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Las luces del Adviento: Alemania y sus tradiciones navideñas

Nadja Baeva/mb10 de diciembre de 2007

Tradiciones centenarias y otras no tanto. Alemania llena el tiempo de Adviento con coronas de pino con cuatro velas, calendarios con 24 puertas y pasteles pródigos en especias. El pesebre y el árbol llegan en Noche Buena

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Al encender la última vela, la Navidad está cercaImagen: dpa

“Advent, Advent ein Lichtlein brennt!”, reza el estribillo de una canción infantil alemana que entonan los más pequeños cuando encienden la primera vela; una semana más tarde le suman la segunda. Una tercera y al fin una cuarta, una por cada domingo previo a la Navidad. La luz que Cristo trajo al mundo con su nacimiento se supone que representan.

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Mercado de navidad en EssenImagen: Maksim Nelioubin

Aunque se podría pensar en tradiciones centenarias, la historia es otra. Y no va más allá del 1839 cuando un educador y teólogo protestante, Johann Hinrich Wichern, colocó sobre una rueda de madera 19 velas delgadas para los días se la semana que faltaban hasta Noche Buena y 4 gordas para los domingos. Las velas tenían el propósito de aclarar a los niños que evangelizaba cuánto más tendrían que esperar. “Le resultó caro”, explica Angelika Mark-Zobel, una guía de turistas en Colonia. Y por eso, sólo las cuatro pasaron a comienzos del siglo XX a ser una tradición alemana, a la cual luego se sumó Austria.

Préstamo de rituales

La costumbre se difundió entre las iglesias evangélicas, las escuelas, los albergues infantiles para pasar finalmente a las casas de familia. Después de la Segunda Guerra Mundial, los católicos la asumieron.

Adventskalender des Sellmer Verlags
Un calendario de AdvientoImagen: picture-alliance/ dpa/dpaweb

No ha sido inusual que ciertos rituales pasen de los evangélicos a los católicos, “los rituales se han mezclado. Ahora se encuentran coronas de adviento en cualquier almacén u oficina”, explica Mark-Zobel. De la misma manera, el nacimiento, pesebre o Belén pasó de los católicos a los protestantes. Recreaciones del pesebre en donde nació pobremente el niño Jesús existían ya en el siglo XIII, y eran el centro de las festividades navideñas; hasta que llegó el árbol de navidad, en el siglo XIX. Éste en un principio fue un adorno de familias protestantes acomodadas, y ostentaba las 33 velas de la edad de Jesucristo. En algún momento se le adicionó bolas de colores, que reflejaban la luz, “un símbolo de la vida eterna”, explica la guía.

El que los niños reciban dulces el 6 de diciembre tiene origen católico. San Nicolás –un santo católico cuyas bases históricas se remontan al arzobispo de Myra en la actual Turquía- se encarga de esconderlos, durante la noche, en las botas y zapatos de los niños que se ha portado bien.

Mercado de navidad

Los mercados de navidad tienen una tradición centenaria. Se podía adquirir en ellos pieles o lanas para la época fría, y también las especias que se requería para los guisos y la bollería de la época: jengibre, clavo, canela, pimientas. El stollen es, por ejemplo, uno de los más típicos pasteles de la navidad alemana. Su existencia consta desde el siglo XIV, y tenía que semejarce a un niño envuelto en pañales. De unos cincuenta centímetros de largo, este rollo de mazapán, harina y azúcar en polvo se ofrecía sólo en Navidad, y se adornaba con frutas confitadas –algo muy costoso en la Edad Media.

El calendario de Adviento

Eröffnung Christkindlesmarkt Nürnberg
Inauguración del famoso mercado de Navidad de NúrembergImagen: Picture-Alliance/dpa

El tiempo previo a la Noche Buena es un tiempo de espera. Y para hacer la espera más divertida surgió, a comienzos del siglo XX, un “calendario de espera” con pequeñas puertas que dejaban ver, al fondo, un dibujo transparente. Estaban pensados para las ventanas. Cuando ya no queda ninguna puerta por abrir, la Noche Buena ha llegado.