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Política

La ONU se reúne en una conferencia vital, pero con pocas perspectivas

El miércoles, las Naciones Unidas se reúnen en Nueva York para hablar de la crisis financiera y, antes de que dé comienzo la Conferencia, uno de los principales objetivos del milenio parece ya inalcanzable.

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La Confrencia de la ONU sobre la crisis financiera durará tres días.

Reducir hasta 2015 la pobreza a la mitad: éste era uno de los fines más importantes entre los objetivos del milenio fijados por las Naciones Unidas. Según los últimos datos del organismo, más de 1.000 millones de personas, un sexto de la población mundial, pasa hambre y, a día de hoy, la situación económica internacional le resta posibilidades a las aspiraciones de mejora.

Con esta premisa como transfondo, los miembros de la ONU acuden a Nueva York para tratar en una conferencia de tres días los efectos de la crisis financiera. Serán sobre todo los países en vías de desarrollo quienes se vean más afectados por coletazos de la recesión, ya que son ellos los más dependientes de la economía mundial. El encuentro en la ciudad estadounidense podría ser para muchos Estados de vital importancia, si no fuera porque los menos confían en sus resultados.

Faltan las divisas de los inmigrantes

Varias son las organizaciones de ayuda humanitaria que advierten de las graves consecuencias que traería consigo un fracaso de las conversaciones en el seno de Naciones Unidas. Los problemas que acarrea la crisis financiera internacional son muchos y muchas las necesarias medidas a tomar.

Cáritas International, por ejemplo, pide a los reunidos en la ciudad estadounidense que apuesten decididamente por un cambio en la estructura financiera mundial. Con la crisis, la fuga de capitales se ha convertido para los países en vías de desarrollo en un problema aún mayor que le supone a sus sociedades unas pérdidas de "entre 500 y 800 millones de dólares por año", asegura el director de la ONG, Oliver Müller. "A este respecto, hay que actuar inmediatamente y la Conferencia de Nueva York jugará un papel fundamental", añade.

Otro aspecto en el que organizaciones como Cáritas descubren la incidencia de la situación económica es en la drástica reducción de las remesas que los trabajadores inmigrantes envían a sus familias en los países de origen. Hasta hace poco, 300.000 millones de dólares circulaban en todo el mundo fruto de este reparto de los ingresos, más del doble del presupuesto que se dedica a la ayuda oficial al desarrollo. Ahora, el dinero que los extranjeros envían a casa mengua o incluso desaparece. Muchos se ven obligados a regresar.

Un 1% de lo que cuesta reforzar la coyuntura

Para amortiguar los efectos de la crisis financiera, las ONG proponen que los Estados industrializados dediquen un 1% de los fondos incluidos en los programas de refuerzo de sus coyunturas a la ayuda al desarrollo. Alemania aún no alcanza dicha cifra, pero al menos ha puesto ya 100 millones de euros a disposición de los Estados más necesitados.

"La cantidad es considerable", reconoce Müller, "y creo que es una buena señal para que otros países ricos se decidan también a actuar". Aún así, "cuando se contempla las dimensiones de esta crisis, 100 millones de euros son, en comparación con lo que los gobiernos se están gastando en salvar bancos, un monto bastante pequeño", puntualiza Müller. En todo el planeta, casi 7,6 billones de dólares salidos de las arcas públicas han pasado a engrosar paquetes y fondos de estabilización de las economías.

Con todo y pese a la relevancia del evento neoyorquino, incluso la por lo general optimista ministra alemana de Desarrollo, Heidemarie Wieczorek-Zeul, se conforma con un acuerdo de mínimos y renuncia a aspirar a que se concrete la cuantía de las ayudas. "Si de la Conferencia sale al menos alguna declaración de buenas intenciones, la certeza de que los países en desarrollo van a seguir en el punto de mira de la Comunidad Internacional, de que se les va a ayudar, de que vamos a impedir que caigan en una nueva espiral de endeudamiento, ya estaré contenta", asegura Wieczorek-Zeul.

Autor: Marcel Fürstenau/ Luna Bolívar

Editor: Pablo Kummetz

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