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Europa

Los egoístas dicen “no”

La propuesta de la Comisión Europea de una cuota para regular el reparto de refugiados en la UE se topa con fuertes resistencias. Pero ya es hora de que se ponga en marcha ese sistema, opina Christoph Hasselbach.

El rechazo llegó incluso antes de que la Comisión Europea hubiera siquiera presentado sus propuestas. En varios países, la sola idea de tener que acoger a más refugiados desató inmediatamente el pánico. Sin embargo, el hasta ahora llamado “Sistema de Dublín” está, de hecho, colapsado. De acuerdo con él, si una persona quiere refugiarse en la UE debe presentar su solicitud de asilo en el país en el que primero pone pie. Debido a su situación geográfica en las costas del Mediterráneo, esos países son, sobre todo, Italia, Grecia y Malta. Por eso, en teoría, solo unos pocos países del sur de la Unión Europea deberían ocuparse de casi la totalidad de las solicitudes de asilo, por lo cual se defienden, y con razón, mientras que muchos países del norte de Europa no ven ningún motivo para cambiar las reglas existentes.

Asustar con el maltrato

Debido a la oleada de inmigrantes, algunos países receptores empezaron a engañar al sistema. Italia envió refugiados hacia los países del norte, que es a donde ellos querían ir. Grecia y Bulgaria los trataron tan mal en los campamentos que las organizaciones humanitarias desaconsejaron mandar de regreso a esos países a los que ya habían logrado llegar al norte de Europa. El comportamiento de esos países fue “recompensado” con una disminución de las solicitudes de asilo. Tal es así que,

Christoph Hasselbach, de DW.

Christoph Hasselbach, de DW.

actualmente, cerca de una docena de países reciben al 25 por ciento de todos los refugiados. En términos absolutos, Alemania es el país que más refugiados recibe. Y la presión para que se los distribuya de forma equitativa en todos los países de la UE sigue creciendo. La idea de la Comisión Europea de repartirlos de acuerdo con las características demográficas, económicas y del mercado laboral de los diferentes países es sensata, pero no se concretará por ahora. Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca ya anunciaron sus objeciones, así como Polonia, los Países Bálticos, Hungría, la República Checa y Eslovaquia. Muy definitorios son ciertos argumentos, como los del primer ministro checo, Bohuslav Sobotka: “Cada país de la UE sabe lo que es capaz de ofrecer en el marco de la solidaridad común”, añadiendo que su país había acogido a setenta refugiados sirios. ¡Setenta! El presidente húngaro, Viktor Orban, declaró que el plan era “una locura” y dijo, lacónicamente, que su país no quería una sociedad multicultural. Punto. Así de fácil es para él el asunto.

Todos quieren cerrar las puertas

Es interesante que todos los gobiernos estén de acuerdo en que la UE tiene que tomar medidas más concretas para frenar a los traficantes de personas y para ayudar a los refugiados a no morir ahogados. En realidad, se refieren menos a salvar vidas humanas que a cerrar sus puertas. La ministra británica del Interior, Theresa May, fue al menos sincera al decir que la UE debería enviar a los barcos que llegan por el Mar Mediterráneo de regreso al norte de África, una solución que ya había propuesto Toni Abbot, el primer ministro australiano y que, según él, podría “salvar” vidas, pero que tiene por resultado, sobre todo, que muchos refugiados desistan de encaminarse hacia Australia. Pero, en primer lugar, Europa, por sus condiciones geográficas, no podría cerrarse tanto como Australia, y una política de ese tipo no sería practicable. El número de refugiados será aún mayor, y es comprensible que la UE no esté dispuesta a recibir a todos. Es de prever que reacciones con una mezcla que combinará medidas represivas, de política de desarrollo y también humanitarias. Sin embargo, el problema del reparto continúa. Así como no es posible que solo la geografía de un país sea el factor decisivo para la cantidad de inmigrantes que debe recibir, tampoco la política europea para los refugiados puede basarse únicamente en la generosidad de cada país.

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