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Alemania

Los alemanes se aferran a la democracia, pero critican su funcionamiento

60 años después de su instauración, la mayoría de los alemanes cree que la democracia es la mejor forma de gobierno. El funcionamiento de sus instituciones goza, sin embargo, de menos aprobación, revelan las encuestas.

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El canciller Konrad Adenauer ratifica el 23 de mayo de 1949 la Ley Fundamental o Constitución alemana.

Fue el presidente estadounidense Abraham Lincoln quien definió la democracia como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Según este principio, los alemanes llevan 60 años en el poder. Pero, cuando echan la vista atrás y contemplan ese más de medio siglo decidiendo los destinos del país, ¿qué ven?

La Fundación Konrad Adenauer quiso saberlo y encargó al instituto Infratest Dimap un sondeo de opinión. En marzo de 2009, se llevó a cabo la encuesta: el “sentido democrático” de unos 1.300 ciudadanos con derecho a voto se colocó bajo la lupa. “A nosotros mismos nos sorprendió el resultado”, asegura Bernhard Vogel, director de la conservadora fundación. Pese a la crisis económica, los alemanes siguen demostrando altos niveles de confianza en el sistema democrático.

Una historia triunfal

Brandenburger Tor in den 80ern

El hielo que dividió Alemania se ha derretido: al menos en lo que al apego a la democracia se refiere.

“El 90% de los alemanes opina que los 60 años de historia de la República Federal Alemana pueden definirse, de un modo u otro, como un éxito. Dos tercios de los ciudadanos están orgullosos de su país y el 94%, dice vivir a gusto en la RFA”, relata Vogel, y continúa enumerando los indicios que demuestran que, entre Alemania y sus nacionales, reina un “ambiente básicamente positivo”: “Pese a la crisis financiera y los acontecimientos en los mercados financieros, el 73% considera que el modelo alemán sigue siendo socialmente justo”.

Otro indicativo de la satisfacción ciudadana con los pilares del sistema es que, entre las respuestas recaudadas en el oeste y las obtenidas en el este, en aquellos Estados federados que pertenecieron a la antigua República Democrática Alemana, apenas se distinguen diferencias, cosa especialmente relevante para un país en el que aún siguen visibles las cicatrices de la división y la posterior reunificación. Incluso, apunta Vogel, la encuesta contradice la extendida idea de que los alemanes orientales colocan la igualdad por encima de a la libertad.

“Los ciudadanos le conceden importancia a la igualdad de oportunidades y a la igualdad de trato, al Estado de derecho, a la libertad de expresión y al derecho a la propiedad privada. Estos principios los vemos reflejados en nuestras encuestas ya desde 1999. Lo único nuevo que hemos constatado en esta ocasión es que algunos votantes del partido La Izquierda tienen sus reservas con respecto a la democracia y nuestra a Ley Fundamental. Pero también dentro de este grupo, la mayoría se siente emocionalmente unida al país, a su historia y a la Constitución”.

Y esto, ¿para qué me sirve a mí?

Adolf Hitler

La mayoría de los encuestados conocen la dictadura nazi sólo por lo que de ella han leído.

La Fundación Konrad Adenauer no ha sido la única que, vía sondeo, ha llegado a la conclusión de que los alemanes sienten apego por su democracia: ya en noviembre de 2008, una consulta ciudadana llevada a cabo por encargo de la Fundación Bertelsmann reflejó la alta conformidad de los ciudadanos con el sistema político en sí. No obstante, el 45% de los encuestados dijo en aquella ocasión estar “muy descontento” con el modo en que realmente funciona la democracia en Alemania. Sobre todo los inmigrantes y los jóvenes de baja formación se sienten decepcionados, constataron las respuestas, lo que, en la parte oriental del país, elevaba la cifra de desencantados a seis de cada diez personas: algunos presentaban síntomas de añoranza de los tiempos de la RDA.

“Esta nostalgia no tiene por que ser negativa”, dice Viola Neu, de la Fundación Konrad Adenauer, “problemático sería que ese sentimiento fuera acompañado de un deseo de cambiar el sistema político, es decir, de pasar de una democracia a una dictadura. En 2007 les preguntamos a los ciudadanos por ambas alternativas. El resultado fue que, tanto en el este como en el oeste, quienes se distanciaban completamente de la democracia eran una minoría”.

Lo que dejan claro todas estas encuestas, indica Gero Neugebauer, del Instituto Otto Suhr para las Ciencias Políticas de la Universidad Libre de Berlín, es que el sistema es bueno, pero no actúa en la práctica como la gente quisiera. La razón es que la mayoría espera que la abstracta forma política incida concreta y positivamente en sus condiciones de vida.

Pero “esa manera de pensar, '¿para qué me sirve a mí esto?', es lo que en parte hace que tantos estén a favor de la democracia”, recuerda Neugebauer. “La otra cuestión es: ¿qué alternativas hay?”, añade, “teniendo en cuenta la media de edad de los encuestados, sólo unos pocos de ellos han vivido el nacionalsocialismo. La democracia es lo único que conocen. Y, seguramente, no se aferran a este sistema tanto a consecuencia de su experiencia personal, sino de lo que les han enseñado en la escuela.”

Autora: Marika Adamosvská

Editor: Pablo Kummetz

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