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Alemania

La Ley Fundamental sigue viva, y funcionando

60 años después de su entrada en vigor, la Ley Fundamental o Constitución alemana sigue ejerciendo “excelentemente” su labor democrática, opina Felix Steiner.

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La República Federal de Alemania hoy: una democracia estable y funcional; un reconocido miembro de la Comunidad Internacional; un vecino al que nadie teme; un país que disfruta de un bienestar sin igual en su historia. Un ejemplo a seguir para muchos otros Estados.

Nada de esto podía predecirse hace 60 años. La RFA en 1949 era un país ocupado que se fundaba por presión y clemencia de estadounidenses, británicos y franceses. Un Estado únicamente en la zona occidental y, por ello, sólo aceptado por los políticos alemanes como provisorio. El 23 de mayo de 1949 no fue para los alemanes un día alegre. En aquellos momentos, tenían otras preocupaciones: en las bombardeadas ciudades faltaban viviendas; siete millones de desplazados, procedentes de los antiguos territorios orientales de Alemania, llegaban en busca de una nueva patria; el trabajo era un bien escaso; más de un millón de hombres alemanes se encuentran desaparecidos o internados en campos para prisioneros de guerra. Y no menos relevante: ante los crímenes sin parangón cometidos por el nazismo, Alemania era el paria de la Comunidad Internacional.

Pero, ¿qué fue lo que hizo posible el éxito de la fundación del Estado alemán? Principalmente, dos cosas: la RFA estuvo en manos de magníficos cancilleres. Mención especial merecen Konrad Adenauer, Willy Brandt y Helmut Kohl. Adenauer, escéptico de su propio pueblo, que ancló firmemente al país en Occidente y evitó con ello la repetición de más “vías alternativas” alemanas, de esas que habían conducido a Europa a dos guerras. Brandt, que les tendió, más allá del Telón de Acero, una mano reconciliadora a los vecinos del este. Y Helmut Kohl, que configuró la reunificación alemana de modo que nadie le temiera a una Alemania fuerte.

El segundo motivo es sin lugar a dudas el éxito económico de la RFA. Con el bienestar al alza durante los años 50 creció considerablemente la confianza de los alemanes en los valores de la democracia liberal. Desde entonces, los partidos radicales, con independencia de que sean de izquierdas o de derechas, no encuentran apoyos en el país. Y tampoco las únicas elecciones libres celebradas en la RDA [República Democrática Alemana] en 1990 fueron sólo un voto a favor de la libertad, sino principalmente un llamado a iniciar el camino hacia una mejora de las condiciones de vida siguiendo el ejemplo de la parte occidental del país.

Este hecho deja claro que, incluso en un año de celebraciones como ése, la autocomplacencia estaba fuera de lugar. Una democracia estable es un valor en sí mismo: también más allá de las crisis económicas. Pero que desde hace años crezca sin cesar el porcentaje de alemanes que otorga más importancia a la seguridad social y a la justicia social que a la libertad debería desatar alarma. También los sistemas totalitarios hicieron de la “justicia” uno de sus principios: la libertad sólo se encuentra en la democracia. Por lo tanto, la libertad no es un estado permanente, sino algo por lo que una democracia debe luchar cada día. Los ciudadanos y ciudadanas sobre los que se sustenta la democracia tienen que participar de ella, para lo cual, 60 años después de su entrada en vigor, la Ley Fundamental alemana sigue proporcionando un excelente marco.

Autor: Felix Steiner

Editor: Pablo Kummetz

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