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Alemania

“Merece la pena luchar contra la pobreza infantil“

¿Tus padres, tu futuro? En Alemania los padres influyen mucho en la educación y futuro de los hijos. Para el economista Stefan Sell, hay poca visión política y se ahorra donde no toca.

DW: Uno de cada siete niños vive en Alemania de la ayuda social Harz IV. Son más de 1,5 millones de jóvenes menores de 15 años y las cifras van en aumento, a pesar de que la economía alemana va bien… ¿Qué significa para los niños vivir del la ayuda social?

Stefan Sell: Significa crecer en una situación calificada como pobreza infantil, algo que no es del todo correcto porque en realidad se trata de la pobreza de los padres. Lo que reciben los niños del sistema de ayudas sociales Hartz IV es un cálculo muy justo para que nadie pase hambre, pero tampoco permite una participación completa en nuestra sociedad.

¿Qué les falta a estos niños?

Por ejemplo, la escuela. Ir a la escuela no cuesta dinero, pero ¿cómo van a costear los padres otras cosas como poder asistir al baile de graduación? Para los que están en buena situación económica no es problema, pero los que viven de la ayuda social no pueden participar.

Stefan Sell, profesor de la Universidad de Coblenza (Alemania).

Stefan Sell, profesor de la Universidad de Coblenza (Alemania).

Además, los que reciben ayudas sociales viven frecuentemente en espacios reducidos y barrios donde hay mucha gente en la misma situación. Frecuentemente, con muchos inmigrantes. Por eso tienen menos posibilidades que en un entorno de familia media. También hay muchos niños cuyos padres superean por poco la barrera de la pobreza y, aunque no entren dentro de la ayuda social, tienen que pelear por cada céntimo. Por eso, en realidad el grupo de niños afectados por la pobreza es mayor.

En Alemania hay ayudas infantiles y programas de apoyo para las familias con niños. ¿Qué es lo que no funciona?

Tenemos un problema con las prestaciones familiares. 625.000 madres solteras con hijos reciben ayudas sociales, pero no tienen otras prestaciones. Muchos de los beneficios para la familia se aplican en función del matrimonio, como en el caso de la comunidad de bienes. Y las parejas de ingresos medios se benefician aunque no tengan hijos. Por eso hay una distribución desigual.

También hay decir que en Baviera solo el 7% de los niños recibe ayuda social y en Baden-Württemberg el 8,5%, pero en Berlín o Bremen son casi uno de cada tres. En estas zonas problemáticas las escuelas y guarderías deberían estar mejor equipadas que en los barrios de clase media para compensar la desventaja. Pero no es así.

Los agentes sociales critican y exigen unas prestaciones mínimas de entre 250 y 300 euros por mes para la infancia. La ministra de Trabajo, Andrea Nahles, lo ve con escepticismo y piensa que la clave para luchar contra la pobreza es que los padres trabajen. ¿Tiene razón?

La verdad sería un término medio. No aconsejo que se aprueben unas prestaciones básicas mínimas para los que tienen menos ingresos. La relación entre los ingresos y participación social es importante. Y las prestaciones actuales son muy bajas por razones políticas, para ahorrar en los presupuestos.

Apoyaría que se aumentasen las prestaciones, pero sería suficiente. Sí ayuda que los padres recuperen la capacidad de trabajar, y también que las guarderías estuviesen mejor equipadas que la de clase media. Hay que mejorar las oportunidades de estos niños y trabajar en ambos sentidos

Los agentes sociales piden justicia y usted, como economista, busca resultados. ¿Qué pasa si se ignora la pobreza infantil?

Sería terrible. Tras largos años de estudios sabemos que un aumento de la pobreza genera consecuencias para toda la vida. Aunque tengan el mismo potencial que otros, estos niños parten de una posición en desventaja y serán más propensos a caer en situaciones difíciles como el desempleo. Esto está relacionado con la herencia que se recibe de esa pobreza. El mayor escándalo sociopolítico es que aparezcan esos costes, que no entran en los balances de los decisores políticos. Solo ven el gasto que supone emplear a más educadores y profesores. Pero el efecto que eso tendría –también cuantificable en dinero- se vería en un futuro.

Entonces, económicamente es una falta de visión no luchar contra la pobreza infantil…

Absolutamente. Tras años de estudio lo sabemos claramente y los problemas que surjan por no invertir lo suficiente en los afectados darán frutos muy amargos. Ingresos más bajos e índice de desempleo más alto. Los políticos deberían ser conscientes a la hora de invertir y valorar los efectos positivos que se verán en la caja después de un plazo de tiempo. Ese lapso de tiempo es lo que bloquea a la acción política.

Stefan Sell es profesor de Economía y Política Social en la Universidad de Coblenza, especializado en trabajo con niños y jóvenes.

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