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Ciencia y Ecología

La dignidad del ser humano en la era de la manipulación genética

¿Cuánta dignidad le queda al hombre en la era de la tecnología genética? ¿Se puede "saber" demasiado? DW-WORLD entrevistó a Wolfgang van den Daele, miembro del Consejo Nacional de Ética.

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Prof. Dr. Wolfgang van den Daele.

DW-WORLD: En la Constitución se sostiene que la dignidad del individuo es inviolable. ¿Quién define que es la dignidad y quién define cuándo se viola?

Wolfgang van den Daele: la dignidad del individuo de la que se habla en la Constitución es en primera línea la protección del individuo y la de su autodeterminación ante posibles arbitrariedades del Estado. ¿Pero es posible que la dignidad se convierta en límite de la autodeterminación? En este momento se registra la tendencia a afirmar que la biotecnología modifica nuestra vida y la de la naturaleza, pero la dignidad es algo que debe ser definido objetivamente.

¿Cómo describe "objetividad" en este caso?

Wolfgang van den Daele: Se han registrado repetidos intentos por definir lo que significa la dignidad humana basándose en valores culturales. Pero los valores van cambiando con la historia. He aquí el meollo del problema: ¿Queremos definir una dignidad objetiva que se contraponga a la autodeterminación de los individuos? Esto repercutiría en casos, como por ejemplo, el consumo de drogas u operaciones de belleza, u otros casos en la que los implicados han dado su consentimiento para que otros hagan algo con ellos.

A propósito de belleza: ¿tiene el hombre el derecho fundamental a la casualidad o tiene un derecho fundamental a corregir lo imperfecto?

Wolfgang van den Daele: Todas las personas tienen, si así lo desean, el derecho fundamental a ser como son. Pero si no lo desean también tienen el derecho fundamental de corregirlo. Esto no lo pondrá en duda nadie. ¿La pregunta es más bien si se tiene el derecho de corregir a otros? Por ejemplo, ¿a los niños?

¿Y se puede?

Wolfgang van den Daele: Sí se puede, pero sólo cuando se está convencido de que es en interés y beneficio de los hijos, por ejemplo. Cuando uno tiene una enfermedad hereditaria y no quiere transmitírsela a sus hijos entonces puede modificar las células. No creo que alguien pudiera argumentar que esto viola de la dignidad del ser humano. No viola mi dignidad ni tampoco la de mi hijo reducir la posibilidad de que tenga que nacer con una terrible enfermedad hereditaria.

¿Qué es lo que piensa usted sobre las terapias genéticas, la investigación embrionaria y la clonación terapéutica?

Wolfgang van den Daele: En lo que se refiere a la terapia genética no existe, desde mi punto de vista, ningún motivo para no interferir en las células para corregir enfermedades hereditarias. ¿Qué es lo que habla en contra de esta posibilidad? ¿Habrá alguien que argumente que su hijo tiene el derecho de heredar una enfermedad? No veo cómo alguien pueda justificar un argumento así.

En lo que se refiere a la investigación de embriones todo depende de si se comprende al embrión como un individuo. O si se le define como algo que puede ser sacrificado a razones mucho más importantes para la vida humana, como por ejemplo, desarrollar células madre con las que se puede sanar a otras personas.

¿Cómo se ve en Alemania en general la problemática?

Wolfgang van den Daele: Se registra una verdadera batalla verbal. Por una parte tenemos a los que argumentan que el embrión es un individuo y que como tal tiene derecho a ser protegido. Los otros indican que el embrión es tan sólo la fase previa a un individuo. Por lo general en este segundo caso se suele basar en la religión judía. Ésta sostiene que hasta los 40 días de gestación no existe un ser. También la antigua religión católica, que tuvo vigencia durante siglos, sostiene que un embrión no es un individuo hasta que se desarrolla el alma.

Yo también defiendo la postura que sostiene que el embrión no es una persona en su totalidad, sino simplemente un nivel de desarrollo en el camino hacia la vida. El embrión debe ceder el paso a los derechos de libertad de seres humanos desarrollados. Creo que es correcto que una buena parte de la sociedad le dé este valor a los embriones. Lo cual no significa que los califiquemos de "moralmente irrelevantes".