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Ciencia y Ecología

Medalla de oro con dopaje genético

El dopaje genético podría resultar el gran ganador de la Olimpiada en Pekín. Los expertos hablan de una gran batalla en la que hasta los ratoncitos dan la vida en el Monte Everest por el bien de la ciencia.

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Existen muchos métodos para mejorar el rendimiento de atletas.

El científico alemán Gabriel Willmann de la universidad estadounidense de Pensilvania llevó a ocho ratones hasta la punta del Monte Everest para estudiar la reacción en sus genes bajo condiciones de falta de oxígeno. Lamentablemente, uno de los ocho ratoncillos no sobrevivió el frío de menos 20 grados. El experimento aparenta ser muy cruel pero se trata de otro intento más para seguir los pasos de la mafia del dopaje.

¿24.000 dólares? - No problem.

A pesar de que el Comité Olímpico Internacional (COI) prometa poner en vigor el programa de control antidoping más riguroso en la historia del deporte con la cifra récord de 4.500 controles, los hechos ya contradicen las promesas y apaciguamientos del COI. El futuro ya no está en la detección del uso de EPO o la hormona de crecimiento humano (HCH), sino en la manipulación genética. En este campo no sirve una cifra récord si no se busca por lo que se debería buscar: la mejora del rendimiento por medio de manipulaciones en la herencia genética del atleta.

A fines de julio, la cadena de televisión pública alemana ARD transmitió un documental sobre la posibilidad del dopaje genético en China que asustó a los expertos. El reportero alemán entró en un hospital en Pekín y se hizo pasar por un entrenador de natación estadounidense. El jefe del departamento de terapia genética le ofreció un tratamiento de células madre a cambio de 24.000 dólares.

¿Como funciona el dopaje genético?

La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) define el dopaje genético como el uso no terapéutico de genes, elementos genéticos y/o células que tienen la capacidad de incrementar el rendimiento atlético. Obviamente el dopaje genético no es fácil de detectar y puede tener consecuencias muy graves.

Por ejemplo, las células en los músculos producen continuamente miostatina. La testosterona o el entrenamiento estimulan la producción de esa proteína. Miostatina se ocupa de frenar el crecimiento incontrolable de los músculos. Ya desde hace años es posible neutralizar la miostatina mediante el dopaje genético. Quizás a alguien le venga a la mente las imágenes de ratoncitos con pinta de Arnold Schwarzenegger.

El camino es largo. Para detectar el dopaje genético es necesario usar técnicas de biología molecular que permiten identificar la diferencia entre un genoma “normal” y un genoma “alterado”, desarrollar métodos analíticos y moleculares en los laboratorios de control de dopaje y trabajar en políticas apropiadas para evitar el uso no terapéutico de genes. Y si todo eso es posible sin molestar a los pobres ratoncitos, mejor todavía.

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