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Alemania

Las fallas de la política de asilo alemana

En la Oficina Ejecutiva de la Cancillería Federal, en Berlín, se discuten las fallas de las políticas de asilo alemanas. La mayoría de los problemas en este ámbito se debe a la falta de financiamiento. Un análisis.

Las máximas autoridades de los Länder alemanes y varios ministros del Gobierno federal se reunieron este viernes (8.5.2015) con Angela Merkel en la Oficina Ejecutiva de la Cancillería con miras a discutir sobre las políticas de asilo vigentes, las fallas en ese ámbito y el marcado incremento del número de refugiados. Se cuenta con que Alemania recibirá más de 400.000 solicitudes de asilo este año. La mayoría de los problemas en este sector se debe a la escasez de los recursos disponibles, pero ese no es el único factor en juego.

Una de las quejas recurrentes, tanto de las autoridades regionales como de los refugiados, es que los procesos de otorgamiento de asilo duran demasiado tiempo: entre cinco y seis meses, en promedio. El Gobierno de coalición liderado por Merkel se comprometió a garantizar que no duraran más de un trimestre. Pero, ¿cómo cumplir su palabra sin responder a la falta de personal que aqueja a la Oficina Federal de Migración de Núremberg? Después de todo, esa es la instancia encargada de iniciar todos los procesos de concesión de asilo.

En la cumbre de Berlín no participaron ni los defensores de los intereses comunales ni los de los refugiados.

En la cumbre de Berlín no participaron ni los defensores de los intereses comunales ni los de los refugiados.

Un proceso largo y oneroso

Otra variable complica la situación: la velocidad con que se intensifica el flujo de refugiados hacia Alemania. El Gobierno central prometió crear 300 nuevos puestos en la Oficina Federal de Migración de Núremberg y proveer 500 millones de euros adicionales a las autoridades comunales, pero esos recursos no alcanzarán porque el pronóstico de solicitudes de asilo sobre los que se basaron los cálculos ya no está vigente. En un momento dado se calculó que Alemania recibiría a un máximo de 300.000 refugiados en 2015.

Hoy se estima que el año cerrará con unas 450.000 solicitudes de asilo y eso implica gastos enormes, tanto para el Gobierno federal como para las autoridades comunales: el alojamiento, la alimentación y el procesamiento de los casos cuestan mucho dinero. Quienes provienen de países considerados “sitios de origen seguros” –casi el 50 por ciento de los casos en el primer trimestre de 2015– tienen pocas probabilidades de permanecer en Alemania; pero es que hasta la repatriación de aquellos cuyas solicitudes han sido denegadas es onerosa.

El punto más importante brilla por su ausencia

En la mayoría de los Länder, son las autoridades comunales las que pagan los costos de manutención de los solicitantes de asilo. Las municipalidades de Sajonia-Anhalt y Baden-Wurtemberg quieren seguir el ejemplo de las ciudades de Baviera y Mecklemburgo-Antepomerania, y dejar la cuenta en manos de los Estados federales. Pero en la reunión extraordinaria de Berlín donde se está debatiendo sobre este tema no hay nadie representando los intereses comunales. Y de los intereses de los solicitantes de asilo, ni hablar.

Las distintas organizaciones que defienden los derechos de los refugiados denuncian que las medidas de integración más importantes son las que más brillan por su ausencia: los programas para garantizar que los refugiados aprendan alemán. Sin el dominio de la lengua alemana, quienes llegan al país huyendo del horror de la guerra y buscando una mejor vida tienen enormes dificultades para integrarse a su entorno social y al mercado de trabajo, y terminan convirtiéndose, a los ojos de muchos lugareños, en la encarnación del estereotipo más injusto y perverso: el del extranjero que no desea adaptarse.