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Alemania

La política exterior alemana y la ayuda militar

Alemania discute sobre el suministro de ayuda militar a los kurdos de Irak. Es un giro sorprendente que no debe acallar el debate sobre la búsqueda de soluciones políticas, en opinión de Melinda Crane.

Ese turbulento verano ha puesto algunas cosas de cabeza. En Alemania, Los Verdes muestran comprensión para el envío de armas a los combatientes peshmerga kurdos, mientras Barack Obama se expresa en los términos en que suelen hacerlo los políticos de oposición germanos: “No hay una solución militar para la crisis de Irak”.

Entretanto se desarrollan en Alemania vehementes discusiones sobre las ventajas de una solución militar “made in Germany”. Solo un día después de haber rechazado categóricamente el envío de armas a regiones en conflicto, el Gobierno alemán señaló el martes (12.08.2014) que estudia el envío de pertrechos no letales, para ayudar a Irak a hacer retroceder al grupo yihadista “Estado Islámico”.

La ministra alemana de Defensa, Ursula von der Leyen, aventuró que eventualmente se podría suministrar cascos, chalecos antibalas, vehículos blindados, aparatos de visión nocturna y material sanitario. Incluso el ministro de Relaciones Exteriores, Frank Walter Steinmeier, mostró disposición a despejar la vía para el suministro de material militar. Indicó que, en vista de lo dramático de la situación, estaría dispuesto a “llegar hasta los límites de lo política y legalmente factible”.

Giro en la política exterior

Sorprendente es el giro que se h producido en un debate que se inició a comienzos de febrero en la Conferencia de Seguridad de Múnich, cuando Von der Leyen y Steinmeier se sumaron a las palabras del presidente federal en cuanto a que Alemania debe desempeñar un papel más activo en el escenario mundial. En junio, Joachim Gauck dio un paso más y dijo que “a veces eso también incluye el empleo de medios militares, como último recurso”.

Políticos de izquierda criticaron duramente al presidente por sus declaraciones. Y las encuestas indican que la mayoría de los alemanes querrían mantener el antiguo statu quo: el de las ambiciones económicas aparejadas de retraimiento diplomático y militar.

Pero este verano de conflictos candentes en Ucrania y el Medio Oriente pone en tela de juicio un postulado que determina gran parte de la política exterior alemana desde 1989. La opinión pública germana se aferraba a la idea de que la caída del Muro de Berlín marcaba la tendencia hacia un mundo en que la violencia es solo una desviación irracional y en el que la solución de los conflictos supone más bien un desafío humanitario que uno estratégico o militar.

Giros retóricos

Quizás sea esta la razón por la cual el término “genocidio” aparece con tanta frecuencia en las actuales discusiones sobre suministro de armas.

Melinda Crane.

Melinda Crane.

Tal vez la retórica humanitaria vuelva las soluciones militares un poco más apetitosas para la escéptica opinión pública, pero eso no las hace más eficaces. Ninguna región ilustra la potencial “salida del tiro por la culata” mejor que el Medio Oriente, donde con frecuencia las armas aterrizan en manos de gente que persigue objetivos opuestos a los de quienes las suministraron. El envío de pertrechos no letales libera recursos que pueden ser destinados a armas mortales. Si Berlín sigue respaldando a Irak en sus fronteras existentes, la esfera política debería cuidarse de entregar material militar de cualquier tipo a un grupo que no oculta su aspiración a erigir un Estado kurdo independiente.

Las exportaciones de armas no son política exterior, y tampoco tienen nada que ver con la responsabilidad estratégica en la que pensaba el presidente alemán. Gauck advirtió que podría haber escenarios en los que Alemania no debería suministrar armas, sino recolectarlas.

La discusión proseguirá con certeza, a más tardar cuando en la cumbre de otoño de la OTAN se aborden los diferentes presupuestos militares de los países miembros. Los meses pasados han mostrado una división de labores muy efectiva: mientras Estados Unidos lleva la carga principal en el Medio Oriente, Alemania desempeña un papel importante en su vecindario inmediato, con sus infatigables esfuerzos diplomáticos por impedir que el conflicto ucraniano derive en una guerra abierta entre Kiev y Moscú. Y ese es un aporte no menor en el candente verano de 2014.

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