los refugiados se cruzaran en su camino.

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