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Europa

“La guerra lo hace todo más difícil”

Cinco días dura ya la guerra en Georgia. Las partes han depuesto las armas, se dice. Pero hay quien clama que el conflicto continúa. DW-WORLD habló con Dieter Boden, un diplomático con amplia experiencia en la zona.

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Soldados rusos en las calles de Georgia.

Dieter Boden conoce bien los conflictos del sur del Cáucaso: entre 1995 y 1996 dirigió en Georgia una misión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), después viajó a Abjazia como enviado especial de Naciones Unidas y entre 1999 y 2002 estuvo, de nuevo en la república caucásica, al mando de un grupo de observadores de la ONU.

DW-WORLD quiso saber cómo ve alguien con tan amplia perspectiva los últimos acontecimientos en la zona.

Usted trabajó durante años en Georgia como mediador de la OSCE. Ahora, el conflicto en torno a las provincias secesionistas Osetia del Sur y Abjazia recobra nueva vida. ¿Le ha sorprendido?

Dieter Boden: No creo que aquí se haya sorprendido nadie. La situación llevaba años empeorando, en 2004 se estancaron las negociaciones y desde entonces las dos partes se han estado armando… hasta desencadenar una guerra…

La guerra empezó por la decisión de Georgia de “reconquistar” Osetia del Sur, ¿por qué cree usted que el país apostó por el enfrentamiento directo?

Aún no está claro quién disparó primero. Si se permite que la tensión escale, la situación se vuele impredecible. Se puede especular sobre por qué ha empezado la guerra ahora y no en otro momento. Algunos políticos en el Gobierno georgiano llevaban mucho tiempo presionando en esa dirección. A lo mejor creyeron que a la sombra de los Juegos Olímpicos sería más fácil. Pero también entre los rusos sobran los agitadores.

Usted dirigió la misión de observadores de Naciones Unidas en Georgia. ¿Por qué han fracasado hasta ahora todas las negociaciones?

Han fracasado porque las posturas no son conciliables: Georgia quiere reintegrar a las regiones secesionistas en el Estado, Osetia del Sur y Abjazia exigen independencia. Hubo negociaciones y, por ejemplo, se tomaron medidas para reestablecer la confianza y poner en marcha pequeños proyectos económicos, financiados por la Unión Europea. Pusimos las primeras piedras del camino que debía llevar a una solución del conflicto.

Pero a ambas partes les faltó la paciencia y la consecuencia necesarias en todo proceso de paz. Tampoco Rusia apoyó suficientemente estos esfuerzos. Y Occidente ha ignorado durante años el potencial de conflicto contenido en el sur del Cáucaso. En ese aspecto siempre me dio la impresión de que nuestro trabajo no gozaba en las capitales occidentales del apoyo que hubiera requerido.

Hace unas semanas, el ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, viajó como intermediario a la región, ¿demasiado tarde?

Esos esfuerzos hay que saber valorarlos, pero llegaron demasiado tarde y en un momento en que las negociaciones se encontraban ya en punto muerto.

Si tuviera que hacer balance: ¿qué es lo que logró usted como diplomático en Georgia?

Yo estuve allí en un momento en el que se podía trabajar constructivamente en algunos proyectos, como el regreso de los refugiados a sus hogares. También desarrollamos conceptos de regulación del conflicto que todavía hoy siguen siendo válidos. Lo que faltó fue, por las dos partes, la voluntad política de ponerlos en práctica. Pero personalmente tengo la sensación de haber fracasado: si al final estalla la guerra, todo lo que se intentó fue para nada.

¿Qué son esos “conceptos de regulación de conflictos”?

Son propuestas sobre cómo se puede lograr que las partes se sienten a negociar. Para el caso de Abjazia existe uno de esos conceptos, que yo mismo elaboré en 2001 y todavía es aplicable. La base es que la integridad territorial de Georgia permanezca inalterada.

¿Logrará Georgia mantener su integridad territorial? ¿Qué podría pasar en Abjazia? ¡Siga leyendo!

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