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América Latina

“La gente está desesperada”

Para el activista Paulino Rodríguez Reyes, de Guerrero, México, la pobreza secular es el caldo de cultivo de la violencia y el crimen y la causa última de la tragedia de Iguala, donde desaparecieron 43 estudiantes.

El activista mexicano Paulino Rodríguez Reyes fue invitado por organizaciones no gubernamentales europeas para hablar sobre los llamados “emigrantes olvidados“. Así se llama a la migración de temporada protagonizada por familias campesinas provenientes de la región de la Montaña en Guerrero, México, que emigran para trabajar en los campos en el norte del país y viven en condiciones de miseria.

Sin embargo, la desaparición de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en ese Estado, que ha puesto en evidencia la infiltración de los grupos criminales en las estructuras del Estado, ha sido el foco de atención durante su recorrido por Europa. Organizaciones como Tlachinollan, Centro de Derechos Humanos de la Montaña, en la que el activista trabaja, se encuentran junto con otras organizaciones civiles mexicanas en la trinchera de lucha contra la impunidad.

Indignación de la sociedad civil

“Hay una gran indignación entre los estudiantes, los padres de familia, la sociedad civil mexicana. Esto es un crimen de Estado“, señala el activista guerrerense. “La gente está desesperada, está enojada, por eso mismo esa reacción en la capital del estado“, dice aludiendo al incendio del Palacio de Gobierno en Chilpancingo a manos de los estudiantes. “Son tres los estudiantes muertos, por lo menos se sabe que perdieron la vida. Pero aquí la exigencia es encontrar a los otros 43 con vida“.

El activista destaca que la extrema pobreza es el común denominador de las familias jornaleras y por eso escuelas rurales, como la normalista de Ayotzinapa, son la única oportunidad para hijos de campesinos en situación de pobreza, en donde se preparan para ser maestros de primaria rurales.

A la normal rural de Ayotzinapa, que ha estado históricamente en tensión con el gobierno mexicano y es tildada de semillero de guerrilleros, por ser ahí en donde estudiaron líderes campesinos como Lucio Cabañas, le fue retirado el apoyo estatal, según Paulino Rodríguez. Y desde hace años le han reducido las matrículas. También han sido recortadas las plazas de maestros rurales en las primarias del Estado. “Pareciera que el Gobierno quiere acabar con ese modelo de escuela y por eso las protestas han sido criminalizadas y desacreditadas“.

Las raíces de la violencia

Los municipio de la zona de la Montaña son sumamente pobres. Es hogar de pueblos indígenas originarios como los Na Savi, una comunidad mixteca a la que pertenece Paulino Rodríguez. Durante siglos esas comunidades vivieron de la agricultura de subsistencia. Sembraban arroz, maíz, frijol y calabaza, y tenían árboles frutales. El Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá supuso la entrada de grandes empresas agrícolas que significaron el fin de la agricultura campesina.

Las comunidades indígenas se convirtieron en emigrantes internos. Hasta 60.000 jornaleros de la región de la Montaña y Costa Chica, familias enteras, emigran por temporadas a los estados del norte de México. Los jornaleros del campo viven en condiciones de miseria. A menudo sin contratos laborales, en viviendas sin luz eléctrica, sin agua potable, sin sanitarios. Ese es el caldo de cultivo en que prosperan el crimen y la violencia, cuya eclosión acabamos de ver en Iguala con la desaparición de 43 estudiantes.