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El Mundo

"La solidaridad con los nigerianos también depende de ellos"

Niñas suicidas, cada día una nueva masacre. El noreste de Nigeria se encuentra hundido en sangre y nadie parece preocuparse. Según Thomas Mösch, la culpa la tiene también la sociedad nigeriana.

Militantes de Boko Haram parecen estar determinados a ganar el título como grupo terrorista más brutal del mundo. Arrasan cruelmente pueblos y aldeas y envían a niñas a cometer ataques suicidas. Durante el fin de semana se reportó el caso de una niña de diez años víctima de estos ataques. Poco antes de Navidad, una niña de trece años fue arrestada por llevar consigo un chaleco suicida.

Durante los meses pasados, Boko-Haram ha sembrado únicamente terror y miedo. Las acciones del grupo hace tiempo que han dejado de tener relación con fines religiosos. Los autodenominados “militantes del islam” sólo pueden persuadir a otros a través de amenazas o dinero.

Ninguna protesta contra el terror

Lo que más aterra no es la brutalidad de Boko-Haram, sino más bien que el terror causado por este grupo terrorista no levanta voces de protesta. Mientras que en París miles se levantan contra los recientes atentados, en Nigeria el silencio se mantiene, a pesar de centenares de muertes.

Lo que es aún peor: ni siquiera Nigeria se ha levantado en protestas. Los pocos activistas que luchan todavía por la liberación de las niñas secuestradas, el pasado abril en Abuja, capital nigeriana, han perdido la esperanza. Sin embargo, en mayo, los impulsores de la campaña “Bring Back Our Girls” tuvieron gran apoyo y solidaridad.

¿A quién apoyar entonces?

Europa y América del Norte están dispuestas a comprometerse si saben para qué y para quién. Políticos alemanes dicen que después de los atentados en París, las matanzas en Nigeria tomaran importancia mundial. Los medios informan regularmente sobre ello, ¿por qué, entonces, no salen el pueblo a la calle?

Deutsche Welle Afrika Haussa Thomas Mösch BdT

Thomas Mösch dirige la redacción en DW

Un posible motivo sería la perplejidad delante de la élite y de una grande parte de la sociedad nigeriana que no parece interesarse en el poder en su país. Mientras que el presidente francés invita a toda Francia y a medio mundo a unirse a protestas que él mismo dirige, el presidente de Nigeria Goodluck Jonathan se deja fotografiar en fiestas de cumpleaños o bodas sin sensibilidad alguna por los crueles atentados en su país. El Presidente manda condolencias a Paquistán y Francia, mientras él no se manifiesta sobre el drama continuo en el noreste de su país.

La sociedad de Nigeria en shock

¿Y el pueblo de Nigeria? Parece haber caído en shock. Mira con recelo las presidenciales en febrero esperando un cambio. Entretanto se lanzan a las redes sociales y a los periódicos con insultos y acusaciones a los que piensan diferente y a los seguidores del otro candidato a presidente. ¿Cómo se puede esperar así solidaridad mundial? ¿Con quién o para quién debería el pueblo salir a la calle en Berlín, Nueva York o Ciudad del Cabo?

Políticos en Europa, Estados Unidos, y también en África, se muestran tan perplejos como la sociedad civil mundial. Precisamente, Paul Biya, presidente de Camerún, ha pedido otra vez ayuda internacional tras nuevas amenazas de terror contra su país. Los países vecinos de Nigeria, Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y hasta China, han ofrecido nuevamente apoyo a Abuja, capital nigeriana. Recientemente, Estados Unidos ha reducido su ayuda al ejército nigeriano porque no confía en que éste lleve a cabo una lucha seria contra Boko Haram. Los países cercanos de Níger y Camerún ven la situación, evidentemente, de la misma manera.

Nigeria es la primera culpable de que no haya solidaridad. Es horroroso que el precio no lo pague la élite política. Lo pagan las numerosas víctimas diarias: cristianos, musulmanes, hombres, mujeres y niños.