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Europa

Más control de fronteras, menos clientes

La localidad de Freilassing se benefició durante años del espacio de libre circulación de Schengen. Las consecuencias del restablecimiento de los controles fronterizos son dramáticas para el comercio local.

Regina Pichler no da la impresión de ser alguien que se desespera con facilidad. Por el contrario. Desde niña trabaja en el negocio de plantas de la familia en Freilassing y lo maneja sin problemas. No obstante, está preocupada. “Vienen menos austriacos a comprar”, dice, explicando que las ventas se han reducido en más de un 50 por ciento.

El motivo es el restablecimiento de los controles fronterizos. Solo en el mes de septiembre llegaron a Alemania unos 225.000 refugiados, muchos de ellos a través de la frontera austro-germana en la zona de Freilassing. En promedio llegan allí hasta 15.000 personas en un fin de semana. Eso equivale aproximadamente al número de habitantes de la localidad. Bajo presión del gobierno regional bávaro, el ministro alemán del Interior, Thomas de Maizière, aplicó el freno a mediados de septiembre: los controles fronterizos fueron restablecidos.

Impacto económico

Freilassing Familie Pichler

La familia Pilcher, de Freilassing.

El objetivo de los controles es canalizar el flujo de refugiados, registrar a las personas y distribuirlas en campamentos de acogida en toda Alemania. Pero eso ha tenido consecuencias, en parte dramáticas, para la región de Berchtesgaden. Antes viajaba un tren de Freilassing a Salzburgo cada 10 minutos, y la frecuencia era aún mayor en las horas punta. Ahora, el recorrido se ha suspendido parcialmente. Nadie sabe cuándo volverá a la normalidad. A eso se suman los permanentes controles en las autopistas. La consecuencia: atascamientos en las rutas desde y hacia Austria.

Anke Demmrich dirige la mayor tienda de vestuario de la localidad. Señala que “debido a los controles fronterizos, viene un 30 por ciento menos de clientes de Salzburgo, lo que deriva naturalmente en una fuerte reducción de las ventas”.

Thomas Scheid, del Foro Económico de Freilassing, confirma el retroceso de ingresos en toda la región. Pero no solo por eso lamenta la situación. “Hacía años que ya no teníamos más fronteras aquí”, indica. En efecto: diariamente circulan miles de escolares y gente de negocios entre Austria y Alemania. La población se siente estrechamente ligada a ambos lados de la frontera. En los últimos años ha habido una serie de proyectos transfronterizos, sobre todo en el sector del turismo. Todo eso ha sido financiado por la Unión Europea e impulsado por la idea de una Europa sin fronteras nacionales. Por lo menos esto último parece haber quedado en el pasado.

Dramatismo exagerado

Freilassing Anke Demmrich

Anke Demmrich: "La situación no es tan dramática".

Pero los controles fronterizos son solo una parte del problema. Los lugareños también atribuyen responsabilidad a la prensa, que pinta la situación más dramática de lo que es. Anke Demmrich señala que, debido a la información de los medios, la gente “cree que aquí impera el caos total”.

En la práctica, sin embargo, en la pequeña ciudad no se nota prácticamente el paso de los miles de refugiados. La Policía los recoge directamente en la estación y los lleva al lugar donde son registrados. Bernhard Zimmer, de Los Verdes, destaca que la situación no es en absoluto caótica. Asegura que todo marcha organizadamente: “Tanto la Policía como Cáritas, la Cruz Roja y los voluntarios trabajan juntos en forma excelente”.

También Regina Pichler considera que la situación en la frontera no es tan dramática como a menudo se la presenta. Sus viajes regulares a Austria transcurren sin inconvenientes. “Siempre pasamos de inmediato. A veces nos toca esperar 10 minutos en la frontera, pero eso ya es mucho”, afirma. Y hace notar que las informaciones de prensa solo ahuyentan a los clientes, “cuando en la radio o la televisión dicen que hay que esperar una hora”.

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