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Mala época para nuevos retos en la OMC

Jutta Wasserrab / Rolf Wenkel / JAG1 de septiembre de 2013

Este lunes 2 de septiembre, el brasileño Roberto Azevêdo estrenará cargo como director de la Organización Mundial del Comercio (OMC). ¿Podrá rehabilitar la agonizante Ronda de Doha?

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Roberto Azevêdo, director de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Roberto Azevêdo, director de la Organización Mundial del Comercio (OMC).Imagen: Valter Campanato/ABr

Probablemente, Roberto Azevêdo no necesitará un nuevo apartamento ni una guía de la ciudad cuando se traslade este lunes (02.09.2013) a la jefatura de la Organización Mundial del Comercio en Ginebra. Durante los últimos cinco años, fue el representante de la organización en Brasil. Pero seguro que sí necesitará un poco más de suerte que su antecesor. Los directores de la OMC miden sus éxitos en base a tratados conseguidos para el comercio mundial. Y ahora mismo, las cosas están difíciles.

La última ronda de negociaciones de hace doce años, la llamada Ronda de Doha, ha sido declarada por los expertos como clínicamente muerta. Desde entonces, está claro que, sobre todo en cuanto a agricultura, países industrializados y países emergentes tienen posiciones muy distantes: países ricos que no quieren eliminar sus subvenciones agrarias y países emergentes que protegen sus productos con altos aranceles.

No hay opción para la ambición

Campesinos colombianos piden a OMC revisión de las políticas de subvenciones agrarias de la UE y EE.UU.
Campesinos colombianos piden a OMC revisión de las políticas de subvenciones agrarias de la UE y EE.UU.Imagen: picture-alliance/dpa

“Sea quien sea el que esté en la cima de la OMC, venga de Latinoamérica o Asia, su labor siempre dependerá de los miembros más influyentes de la organización”, cree Rolf Langhamer, del Instituto de Economía Mundial de Kiel. “Y mientras los miembros más importantes no estén dispuestos a ceder en sus ideas mercantilistas, el director no tendrá mucho ámbito de actuación por mucha ambición que tenga”.

Lo que sí le merecería la pena sería terminar con un buen balance. Hay cálculos que demuestran que un acuerdo comercial multilateral impulsaría la economía mundial con unas cifras de entre 300 y 800 mil millones de dólares. Mientras tanto, los 159 miembros ya no esperan nada de la Ronda de Doha y cierran acuerdos comerciales bilaterales o regionales, los llamados “Preferential Trade Agreements” (PTA).

Cada vez más en solitario

Estas zonas libres de intercambio comercial son cada vez más valoradas en todo el mundo. Ahora mismo existen unos 354 acuerdos vigentes y otros 192 están en fase de negociaciones. Brasil, la economía más grande de Latinoamérica, anunció recientemente sus intenciones de cerrar un acuerdo propio con la Unión Europea(UE). A mediados de febrero, tanto la UE y EE.UU. también apuntaron a negociaciones para crear una zona comercial internacional.

Con tal acuerdo se crearía la zona de comercio libre más grande del planeta. “En el momento en que comiencen a negociar, el tratado de Doha ya no tendría ninguna opción”, comenta Langhammer. Además, el nuevo jefe de la OMC tendrá que reconocer que la economía mundial sigue girando en torno a acuerdos globales de producción, dependientes una cadena efectiva de abastecimiento.

Un brasileño al frente de la OMC

Mientras tanto, la organización continúa buscando su papel. Quiere conseguir que las zonas de libre comercio se abran a otros Estados, crear un marco legal global para los acuerdos regionales y por último, buscar una nueva legitimación para la existencia de la vieja oficina de la organización a la orilla del lago de Ginebra.

Ya ningún político cree en un tardío éxito de la Ronda de Doha. Pero eso no significa que la OMC quiera disolverse a sí misma: “Las instituciones no se mueren. Más bien se degradan antes de ser disueltas oficialmente”, dice el profesor de economía de Kiel. Visto así, el nuevo director de la WTO, Roberto Azevêdo, no podrá hacer mucho. Pero tendrá un trabajo estable.