“La Guerra de las Malvinas fue una guerra muy particular” | América Latina | DW | 02.04.2012
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América Latina

“La Guerra de las Malvinas fue una guerra muy particular”

Este 2 de abril de 2012 se cumplen 30 años de la Guerra de Malvinas, en la que perdieron la vida 655 argentinos y 255 británicos, y Argentina tuvo que capitular. Un historiador inglés analiza el conflicto.

Bandera británica flamea sobre la Bahía de Ajax (1982).

Bandera británica flamea sobre la Bahía de Ajax (1982).


El historiador y militar británico Martin Middlebrook, nacido en 1932, escribió varias obras sobre los hitos decisivos de las dos Guerras Mundiales. El renombrado historiador es miembro de la Royal Historical Society y también escribió “La lucha por las Malvinas”, de 1989, en el cual combina fuentes de ambos bandos y analiza la guerra entre Gran Bretaña y Argentina por las Islas Malvinas, de la que hoy se cumplen 30 años.

DW: en el prólogo de uno de sus libros usted dice: “Lo que me importa no es escribir sobre política y diplomacia. Lo que me fascina es la guerra”. ¿Qué fue lo que lo fascinó de la Guerra de Malvinas, en 1982, que hizo que escribiera sobre ella?

Martin Middlebrook: La Guerra de Malvinas fue algo muy particular. Hasta ese momento había escrito, sobre todo, libros sobre las Guerras Mundiales, es decir, sobre conflictos de larga duración. Pero lo que sucedió en 1982 fue algo totalmente inesperado. Después de que el crucero argentino General Belgrano y el destructor británico Sheffield se hundieron, comprendí que lo que había comenzado como una prueba de fuerzas se estaba convirtiendo en una verdadera guerra.

Visto desde una perspectiva actual, la decisión del Gobierno británico de entonces, encabezado por la ex primer ministra Margaret Thatcher, parece bastante extraña a mucha gente.

A mí no me parece extraña. Si se analiza en detalle algunos de los principios del envío de unidades especiales, entonces la medida no parece ilógica.

En su libro, usted menciona que aquel país que tenga el control sobre las Islas Malvinas, tendrá asimismo el control sobre aproximadamente 1/6 de las últimas reservas de petróleo del mundo. ¿Cree usted que el Gobierno británico estaba al tanto de eso cuando envió sus unidades especiales?

Islas Malvinas.

Islas Malvinas.

No recuerdo que en esa época se haya hablado mucho de petróleo. Lo que tal vez sí fue un factor importante es el futuro de la Antártida. Mucho más importante, sin embargo, fue la presencia de los británicos en Port Stanley, ya que los asentamientos eran un tema espinoso tanto para el Gobierno británico como para el Gobierno argentino. Si los habitantes de las Islas Malvinas hubiesen dicho que preferían ser gobernados por el Gobierno argentino, creo que el ministerio británico de Relaciones Exteriores se hubiese alegrado muchísimo, ya que se trataba de un asunto muy desagradable que influía negativamente en las relaciones entre Gran Bretaña y los países sudamericanos. Pero los 1.800 isleños manifestaron claramente que querían ser británicos. Eso invalida todo lo demás: la exigencia de Argentina, las perspectivas de hallar petróleo y, por último, también la importancia de la región antártica, que será a largo plazo el único lugar del mundo en el que existan reservas minerales y de petróleo.

El punto principal de la cuestión es que los argentinos ocuparon por la fuerza a un país que no quería ser ocupado. Y Gran Bretaña –si se me permite decirlo- tiene una larga y honorable experiencia en liberar países ocupados. Creo que, en ese momento, eso fue lo más importante para Gran Bretaña. Piense que cuando el Gobierno argentino (la dictadura de la Junta Militar, N. de R.) decidió ocupar las Islas Malvinas, Argentina estaba sumida en problemas políticos, y la ocupación y eventual dominio de las Malvinas eran un factor de distracción de los graves problemas internos de ese país. La ocupación no fue un problema. Pero mantener el dominio sí era más difícil.

Como historiador británico, usted ya había escrito un libro sobre la Guerra de Malvinas desde la perspectiva de Gran Bretaña. ¿Cómo fue recibido en Argentina cuando comenzó a investigar allí con el fin de escribir un libro sobre la perspectiva de los isleños de ese conflicto?

Entre “La Guerra de Malvinas” (The Flaklands War, 1985), desde la perspectiva británica, y “La lucha por las Malvinas” (The Fight for Malvinas, 1989), que incluye el punto de vista argentino, pasaron cinco años. Tuve que esperar cinco años para obtener un visado para ingresar a Argentina.

Usted también conoció la visión argentina del conflicto. ¿Cambió eso su perspectiva?

Mi perspectiva no cambió. Yo viajé a Argentina sin prejuicio alguno. Pero el hecho de que muchos argentinos mantengan firmemente su creencia de que las Malvinas deben pertenecerles a ellos -a pesar del deseo de los kelper de ser británicos- se vio confirmado por mis conversaciones con ellos. Diría que para ellos es casi una obsesión.

A comienzos de 2012 hubo gran conmoción en Argentina porque la Real Fuerza Aérea Británica (RAF, por sus siglas en inglés) envió al Príncipe Guillermo a las Falkland para realizar una misión como parte de sus prácticas como piloto de helicóptero. En Argentina se dijo que era un acto de provocación y que Gran Bretaña quería militarizar las Malvinas. ¿Qué piensa de eso?

Protestas en Buenos Aires.

Protestas en Buenos Aires.

Los efectivos militares británicos en las Falkland siguen siendo los mismos. El Príncipe Guillermo se está formando para ser un miembro más de la Real Fuerza Aérea Británica, especializándose como piloto de búsqueda y rescate, lo cual no es en absoluto una tarea agresiva. Lo que pasa es que la RAF lo envió en un mal momento, pero no es algo de mayor importancia.

La RAF y el Gobierno británico tienen derecho a enviar a quienes ellos decidan a las Islas Malvinas, en tanto no se conviertan en una amenaza mayor para Argentina. La llegada del Príncipe Guillermo les dio a los argentinos una oportunidad de reavivar las emociones que siempre se tratan de sacar a la superficie cuando hay problemas políticos internos. No creo que la situación política y económica de Argentina sea en este momento demasiado estable, y el tema Malvinas ofrece una buena válvula de escape a esos sentimientos y es una distracción de los problemas cotidianos.

Soy lector asiduo de los periódicos argentinos, y debo decir que cada vez hay más gente, pensadores e intelectuales -cuya con opinión se puede tomar en serio- que dicen que ya se ha ido demasiado lejos con es idea fija de que las Malvinas son argentinas, y que Argentina debería reconocer que no cuenta ni con el apoyo de las Naciones Unidas ni con el del resto del mundo. Y que es un asunto que daña las perspectivas de futuro de ese país. Si seguimos observando el desarrollo de esta disputa a lo largo de los próximos 10 o 20 años, tal vez descubramos que la posición en el Atlántico del Sur se ha estabilizado, y que los argentinos desisten de sus amenazas de volver a intentar conquistar las Islas Malvinas, ya sea por la vía diplomática, política, económica o militar. Y mucho menos por la vía militar. En 1982 sufrieron una amarga derrota, y no creo que quieran arriesgar que suceda eso otra vez.

Entrevista: Andrea Rönsberg (CP)
Editora: Claudia Herrera Pahl

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