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Así es Alemania

Lujo sin techo

Devolver la dignidad: un proyecto artístico en Berlín transmite a personas sin techo un hálito de lujo.

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Arañas de luces en la entrada.

Su reino son doce metros cuadrados. Vestido con un pantalón deportivo y una camiseta, el antiguo alcohólico sin techo se halla parado debajo de una araña de luces. Sobre la mesa, un revista con el programa de televisión. Peces nadan bajo la luz de neón de un acuario. "Ahora se ve mejor aquí", dice el hombre parcamente.

GEBEWO Obdachlosenheim

Recuperar la dignidad: un asilo de lujo para alcohólicos.

Hace siete de sus 55 años que vive en el asilo para hombres de Schöneweide. El 19 de noviembre, la casa será reabierta, ahora como "el asilo más hermoso del mundo para personas sin techo". La idea es de la artista conceptual berlinesa Miriam Kilali. Su objetivo: transmitirle a los sintecho una visión más positiva de la vida y devolverles la dignidad.

La casa no se halla justamente en un barrio privilegiado de Berlín. Cerca de la estación de metro de Schöneweide, la fachada pintada de un amarillo sucio, con la vorágine de una avenida de seis carriles delante de la puerta.

La belleza se revela en el interior

Wohnliches Ambiente GEBEWO

Una esquina con estilo.

La nueva belleza de la casa se revela al visitante en el interior. A través del alto pasillo de entrada con arañas de luces, pilastras y papel pintado, incluido un ribete dorado, la mirada recae sobre el jardín. Escaleras de madera lijada y cubiertas con una alfombra de sisal rojo llevan hacia los pisos superiores. En el salón común, con piso de parqué, sofás de cuero rojo invitan a relajarse. En las paredes cuelgan óleos con marcos dorados.

De un "efecto sorpresa" habla la artista, que ya realizado un proyecto similar en Moscú, el "Hotel Delfino". Para Kilali, toda la casa es una obra de arte transitable, "como un gran cuadro, cuyo brillo exterior no debe esconder los tristes destinos de sus moradores".

En "Haus Schöneweide", anteriormente también un hotel y ahora un asilo administrado por la Obra Diaconal, viven alcohólicos crónicos, ya no accesibles a terapia alguna. Algunos sufren de demencia, otros de cirrosis o de cáncer. Sólo muy pocos logran salir de su círculo vicioso. Aquí viven 20 hombres. Todos hablan en voz baja. Da una mejor sensación vivir así, dice uno de ellos. Pero difícil es igual, la vida.

Una lucha contra el olvido de sí mismo

GEBEWO Obdachlosenheim

La vista hacia el jardín.

En realidad, la palabra "lujo" no es la adecuada para este lugar. En los pequeños cuartos se hallan muebles usados. En las puertas miran al visitante hombres magros, desde la profundidad de ojos insondables. Huele a humo frío de cigarrillo y vahos de alcohol. Tres cervezas por día para cada uno están autorizadas. De otra forma la casa no puede funcionar.

Por su dependencia del alcohol, los hombres de entre 30 y 60 años de edad han perdido el trabajo, la familia y los amigos. Muchos vivían antes en la calle, antes de ocupar un cuarto aquí. Aquí tampoco es fácil. Para ingresar en el asilo hay una lista de espera. Quien ya vive aquí, debe respetar a rajatabla las reglas, sobre todo: no a la violencia y no a las bebidas alcohólicas fuertes.

La renovación ha costado hasta ahora 116.000 euros, todos provenientes de donativos, y todavía no está terminada. En los trabajos participaron sus moradores, dentro de sus posibilidades. La Obra Diaconal espera que una chispa de nueva vida salte también a los habitantes… quizás una mirada más positiva sobre la vida, una lucha contra el olvido de sí mismo.

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