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América Latina

La sociedad civil exige apoyo y diálogo

Cooperativas, sindicatos, asociaciones de mujeres: sociedad civil. Dialogar con ella es vital para la democracia. El Foro de la Sociedad Civil UE-CELAC asegura que es imprescindible dotarla de espacio real y presupuesto.

“La lucha contra la pobreza y la desigualdad, la promoción y el respeto de los espacios para la participación de la sociedad civil en la formulación de políticas es vital en todos nuestros países, en Europa y en América Latina y el Caribe”. Así subrayaba Federica Mogherini, Alta Representante de la Política Exterior de la Unión Europea, la importancia de las organizaciones sociales.

En el II Foro de Organizaciones de la Sociedad Civil, celebrado en Bruselas los días 19 y 20 de marzo, organizaciones de campesinos, de trabajadores, de mujeres, de asistencia humanitaria se juntaron con observatorios de derechos humanos, con cooperativista, medioambientalistas de los 61 países de ambos continentes. Objetivo: dejar listo un mensaje conjunto para ser entregado en junio a los jefes de Estado y de Gobierno que se reunirán en Bruselas.

“Apoyamos una sociedad civil independiente, plural y activa a través del diálogo con nuestros socios”, afirmó Mogherini. Sin embargo, “sabemos que algunos países el diálogo es limitado y el margen para el compromiso sigue siendo reducido y se está reduciendo”, acotó.

En un momento en que las relaciones entre ambos continentes están cambiando en el marco de nuevos acuerdos comerciales y de asociación, las autoridades europeas resaltan la importancia del diálogo estructurado con las organizaciones civiles en la construcción de sociedades prósperas. Y también más justas, recuerda el Foro, organizado por la red europea Concord y la latinoamericana Mesa de Articulación.

La sociedad civil como intermediador

“La realidad en América Latina y el Caribe es que la fragilidad de los Estados -que ha sido un proceso sostenido por una voluntad política- ha provocado que la sociedad civil ocupe un lugar como proveedor de servicios, como intermediador”, explica a DW Gabriela Cáceres, de Action Solidarité Tiers Monde, una organización de Luxemburgo que opera en seis países de América Latina y que forma parte de la red Grupo Sur.

Así se entiende, por ejemplo, que en la región centroamericana, aquejada durante décadas por conflictos violentos, el tejido de organizaciones no gubernamentales sea especialmente tupido.

“Las organizaciones del movimiento cooperativo regional hemos ido acumulado experiencia durante siete décadas”, comenta a DW Luis Guillermo Coto Moya, costarricense que representa a una gran red de cooperativas.

“Mediante la fórmula de carácter asociativo, pequeñas comunidades –donde el Estado no alcanza a ejercer su función- han encontrado sus propias soluciones en educación, en ahorro, en generación de fuentes de empleo con soluciones emanadas de la gente. Somos organizaciones que vivimos con la gente”, cuenta a DW. “Podríamos ser un aliado natural en la construcción social”, agrega.

¿Es posible la crítica?

Pero no siempre se ve así, y las organizaciones de la sociedad civil son una piedra en el zapato de no pocos gobiernos. “Su rol molesto comienza cuando quieren criticar o participar realmente en la toma de decisiones”, dice Cáceres. En el monitoreo del cumplimiento de estándares sociales por parte de la industria extractiva, por ejemplo, debería estar presente.

“En Perú –donde los estándares laborales se han bajado para atraer la inversión extranjera- se han elevado las sanciones para quienes participan en acciones de protesta por la actividad de las empresas mineras. Se ha autorizado a las fuerzas policiales a usar armas de fuego. No ha disminuido el nivel de movilización, pero se ha elevado el número de muertos”, decía a DW Juan José Gorriti, de la Confederación General de Trabajadores de Perú, que aglutina organizaciones campesinas e indígenas. En la denuncia de incumplimientos de acuerdos ve el líder sindical la función de su organización.

“La criminalización de la protesta se vive de manera muy dura en países como Honduras y Guatemala: la cantidad de casos es enorme”, apunta por su parte Cáceres, resaltando no obstante la importancia de las organizaciones de la sociedad civil para interpelar, criticar, detectar problemas, aportar ideas.

Voluntad y presupuesto

Así pues, uno de los mensajes más importantes de cara a la Cumbre sería que "hay que esforzarse por comprender qe la democracia no son solo elecciones, un presidente, ministros y quizás un congreso ”, prosigue Cáceres, resaltando el déficit de diálogo con la sociedad civil sobre educación, salud, políticas de género, políticas laborales.

Con todo, advierte, "sin presupuesto, agenda, amplia participación y monitoreo, el diálogo birregional con la sociedad civil que los acuerdos promueven no será más que una formalidad, que a veces se cumple, pero que no sirve para nada”.