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Economía

La hora de la “economía verde”

Colapso financiero y económico, crisis energética y climática: hallar soluciones es hoy más urgente que nunca. Una opción viable y efectiva parece ser la “economía verde”.

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Campo de colza en Alemania. Con la colza se producen biodiésel, aceite comestible, lubricantes y aceites para sistemas hidráulicos.

Tanto en el paquete de reanimación económica de Estados Unidos como también en el de Alemania se ven ya los primeros signos de cambios fundamentales. En ambos se apuesta en gran medida por las energías renovables, el ahorro energético y la protección ambiental.

La opción por las tecnologías ambientales y las energías renovables no sólo puede crear plazas de trabajo y proporcionar impulsos a la coyuntura económica, sino también frenar el cambio climático. La crisis se transforma de pronto en chance, en oportunidad para abrir brechas donde hasta hace poco había sólo muros.

Y el futuro ya ha comenzado hoy, dice Jürgen Meier, director del Foro Medio Ambiente y Desarrollo, una asociación de 36 ONG alemanas: “Sólo en Alemania, las energías renovables aseguran ya un cuarto de millón de puestos de trabajo, sin programa alguno de reanimación económica. Las inversiones en modernización de edificios, como las que apoyan los paquetes de ayuda actuales, crearán muchos más. Y de paso, con el aislamiento térmico de las casas, se ahorrará mucha energía para calefacción.”

La arriesgada dependencia de las grandes empresas energéticas

Que la dependencia de los combustibles fósiles no es buena, se sabe ya desde hace tiempo. No obstante, sólo ahora, en medio de la peor crisis de las últimas décadas, la política parece querer por fin tomar el toro por los cuernos. ¿Por qué?

Hermann Scheer, presidente de la Asociación Europea pro Energías Renovables e iniciador de la Agencia de Energías Renovables (IRENA), una institución estatal alemana, lo explica así: “Un importante papel desempeñó la influencia de las grandes empresas energéticas, que intentaron minimizar el potencial de las energías alternativas, porque veían en ellas peligrosas competidoras.”

Las resistencias contras las energías renovables y una “economía verde” se deben a razones fundamentalmente económicas, agrega Scheer: “La transición hacia las energías renovables impulsará simultáneamente vastas transformaciones económicas estructurales. Ello es inevitable, porque esa transición supone que energías primarias comerciales –petróleo, gas natural, carbón y uranio– serán sustituidas por energías primarias no comerciales, como el sol, el viento, el agua, las olas y el calor de la Tierra, que nada cuestan. Ese hecho supone a su vez que no se puede pasar de ser proveedor de petróleo, gas o carbón a ser vendedor de rayos de sol o viento, que no pueden privatizarse ni su propiedad ser limitada a unos pocos países.”

De la propiedad de petróleo a la propiedad de la técnica

En otras palabras, lo esencial en el abastecimiento energético pasará de los derechos de propiedad sobre los portadores fósiles de energía a la técnica: la técnica necesaria para la transformación de las fuentes de energía que pone a disposición la naturaleza. En palabras de Scheer: “En lugar de una economía de la energía primaria pasaremos a una economía de la técnica.”

Las tecnologías para ello existen. Ello no es el problema. Ahora es el momento de emplear esas tecnologías de forma que la energía generada pueda ser pagada por el consumidor. Y, según Virgina Sonntag-O'Brien, directora de REN 21, la Red Internacional de Energías Renovables, “se trata también de la voluntad política: debe existir la voluntad política para dar ese paso que aleje a la sociedad de los portadores energéticos fósiles y nos lleve hacia una nueva economía verde, sostenible, por razones climáticas, energéticas, de seguridad, ambientales y de salud.”

La era industrial clásica, con sus chimeneas humeantes y sus combustibles fósiles, parece pertenecer definitivamente al pasado. Todo indicar que sólo tecnologías de bajo impacto ambiental y energías renovables ofrecen una perspectiva real para el siglo XXI. Y que la política lo ha comprendido.