La humillación más grande del mundo: Alemania barre con Brasil | Alemania | DW | 08.07.2014
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Alemania

La humillación más grande del mundo: Alemania barre con Brasil

La selección de Joachim Löw pasó por encima de un equipo brasileño inerme y débil tácticamente. El 7-1 de este martes pasará a la historia.

La escena del niño que llora desconsolado es demasiado gráfica, decidora. La exhibe la transmisión oficial del Mundial, y muestra una realidad abrumadora para el país que organizó la fiesta: en 30 minutos Alemania les dio una clase de fútbol, les pasó por encima, dejó a Luiz Felipe Scolari mirando a la pared, en busca de una respuesta que nunca llegaría, hizo aparecer el fantasma de Neymar, desempolvó el trauma del Maracanazo, sacudió en su tumba los gloriosos laureles de los Pentacampeones.

El partido comenzó con un Brasil dinámico, que se volcó hacia el pórtico defendido por Manuel Neuer. Pero, como en todo el torneo, el planteamiento táctico de Felipao careció de profundidad y fue incapaz de hacer daño. Faltan Kaká, Ronaldinho, Robinho, los grandes olvidados por el entrenador brasileño. Con dos bajas sensibles (el ya citado Neymar y el amonestado Thiago Silva), el plantel local mostró escasez de jugadores de nivel y una profunda crisis de ideas.

La clase de fútbol duró exactos 18 minutos y comenzó con un lanzamiento de esquina que fue empalmado por Thomas Müller en el minuto 10. Tras una larga pausa, donde el juego fue básicamente una lucha en el medio terreno, Alemania descubrió el espacio ideal para hacer daño y mostró que esta selección de Brasil no mete miedo ni impone el respeto que siempre ha infundido la camiseta amarilla. Lo mostraron antes México, Colombia y Chile, que se pararon de igual a igual ante los dueños de casa y su riquísima colección de trofeos, aunque sin la efectividad mostrada por la aceitada máquina germana.

Brasil llora

El vendaval comenzó en toda su ley en el minuto 22, cuando Müller cedió la pelota a Miroslav Klose, quien disparó una y dos veces al arco de Julio César antes de festejar su gol número 16 en los mundiales y, de paso, el rompimiento del récord que compartía anteriormente con Ronaldo. Primer golpe al honor brasileño. Dos minutos después, Toni Kroos volvió a perforar la valla de los locales. Apenas 120 segundos más tarde, el mismo Kroos se cubrió de gloria. Nuevamente dos minutos y ahora Sami Khedira, repitiendo la fórmula de ingresar por el medio y tocar dentro del área de Brasil, alzó los brazos lleno de alegría.

El 5-0 era histórico. La maciza presentación alemana dejaba al desnudo todas las falencias de los locales, desordenados, desconcertados. Hulk jugando de defensa, Marcelo corriendo sin rumbo, David Luiz repartiendo puntapiés, Julio César incapaz de detener una sola pelota. Luiz Felipe Scolari no reaccionó ni siquiera para ordenar a su caótica y vulnerable defensa. A Brasil lo están masacrando y los locales son incapaces de mover las fichas. Ahora el partido se convierte en una escena morbosa: ¿Habrá más goles? ¿Cuántos?

Ni las bicicletas ni las fintas resultan ya. Recién en el minuto 40, Brasil consiguió pasar la mitad de la cancha nuevamente. El primer tiempo terminó y al regreso los locales salieron con decisión en busca de un descuento que hiciera más honroso el resultado. Intentaron en tres ocasiones inventar penales, pero lo que resultó ante Croacia ahora ya no sirve. En el minuto 50 se anotó, por fin, la primera llegada profunda. Un centro de Fred que fue cortado por Neuer, que luego tuvo otras tres intervenciones notables. Eso fue todo. Brasil estaba malherido y solo actuaba por las fuerzas que se sacan de la vergüenza, del respeto por una historia que no puede ser mancillada de forma tan grosera. Pero no basta con eso.

Al otro lado, el técnico alemán Joachim Löw se enojó con los suyos cuando se perdieron un gol. No hay problema: André Schürrle reemplazó a Miroslav Klose y se encargó de anotar dos más, el segundo de notable factura. Los espectadores dejaron el estadio de forma prematura, viendo que mientras los suyos fracasaban ante el arco rival, los alemanes mostraban esa eficiencia tan perturbadora. Oscar descontó en el minuto 90 y dejó 7-1 el marcador. El pitazo final acabó con la pesadilla. Ahora, en el Estadio Minerao solo se escuchan los cantos de los alemanes. Brasil calla. Brasil llora en silencio.

Diego Zúñiga

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