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Europa

“La estabilidad de Kosovo ignora las injusticias de la década anterior”

Al cumplirse una década de que la OTAN concluyó su campaña militar en la ex provincia serbia de Kosovo y de que la Alianza anunció la retirada de sus tropas, Amnistía Internacional habla con Deutsche Welle sobre el tema.

A member of the NATO-trained Kosovo Security Force (KSF) guards the Command and Doctrine Center in Pristina, Kosovo, Jan. 21, 2009. Kosovo armed forces took over security duties on Wednesday, less than a year after the territory declared independence and in the face of strong protests from Serbia. (AP Photo)

Miembro de las fuerzas de seguridad de la OTAN en Kosovo, Pristina enero 2009

Con el cese de los bombardeos en la región separatista de Kosovo el 10 de junio de 1999 culminó la última confrontación militar a gran escala entre la OTAN y Serbia en el terreno correspondiente a la ex Yugoslavia. En la década transcurrida desde entonces, Kosovo –que estuvo bajo la administración de Naciones Unidas y que declaró su independencia en febrero de 2008- ha vivido en cierta medida un retorno a la estabilidad. Se espera que la OTAN anuncie la reducción de sus tropas en Kosovo en un tercio, de 15.000 a 10.000 soldados. No obstante, en un informe publicado esta semana por Amnistía Internacional se afirma que Occidente tiene pocos motivos para sentirse orgulloso de los resultados en cuanto a la clarificación de las mutuas violaciones a los derechos humanos por serbios y albanos.

Fracaso de la OTAN

“La OTAN fracasó rotundamente en uno de sus principales objetivos en Kosovo: en asegurar el retorno de los refugiados”, dijo a DW-WORLD Sian Jones, experto para los Balcanes de Amnistía Internacional. “En esa medida, no nos disgusta mucho que algunas tropas de la OTAN abandonen la región. Su papel era más bien decorativo”, añade.

Unos 850.000 albanos fueron obligados a abandonar sus hogares a finales de la década de los noventa del siglo pasado cuando escaló la violencia entre los separatistas albanos –básicamente la Armada de Liberación del Kosovo- y las fuerzas policiales leales a Serbia. Ésta sigue considerando a Kosovo una parte integral de su territorio.

La mayoría de los que huyeron, entretanto, han vuelto. Sin embargo, unos 200.000 serbios y romaníes albaneses siguen siendo refugiados. Las estimaciones de las muertes provocadas por los protagonistas del conflicto y por los bombardeos de la OTAN varían mucho según la fuente; no obstante, siempre se cuentan por miles.

Ofensiva de tres meses

La OTAN empezó a bombardear objetivos serbios el 24 de marzo de 1999 aduciendo el temor de que se avecinaba un genocidio, después de que Rusia y China -aliados de Serbia- bloquearon las medidas de Naciones Unidas para forzar una finalización del conflicto.

La campaña, la Operation Allied Force, fue concluida en menos de tres meses. Pero a la OTAN el retorno de 500.000 refugiados albaneses –cuando cesaron las hostilidades- la cogió de sorpresa. “No estaban nada preparados”, asevera Jones. “La idea era ir a Kosovo y proteger a la población pero nadie había previsto que tantos albaneses iban a retornar tan pronto y no supieron manejar el asunto. Existen informes fidedignos acerca de niños secuestrados a 100 metros de los puestos de guardia de la OTAN”, añade. Amnistía Internacional estima que unos 800 serbios, gitanos y otros procedentes de minorías étnicas fueron secuestrados después de junio de 1999 “casi ante los ojos de las fuerzas de paz de la OTAN”. Amnistía estima que la policía serbia secuestró más de 3.000 albaneses durante la guerra.

Cultura de la impunidad

Kosovo ha desaparecido de los titulares del mundo entero. Y Amnistía Internacional opina que la Unión Europea, la OTAN y el Gobierno kosovar han dado poca prioridad al esclarecimiento de las violaciones a los derechos humanos, especialmente después de un rebrote de violencia de albanos en contra de serbios en 2004.

Kosovo ist Serbien Graffiti

"Kosovo es Serbia", Belgrado, mayo de 2009

“Hay una cultura de la impunidad creada por las autoridades kosovares que han fallado en la persecución de gente sobre la que penden serios cargos”, dice Jones. “La UNMIK –el gobierno interino civil de Naciones Unidas para Kosovo- decidió en 2004 no continuar con la clarificación de las violaciones a los derechos humanos e hizo de la estabilidad política una prioridad”.

Según Amnistía, el actual Gobierno de Kosovo es reticente a perseguir a potenciales criminales de guerra –especialmente del lado albanés- porque muchos de ellos siguen teniendo influencia en la sociedad kosovar. Pero resolver las injusticias del pasado, arguye la organización, es parte integral de una paz futura. “Es competencia de las autoridades de Kovoso el asegurar el derecho al retorno y garantizar la no repetición de la violencia; después de los acontecimientos del 2004, ni los romaníes ni los serbios creen que lo hagan”, dice Jones a DW-WORLD y recalca: “Esperamos que la UNMIK aumente sus esfuerzos por llevar ante las Justicia tanto a serbios como a albaneses”. Diez años después de la guerra de Kosovo, la región está en relativa calma. Pero esa estabilidad ha sido conseguida, dicen los críticos, ignorando las injusticias de la década anterior.


Autor: Jefferson Chase
Editor: Enrique López

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