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Alemania

Landshut: termina la odisea de un avión secuestrado

Hace 40 años, muchas personas vieron marcado su destino a bordo del avión "Landshut". Y no solo los 91 rehenes. También el Estado alemán se vio enfrentado a un reto monumental. Un museo albergará los restos del aparato.

Gaby Coldewey no alcanza a explicarse la decisión. El regreso del "Landshut" a Alemania, sin embargo, es un hecho: será desmantelado en Brasil y posteriormente será transportado a Alemania a bordo de un avión ruso Antonov. En el Museo de la Aviación de Friedrichshafen, a orillas del Lago de Constanza, el "Landshut" encontrará su destino final. Como recuerdo de la toma de rehenes de 1977.

Coldewey no entiende el furor en torno a un montón de fierros que supuestamente son un pedazo de la historia alemana, e incluso, un símbolo de un Estado alemán a la defensiva. Ella vivió hace 40 años el cénit del llamado "Otoño del terror" en Alemania. Tenía ocho años de edad y fue una de las pasajeras del "Landshut", el avión Boeing 737 que fue secuestrado el 13 de octubre de 1977 cuando volaba de Mallorca a Fráncfort del Meno.

Die entführte Lufthansa-Maschine Landshut, Terrorismus, RAF (AP)

Jürgen Schumann, poco antes de su muerte. El piloto del Landshut fue ejecutado en Adén el 15 de octubre.

¿Un monumento luctuoso?

"No necesito un monumento", escribió ella en el Tageszeitung, contradiciendo al historiador Martin Rupps, autor de un libro sobre los "Sobrevivientes de Mogadiscio". Rupps pertenece al grupo de personas que se congratulan por el transporte a Alemania del legendario avión. "Para procesar el duelo, las víctimas necesitan sitios específicos", dice él. Jürgen Vietor, entonces copiloto de la aeronave, coincide en su entusiasmo por el proyecto. "Es una excelente noticia. ¡El 'Landshut' le pertenece a Alemania!", señala. Otra que se muestra feliz es Gabriele von Lutzau, una de las azafatas que hace 40 años fueron tomadas como rehenes por un grupo de terroristas palestinos. "Le debemos nuestras vidas al 'Landshut'", declaró ella al diario Bild.

De hecho, fue mucho lo sucedido en torno del avión: un aterrizaje de emergencia le dejó grandes daños, el secuestro duró casi cinco días en los que cubrió una ruta de unos 9.000 kilómetros, pasando por Roma, Larnaka, Beirut, Damasco, Bagdad, Kuwait, Dubai y Adén. Los pasajeros tuvieron que soportar un terror permanente. Además, las condiciones higiénicas a bordo se tornaron inaguantables, así como el calor. Tan solo el hecho de permanecer sentados por caso 106 horas constituyó por sí mismo un factor de riesgo para la salud de muchos pasajeros, sobre todo los más viejos.

Lo peor fue el momento en el que todos fueron rociados con alcohol proveniente de las tiendas "duty-free", a fin de que "ardieran mejor" en caso de que los secuestradores decidieran hacer explotar el avión. El pasajero más joven tenía tres años. Todos sobrevivieron, con excepción del piloto Jürgen Schumann, asesinado el 16 de octubre por los terroristas. Su cadáver fue arrojado a la pista de aterrizaje.

RAF Flugzeugenführung Mogadischu 1977 Bundesminister Hans-Juergen Wischnewski (picture-alliance/dpa)

El emisario del canciller, Hans-Jürgen Wischnewski, tras la "Operación Mogadiscio"

La internacionalización del terrorismo

El secuestro del "Landshut" fue el punto álgido del "Otoño alemán". Antes, la milicia terrorista Fracción del Ejército Rojo (RAF) había asesinado al fiscal general Siegfried Buback y al presidente del Consejo del Dresdner Bank, Jürgen Ponto. El 5 de septiembre de ese año, la RAF había secuestrado al presidente de la Asociación Patronal, Hanns-Martin Schleyer. La agrupación exigía liberar a Andreas Baader, Gudrun Ensslin, Jan-Carl Raspe y otros dirigentes de la primera generación de la RAF. Todos se encontraban en la prisión de alta seguridad de Stuttgart-Stammhein.

El entonces canciller Helmut Schmidt (socialdemócrata), no dio su brazo a torcer. Para aumentar la presión en busca de ver cumplidas sus demandas, cuatro terroristas del Frente Popular para la Liberación de Palestina secuestraron el "Landshut" el 13 de octubre. La cooperación de milicias alemanas y palestinas es un ejemplo temprano de ataques coordinados a manos de grupos terroristas internacionales. El secuestro fracasó el 18 de octubre gracias a un hombre que, junto con su pequeño grupo, se había preparado durante años para una situación así: Ulrich Wegener.

La hora del "GSG9"

El operativo del GSG9, una unidad especial de la Policía Federal de Alemania, comenzó al amparo de la noche. Tres de los cuatro terroristas resultaron muertos. Una de las dos mujeres palestinas resultó con heridas graves. Ningún pasajero resultó herido. Desde entonces, Ulrich Wegener y su GSG9 son considerados legendarios.

Cuando la noticia se propagó, los líderes de RAF se suicidaron en la cárcel de Stammhein. Un día más tarde, Hanns-Martin Schleyer fue encontrado muerto en el baúl de un auto estacionado en Alsacia. Había sido ejecutado con un tiro en la cabeza. La RAF continuó asesinando en los años posteriores, pero el otoño de 1977 es considerado el punto más intenso del terrorismo en Alemania.

La categórica negativa del gobierno federal alemán a ceder ante las demandas de los terroristas es considerada desde entonces un ejemplo.

Mogadischu-Geiseln in Frankfurt/Main gelandet (picture-alliance/dpa)

El copiloto Jürgen Vietor y la azafata Gabi Dillmann, que resultó herida en una pierna, luetgo del rescate.

El resto de la historia

El "Landshut" se convirtió en un símbolo de su tiempo. Pero el aparato mismo se perdió en el olvido. Tras la liberación de los rehenes en Mogadiscio, fue reparado y siguió volando para Lufthansa hasta 1985. El Boeing fue vendido y cambió de dueño otras seis veces. Tras fungir como avión de carga, la línea brasileña TAF Linhas Aéreas jubiló a la aeronave en 2008. Desde entonces se encuentra en el cementerio de aviones de Fortaleza, donde se corroía por el óxido. En total, el "Landshut" sirvió 38 años y completó más de 60.000 vuelos.

Sus restos serán desmantelados, transportados hasta las cercanías del Lago de Constanza, y remozados. Será un ejemplar único, en una exposición en la que solamente figuran aviones del fabricante Dornier.

Los restos del avión fueron adquiridos como chatarra por el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores por 20.000 euros. El transporte y los trabajos de restauración están valuados en cerca de dos millones de euros.

De lo que nadie se ha ocupado es de las víctimas. Muchas de ellas aún sufren los efectos del trauma por el secuestro; por ejemplo, ataques de pánico.  amás se les ofreció ayuda psicológica y mucho menos indemnización, lamenta la exrehén Gaby Coldewey.

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