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Política

Las “revoluciones Facebook”: ¿realidad o ficción mediática?

La guerra por el poder en Oriente Próximo y el Magreb no sólo se libra en la calle, sino también en Internet. Por blogs circulan fotos; vídeos llenan plataformas en la Red. ¿Son éstas realmente “revoluciones Facebook”?

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Las protestas siguen en Egipto, ¿qué papel juega en ellas Internet?

Un grupo de hombres grita en la Plaza Tahrir de El Cairo. Piden la dimisión de Hosni Mubarak. Las imágenes están movidas, desenfocadas: han sido tomadas con un teléfono móvil y minutos después colgadas en Internet.

“En muchos aspectos, los manifestantes me han sorprendido”, escribe desde la capital egipcia el periodista Richard Gutjahr en su blog, “todo está bastante mejor organizado de lo que a primera vista pudiera parecer. Desde el principio se habilitaron lugares para posibles casos de emergencia y para que la gente pudiera lavarse. Constantemente hay grupos de voluntarios en acción, que recogen la basura y la meten en sacos que luego apilan en los sitios previstos. Sólo así es posible que, una semana después de que comenzaran las protestas, los manifestantes no se estén ahogando en su propia porquería”.

Twitter, Facebook, Youtube, blogs. Gran parte del movimiento de protesta en Egipto, Túnez, Jordania y otros países árabes pasa también por Internet. Los gobiernos de la zona tratan una y otra vez de restringir la comunicación digital, hasta ahora sin éxito.

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Hosni Mubarak, el presidente egpcio, intenta repetidamente cortar las vías de comunicación de los manifestantes.

Necesidades concretas

Cuando la semana pasada el Gobierno egipcio trató de desconectar a sus ciudadanos de la Red, Twitter instaló un servicio en el que los ciudadanos podían dejar sus mensajes utilizando sólo el celular. Así fue como un hombre contó que en el centro de El Cairo se estaba apaleando a los manifestantes. Al igual que en 2009 en Irán, las redes sociales están jugando en las presentes revoluciones un papel importante.

Y con todo, el poder de Internet no debería exagerarse, advierte Joachim Klewes, profesor de comunicación política de la Universidad de Düsseldorf: “Por supuesto que en estos países la clase media y los estudiantes acostumbran a usar este tipo de medios y se ven por ellos muy influenciados. Pero, al final, son necesidades concretas las que llevan a la gente normal y corriente a salir a la calle, y eso hubiera sucedido con o sin redes sociales”.

Facilidades organizativas

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Bloggers le hablan al mundo de la situación en la Plaza Tahrir de El Cairo.

“Otra cuestión totalmente diferente, y aquí cabe no confundir las cosas”, advierte Klewes, “es el rol de la tecnología, por ejemplo de la tecnología móvil, a la hora de organizar las manifestaciones. Como instrumento, no cabe ninguna duda de que es muy útil”.

“¿Vais a manifestaros el 25 de enero?”, preguntaba un grupo formado en Facebook. 90.000 personas contestaron que sí. Unos días después, tenían lugar en Egipto las mayores protestas antigubernamentales de los últimos 30 años. Lo que antes eran las octavillas, son hoy los medios sociales.

Útil, pero no libre de peligro

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Lo que se publica en Facebook llega a muchos, también a los servicios secretos.

Sin embargo, el ejemplo de Irán demuestra que también con Twitter y Youtube puede fracasar una revolución. Y después del intento, los internautas se convierten en presa fácil. “En regímenes autoritarios, los servicios secretos te observan constantemente. Quien planee una revolución a través de Twitter o Facebook debe saber que los datos son públicos y fáciles de obtener”, dice el blogger bielorruso Evgeny Morozov, que tiene experiencia suficiente en lidiar con un sistema autoritario.

Observando las actuales “revoluciones Facebook”, hay quien se pregunta cómo fue posible que cayera el Muro de Berlín si nadie convocó por Twitter a su derrumbe. También sin las redes sociales se hubiera llenado la Plaza Tahrir de El Cairo, y hombres hubieran pedido a gritos a dimisión de Hosni Mubarak. “Pero seguro que no tan rápidamente”, puntualiza Klewes.

Autor: Ina Rottscheid/ Luna Bolívar

Editor: Pablo Kummetz

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