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Sociedad

La “McDonaldización” del montañismo

La comercialización no conoce límites y los picos de la cadena montañosa del Himalaya no son la excepción, aunque tenga como consecuencia la muerte. La sistematización de las expediciones alpinistas tampoco se salva .

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El alpinista tirolés Karl Unterkircher en el Nanga Parbat, antes de morir en su intento de conquistar la cima el 16 de julio de 2008.

Un grupo de turistas, que se proponía escalar el segundo pico más alto del Karakorum (K2), con una altura de 8.611 metros, quedó atrapado por la nieve, cuando una avalancha bloqueó el camino de vuelta. Dos de los escaladores perdieron la vida. Durante la mañana del día siguiente se produjo otra avalancha que arrastró a los alpinistas que buscaban una fórmula para bajar de la montaña. También en esta ocasión hubo muertos.

Entre las víctimas se encontraban tres coreanos, dos paquistaníes, dos nepaleses y un alpinista de Noruega, Italia, Irlanda y Serbia respectivamente. Afortunadamente, dos holandeses pudieron ser rescatados, aunque sufrieron quemaduras y graves lesiones debido al congelamiento.

“Extraño, verdaderamente extraño”, de esta manera calificó el presidente de la Asociación de Montañistas de Pakistán, Nazir Sabir, el hecho de que los alpinistas hayan emprendido el ascenso al oscurecer.

¡Yo quiero el “all-inclusive K2”!

La seguridad no está necesariamente garantizada. Algunas compañías de turismo que realizan este tipo de expediciones no comentan nada acerca de la seguridad de sus clientes y describen que el K2 “está dentro de las capacidades regulares para ser trepado por un escalador de montañas y colinas”.

Reinhold Messner, alpinista experimentado, critica fuertemente las expediciones extremas que se llevan a cabo en las montañas asiáticas. “La gente cree que ir al K2, es como ir en un viaje ‘all-inclusive’ para Bangkok”, comenta el deportista a la revista alemana “Spiegel”.

Messner, advierte que aquellas personas que quieran escalar montañas de esa altura, tienen que poder responder y actuar bajo mando propio en situaciones extremas, aun estando solas.

Pero por supuesto, en un mundo facilista, en el cual todo se puede comprar, quien tiene el dinero hoy en día también puede hacer un tour por el K2 ya que “allí donde hay demanda, hay un mercado, que por cierto recibe mucho dinero”, opina Messner. Los alpinistas aficionados están dispuestos a pagar montos entre 30.000 y 40.000 euros para tener una experiencia de este tipo.

Gloria, ¿pero a qué precio?

Ningún precio parece ser demasiado alto para los alpinistas aficionados. Aquellos que toman parte en estas expediciones comerciales, deben tener claro el hecho de que pueden sufrir quemaduras en sus miembros o hasta morir en el intento. “Gloria y la ambición exagerada”, como comenta el montañista sueco Fredrik Sträng, pueden llegar a ser mortales.

La experiencia que han ganado Sträng y Messner a través del tiempo, no puede ser comparada con la de los turistas que recién se aventuran a escalar montañas. El alpinismo requiere de una preparación enorme y no es cosa para cualquiera.