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Política

Londres: un alcalde “not very british”

El triunfo de Boris Johnson en la contienda por la alcaldía de Londres es considerado también como una victoria del dirigente conservador David Cameron, con quien estudió en el prestigioso Eton-College.

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Boris Johnson: ¿por la senda de Berlusconi?

El nuevo alcalde de Londres, Boris Johnson, divide como pocos a la opinión pública. La clásica flema británica y esa elegancia con un guiño de ironía que suele atribuirse a los londinenses están muy lejos de ser el sello personal del político conservador que expulsó a Ken Livingston de la alcaldía de la capital británica. Por el contrario, el nuevo edil, que superó por casi 140.000 votos a su rival laborista, es conocido sobre todo por sus escapadas sentimentales y por sus declaraciones fuera de lugar, que más de una vez lo forzaron a pedir disculpas públicamente.

Polémica a flor de labios

Pero, mientras algunos fruncen el seño ante esta figura, otros lo admiran precisamente por su excentricidad. Al fin y al cabo, no medir bien el alcance de lo que se dice no es hoy en día obstáculo para ganar en las urnas, como bien lo demuestra, por ejemplo, el caso de Silvio Berlusconi en Italia, guardando las debidas distancias. En suma, el electorado londinense no parece asustarse con diversas afirmaciones de Johnson que no encajan en el concepto de “políticamente correctas”.

Sin pelos en la lengua, el nuevo alcalde de Londres se ha referido, por ejemplo, al matrimonio homosexual, legalizado en 2005 en Gran Bretaña, en forma poco delicada. En uno de sus libros sostuvo que, si los homosexuales pueden casarse, por qué no pueden hacerlos “tres hombres, o tres hombres y un perro”. Otro botón de muestra: hace dos años se negó a apoyar una campaña en pro de la alimentación sana de los escolares, indicando que simpatizaba con los padres que llevaban comida chatarra para sus hijos a la escuela.

El desafío de China

Boris Johnson besucht Smithfield und Leadenhall-Markt

El mensaje de Johnson tuvo buena acogida en el electorado.

Sea como fuere, la victoria de Boris Johnson terminó de sellar la estrepitosa derrota de los laboristas británicos en las elecciones municipales de Inglaterra y Gales, que The Times calificó de “masacre”. Y, por mucho que sus detractores lo tilden de “payaso”, lo cierto es que tras esta campaña electoral le hizo ganar respeto. En lo concreto, sus promesas de combatir eficazmente la delincuencia, su defensa de los autobuses de dos pisos y su anuncio de que congelará el proyecto de imponer un peaje a los vehículos de lujo en el centro de la ciudad, parecen haber convencido a los londinenses.

Como alcalde de Londres, Johnson tendrá ahora la responsabilidad de administrar una capital que alberga uno de los centros financieros más importantes del mundo, aunque de momento se encuentre magullado por los efectos de la crisis de los créditos hipotecarios estadounidenses. Además, le corresponderá preparar a la ciudad para ser anfitriona de los Juegos Olímpicos de 2012. En consecuencia, su primer desafío será probablemente hacer un buen papel en Pekín, donde se espera que acuda para recibir el testigo olímpico. Sus correligionarios esperan, sobre todo, que no vaya a herir sensibilidades chinas con alguna de sus típicas declaraciones poco diplomáticas. La prensa, desde ya, recuerda que en uno de sus múltiples libros, Johnson afirmó que “la influencia cultural de China es prácticamente nula y probablemente tampoco aumentará”.

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