1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

Secciones

La planta de Laguna Verde: ¿una bomba de tiempo?

Aunque la central nucleoeléctrica de Laguna Verde no ha reportado hasta ahora ningún accidente grave, sigue habiendo denuncias de expertos sobre las deficientes condiciones en materia de seguridad con las que opera.

default

Planta de Laguna Verde, en las costas de Veracruz.

La planta de Laguna Verde, situada en las costas de Veracruz (Golfo de México) cuenta con dos reactores muy parecidos a los de Fukushima, cuya historia se remonta a 1972. “Son de una tecnología muy antigua que utiliza agua en ebullición. Debido a una serie de retrasos, la central nuclear fue concluida en 1986, después de más de 12 años en construcción”, dice el físico Rubén Dorantes, investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en conversación con Deutsche Welle.

Aunque no ha habido ningún accidente grave, Dorantes sabe de varios incidentes ocurridos en la planta durante la última década. “Las autoridades no han dicho nada al respecto. El Lobby nuclear es muy fuerte y muy cauteloso con la información que divulga. A pesar del accidente de Fukushima ocurrido en Japón, México quiere continuar con su estrategia nuclear”, advierte el experto.
Varios especialistas han denunciado las deficientes condiciones de seguridad con las que opera la planta desde que inició sus operaciones comerciales en 1991, entre ellos el ingeniero nuclear británico John Large, que realizó en el 2000 un informe por pedido de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, por sus siglas en inglés).
“La asociación solía hacer este tipo de escrutinios en las centrales nucleares de sus países miembros y envió un equipo a la planta de Laguna Verde, que me entregó un informe de 200 páginas bastante alarmante”, afirma Large.
“Todos los problemas detectados demuestran que la organización de Laguna Verde, cuando fue inspeccionada, era caótica. El país no contaba con la infraestructura adecuada, no contaba con personal capacitado ni la experticia necesaria para operar una compleja central nucleoléctrica como esa”, destaca el experto. Large explica que durante los últimos 5 o 6 años la planta ha funcionado bastante bien aunque a un costo muy alto, pues ha tenido que contratar expertos extranjeros.
El peligro real: un huracán
Fishermen try to secure their boats as tropical storm Karl arrives in the town of Mahahual, southern Mexico, Wednesday, Sept. 15, 2010. Karl is expected to quickly weaken into a tropical depression as it slogs across the flat peninsula before heading back out over the Gulf of Mexico, where it could turn into a hurricane by the end of the week and threaten the central Mexican coast. (AP Photo/Israel Leal)

El huracán Karl azota la costa de México en septiembre de 2010.

Aunque Laguna Verde se encuentra sobre una zona sísmica y de una alta densidad demográfica, expertos advierten que el peligro más inmediato no es un terremoto ni un tsunami, sino un huracán. Hasta ahora el más cercano fue el huracán Karl, que golpeó las costas del Golfo de México el año pasado pero no llegó hasta la planta nuclear.

“Nos preocupa muchísimo que un huracán pueda ocasionar un accidente grave en Laguna Verde”, advierte por su parte Claudia Gutiérrez de Vivanco, portavoz del grupo antinuclear Madres Veracruzanas, una organización que se fundó en Jalapa, Veracruz, a raíz del accidente de Chernóbil y se ha mantenido activa desde entonces.
“Hay que recordar que el sistema de enfriamiento de los reactores es a base de agua y, además, para poder echar a andar los sitemas de seguridad se requiere electricidad. En Fukushima se interrumpió el suministro eléctrico y por eso no podían detener los reactores. Aquí en México un huracán podría tener consecuencias similares", apunta.
Gutiérrez de Vivanco recuerda el trabajo de campo que realizó la Asociación Mundial de Operadores Nucleares en 1999, la base del estudio de John Large. “Hicieron más de doscientas recomendaciones en materia de seguridad. Ése ha sido el único estudio que hemos podido tener en nuestras manos porque las autoridades nos niegan la información. No hay transparencia, pese a que está en juego la seguridad de la población”.
Sin embargo, la activista está en contacto con los trabajadores de la planta, que son los que le informan. “Sabemos que han tenido problemas. En el 2006 estuvimos a punto de tener un accidente grave, incluso se echó a andar el plan de emergencia radiológico. Hubo una falla y se quisieron echar a andar los sistemas de seguridad pero no funcionaban en ninguna de las dos unidades hasta que finalmente lograron apagarlos”, recuerda.
Greenpeace activists protest against nuclear energy in front of Mexico's Energy Secretariat (Sener) in Mexico City, Thursday March 31, 2011. The sign reads in Spanish, Nuclear? No, Thanks! (AP Photo/Alexandre Meneghini)

Activistas de Greenpeace cuelgan lienzos antinucleares en México, en marzo de 2011.

Consecuencias irreversibles
Según John Large, cuando las cosas salen mal en una planta nuclear el daño es muy severo. La dispersión de la radiación puede ser intolerable. “Si un país como Japón, altamente industrializado y con una excelencia en ingeniería y altos controles de calidad no estuvo en condiciones de operar una planta nuclear de manera segura, con todo respeto, pero no sé dónde queda parado México”.
Beatriz Olivera, coordinadora de la campaña energética de Greenpeace México, señala que la planta se encuentra en una de las zonas más pobladas del país como es la costa veracruzana. “Pese al accidente de Fukushima, el gobierno lanzó una campaña mediática a favor de la energía nuclear e incluso se habla de la construcción de nuevos reactores en Sonora y Veracruz”.
El físico Rubén Dorantes es contundente. “México no tiene ninguna necesidad de apostar por la energía nuclear teniendo tantas fuentes de energía. Además, sufre de una dependencia energética y tecnológica muy alta, pues ni siquiera tiene el cumbustible nuclear asegurado, lo tiene que importar”, afirma. El investigador no cree que la actual administración ni la siguiente se aventure en la construcción de una nueva planta.
“Es una empresa de largo plazo”, dice por su parte Large. “Bajo los estándares actuales, con reactores de la tercera generación que operarán por unos 60 o 70 años, la construcción de una planta toma unos seis años, pero su desmantelamiento puede demorar hasta 150 años y el problema sigue siendo la basura radioactiva, particularmente el combustible de deshecho, que requiere un manejo institucional pues su vida se prolongará durante 10.000 años más. No podemos dejar el problema a la siguiente generación y decirle: de aquí sacamos nuestra electricidad, ahora ustedes arréglenselas con los deshechos”, advierte.
El experto británico teme que con la renuncia a la energía nuclear en países como Alemania, Suiza e Italia, los grandes operadores nucleares buscarán vender su tecnología a países en desarrollo.
Autora: Eva Usi
Edición: Emilia Rojas

Enlaces externos