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Europa

Marcha por la unidad de Bélgica

Unas 30 mil personas, aproximadamente, acudieron a una manifestación en Bruselas, exigiendo a los políticos defender la unidad del país y llegar a un acuerdo para formar gobierno después de más 160 días de crisis.

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Masiva fue la respuesta a la convocatoria en Bruselas.

Bruselas, la sede de la Unión Europea, es el símbolo mismo de la integración y el entendimiento internacional. En su calidad de capital de Bélgica, en cambio, es el escenario central de una crisis política que ya cobra ribetes alarmantes. Desde las elecciones del pasado mes de junio, todos los intentos de formar nuevo gobierno han fracasado como consecuencia de la pugna entre flamencos y valones, los dos sectores que componen la población del país. En lo medular, los flamencos, de habla holandesa, demandan una reforma del Estado, con miras a obtener más autonomía en materia de finanzas y seguridad social en sus prósperas regiones. Los flamencos, de habla francesa, se oponen, dado que ello supondría un menor flujo de recursos hacia el sur, una zona con más dificultades económicas y un nivel de desempleo cercano al 20%.

Origen histórico

La disputa ha ido escalando al punto de que la amenaza de una ruptura no parece ya del todo absurda. Así lo ven al menos muchos de los manifestantes que salieron este domingo a las calles en Bruselas para salvaguardar la unidad del Estado belga, que en su forma actual se fundó en 1830, tras un breve período en que el territorio perteneció a Holanda.

Entre los analistas no hay unanimidad a la hora de aquilatar cuán serio es el peligro de desmembramiento. En lo que sí hay bastante coincidencia es en cuanto a que las tensiones son de antigua data. En buena medida se derivan de por la supremacía que por décadas se atribuyó al francés, el idioma que se habla en la capital, pese a que un 60% de la población es flamenca.

Demandas de unidad

Belgier demonstrieren für Einheit des Landes

Una de las muchas pancartas enarboladas en la capital belga.

Pese a todas las raíces históricas de la contienda, la ciudadanía a estas alturas se muestra harta del manejo político de la crisis. Casi 140 mil personas firmaron una petición, demandando la unidad de los 10,5 millones de belgas. “Exigimos que los políticos respeten a nuestro país”, señalaron este domingo los manifestantes en una declaración. También las pancartas levantadas en la marca fueron elocuentes: “mami es flamenca, papi habla francés y nosotros somos todos pequeños belgas”, se leía en una de ellas.

“Es ridículo como los políticos inflan los problemas”, indicó un manifestante flamenco, agregando que había acudido a la marcha “para demostrar que somos solidarios”. Sería de esperar que el ejemplo cundiera también en la esfera parlamentaria, para poner fin al penoso espectáculo de desintegración, tan diametralmente opuesto a lo que simboliza Bruselas para Europa.

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