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Política

La indignación llega a Nueva York y Washington

Un movimiento de protesta llega a las calles de Nueva York y Washington. Como en Madrid, la mayoría son jóvenes. ¿Qué tienen en común? ¿Qué pretenden?

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Occupy DC

No tienen agenda, tampoco líder. Sólo tienen una misión: mostrarle a los bancos y los jefes de Wall Street que están hartas de pagar sus cuentas. Su nombre es programático: Occupy Wall Street. Desde hace algunas semanas están muy activos en Nueva York, el fin de semana anterior su actividad se ha ampliado a otras ciudades en donde la gente joven ocupa plazas y protesta contra el entramado de dinero y política. En Washington, los manifestantes acampan desde el 1 de octubre en McPherson Square en el centro de la ciudad.

El orden del día para la reunión en la plaza del centro de Washington gira en torno al lema: “No recortes de plazas de trabajo”. Han asistido 50 manifestantes. Dos veces al día se reúnen; las reglas de comportamiento están claras, toman decisiones y planifican acciones. El grupo de apariencia caótica está muy organizado. El que quiere tomar la palabra tiene que hacer fila, ceñirse al tema y no hablar demasiado tiempo. En una pizarra se lee el orden del día, que incluye una marcha a través de la ciudad hasta el museo de la noticia, Newseum, en donde Joe Biden tiene un acto político.

Occupy DC

Manifestante: un ex docente de ciencias de la cultura

Un ex docente de ciencias de la cultura

Legba Carrefour, de 30 años, ha estado desde el comienzo en el movimiento Occupy DC. Vive en Washington, estudió ciencias de la cultura. Su puesto de docente en la Uni fue suprimido, él fue despedido. Para sobrevivir, trabaja en un nightclub. Tiene que desocupar el lugar donde vive: “voy de una oficina a otra oponiéndome al desalojo. Las noches las paso aquí. La idea me gusta: no marchar en protesta a través de una ciudad, sino ocupar una plaza y adueñarme de ella. Si me echan de mi casa, pues aquí hago mi hogar. De aquí no me muevo”, dice a DW.  Al principio sólo eran tres; Carrefour –de pelo negro y un piercing en el labio- está convencido de que la próxima semana serán más.

Una sindicalista

A la experimentada sindicalista Leslie le parece conmovedor ver tanta gente joven. Esta mujer de 60 años subraya que los sindicatos nunca han podido imponer condiciones laborales y pagos; el apoyo de la población les ha faltado. “Esto es un rayo de esperanza; nos atañe a todos. Tenemos que reconquistar América. Tenemos que velar porque el uno por ciento rico de esta población pague su cuota y que no viva a costa del otro 99 por ciento”, afirma.

Occupy DC

Los sindicatos se han unido al movimiento

Habla un especialista

Esta ola de protesta –entre Boston, Chicago y Los Ángeles- requiere del apoyo de redes con financiación, opina Thomas Vernon Reed, politólogo y autor del libro “El arte de la protesta: cultura y activismo, del movimiento ciudadano a las calles de Seattle. “Los movimientos crecen más rápido cuando pueden nutrirse de redes sociales existentes”, puntualiza.

En los últimos días se ha podido observar cómo los sindicatos han entrado en la ola de protestas. Han acabado por reconocer que la energía de la gente joven hace avanzar estos temas comunes. “Estos movimientos suelen comenzar con ideas muy vagas; con el tiempo evolucionan en su ideología y sus exigencias. Poco a poco se van dando cuenta de dónde pueden ejercer de palanca para impulsar cambios”, explica.

La pregunta no es por qué el ciudadano “normal” se lanza ahora a las calles, sino porqué no sucedió antes, teniendo en cuenta el estado de injusticia social. A ello se suma la cuota de desempleo, que supera el 9 por ciento, y la gran insatisfacción de los estadounidenses con su Congreso, con republicanos y demócratas; también el presidente los ha decepcionado.

Occupy DCb

Una veterana del movimiento de protesta

En marcha

Llega la tarde y el grupo se pone en marcha. Muchos son muchachos y muchachas, pero también hay entre ellos jóvenes padres de familia que aunque tienen trabajo se sienten preocupados por el futuro de sus hijos. Muchos han llegado de lejos: de Nueva Orleans, de Alaska.

Lisa Simeone comenzó hace meses a organizar una marcha de protesta para el décimo aniversario de la invasión a Afganistán con el lema Octubre 2011. “Nos solidarizamos con Occupy Wall Street. Algunos de nosotros han ido a Nueva York para protestar; algunos de ellos vienen este fin de semana a Washington. A diferencia de los manifestantes en Wall Street, Simeone tiene una idea clara de lo que exige:“Acabar con la guerra y traer los soldados a casa, terminar la relación de política y dinero. El sistema político en este país es totalmente corrupto, da igual que sean republicanos o demócratas. En vez de invertir el dinero en guerra, hay que invertirlo en trabajo, vivienda, educación, seguridad médica”.

Veteranos de la protesta

En la Freedom Plaza el promedio de los asistentes tiene más años, entre ellos hay veteranos de guerra. Vickie Ryder, de Carolina del Norte, tiene 69 años, pertenece al grupo “Raging Grannies”, las abuelas furiosas. Se organizan a través de Internet. “Mi hijo tuvo un accidente grave y necesitaba en casa una cama de hospital. La aseguradora se negó a pagarla”, cuenta Ryder, que lleva un vestido de flores, un gran sombrero de paja y pendientes con el signo de la paz..

Wall Street Wallstreet Protest Demonstration

Los de Washington han ido a apoyar a los de Wall Street

“No hay persona en este país que no esté afectada por los recortes. Quizás los que siguen bebiendo champán en sus yates no sepan todavía cómo nos está yendo”, dice, añadiendo que el 99 por ciento de la población tiene que doblar el lomo para que un uno por ciento pueda disfrutar. Éste es, según esta jubilada del movimiento de protesta,  la quintaesencia de la ola de protesta internacional, en Estados Unidos, como en Madrid, como en Egipto, como en Túnez.

¿Apenas comienza?

Después de una pequeña parada en el museo, vuelven al lugar de origen. Los automovilistas demuestran su simpatía tocando las bocinas. Los policías cierran un momento el cruce. La marcha pasa por la calle de restaurantes elegantes, K-Street.  Hombres de trajes oscuros están sentados a las elegantes mesas, con cigarro y copa de vino en la mano. Algunos miran enervados cómo avanza el desfile de manifestantes gritando: “ocupar K-Street”.

Legba Carrefour está satisfecho. “Interrumpimos el tráfico y gritamos nuestras consignas”, cuenta, admitiendo que participó sólo un momento de la marcha, luego se fue a un bar. Protestar cansa y le toca tomar la palabra en la reunión de la noche. Se trata de decidir si se quedan en McPherson Square o se unen a la protesta de Freedom Plaza.

La votación es clara: se quedan en la plaza donde nació espontáneamente el movimiento. Acampar en el parque está prohibido y los manifestantes no quieren contravenir la ley. Pero se han hecho a la idea de pasar la noche ahí. “Y si nos detienen, mañana volveremos”, dice Carrefour. Con los otros movimientos de protesta del país todavía hay que establecer exigencias comunes; queda mucho por hacer, dicen los manifestantes de Occupy DC y afirman que el movimiento de protesta apenas comienza.

Autora: Christina Bergmann/Mirra Banchón
Editora: Emilia Rojas

 

 

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