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Europa

La frontera entre Grecia y Macedonia es cada vez más porosa

La cifra diaria de refugiados que atraviesan la frontera de Grecia con Macedonia para intentar llegar a Europa Occidental se duplicó hasta los 2.000 respecto a la semana pasada, informaron organizaciones humanitarias privadas. Los cooperantes creen que el fuerte incremento se debe a los planes de Hungría de levantar una alambrada de espino en su frontera para finales de agosto, lo que dificultará el paso de los refugiados por esa última etapa de la denominada ruta balcánica. Algunos testigos hablaron de escenas dramáticas vividas en la ciudad macedonia de Gevgelija, en la frontera con Grecia, cuando cientos de personas intentaron conseguir –a veces con violencia– una plaza en los trenes que van hacia Serbia. Los medios y políticos macedonios ocultan en su mayor parte la situación de caos migratorio que vive el país, mientras que la escasa ayuda a los refugiados llega sobre todo de la Cruz Roja y de organizaciones humanitarias privadas. Según testigos, los policías macedonios han abandonado todo intento de intentar controlar a la masa de refugiados. Estos tienen que registrarse cuando llegan y se les entrega un permiso de 72 horas para circular por el país. Pero la mayor parte de los refugiados sirios, afganos o paquistaníes que llegan a Macedonia no esperan a recibir ese permiso y continúan su viaje sin papeles. Políticos locales se han quejado de que el gobierno central macedonio les ha abandonado ante la avalancha de refugiados. En la ciudad de Gevgelija cada vez hay una actitud más xenófoba, apuntan los cooperantes, mientras que el alcalde de la ciudad serbia de Kanzija, Mihalj Bimbo, realizó declaraciones racistas en las que aseguró que los refugiados "carecen de los elementos más básicos de inteligencia y cultura". En tanto, la prensa de Serbia coincide en que la Unión Europea (UE) podría instar o incluso obligar a este país –que está negociando su adhesión al bloque comunitario– a construir centros de acogida para decenas de miles de refugiados. La semana pasada, la UE desmintió tener planes de ese tipo para unas 400.000 personas. Por su parte, el ministro de Trabajo serbio, Aleksandar Vulin, rechazó ese tipo de instalaciones, que describió como "centros de concentración". (dpa)