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Europa

La delgada línea entre refugiado y migrante

La guerra o la represión no son las únicas tragedias que fuerzan a la gente a huir. DW habla con algunos de los que defienden los derechos de aquellos a los que se niega el asilo.

Bildergalerie Flüchtlingsdrama in Freilassing

Vagón reservado solo para los refugiados.

Refugees welcome. La campaña de solidaridad con quienes huyen de lugares como Siria, Afganistán o Eritrea a raíz de la represión o los conflictos ha calado hondo en la sociedad europea, aunque no tanto en sus líderes. Muchas personas, no obstante, dejan igualmente sus países ante la ausencia de perspectivas de futuro en su patria. ¿Qué perspectivas tienen de obtener protección internacional?

Jen Maman, de Greenpeace International, critica que la definición actual de refugiado “es una definición limitada a la persecución en dimensiones específicas y sólo huyendo más allá de las fronteras estatales”. Quien se vea forzado a abandonar su hogar por otras razones o no llegue a cruzar las fronteras nacionales, por tanto, no tendrá acceso al refugio internacional.

En efecto, la actual definición jurídica del refugiado, que se remonta al Estatuto del Refugiado adoptado en la Convención de Ginebra de 1951, si bien fue en su momento un importante éxito en la defensa de los derechos humanos de estas personas, podría haber quedado hoy desactualizada. Los cambios en las realidades climáticas, sociales o económicas han puesto de manifiesto que esta definición es incapaz de proteger la seguridad de muchas personas.

Cuando el concepto de refugiado no basta

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), 30 millones de personas tuvieron que desplazarse en 2012 como consecuencia de desastres naturales; una tendencia que los expertos alertan que se agravará a causa del cambio climático. De ahí que muchos propongan un nuevo concepto: el refugiado climático. Maman, no obstante, discrepa: “No queremos centrarnos en una terminología que nos distraiga de abordar la falta de protección que existe para las personas desplazadas por razones medioambientales”.

Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho y antiguo presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, cree que “la derecha europea está jugando a una estrategia fácilmente detectable”: la de aprovechar una distinción jurídica entre las categorías de refugiado y migrante para oponer el refugiado al inmigrante económico, “utilizando además el término económico con un carácter peyorativo, como si se tratase de gorrones o de competencia desleal”.

¿Hasta qué punto, se pregunta de Lucas, podemos afirmar que los inmigrantes forzosos, los que no tienen otra opción que marcharse otro país por razones de miseria, desigualdad, etcétera., no deberían gozar de una protección similar? “No lo hace tan distinto de la situación de los refugiados. La frontera se desdibuja”, reflexiona de Lucas, y continúa: “De cualquier forma, no existe justificación para realizar ese planteamiento maniqueo de que los refugiados son muy buenos, pero con los inmigrantes hay que tener cuidado y hay que ponerles todas los dificultades posibles para que no nos invadan y no se queden a aprovecharse de nosotros”.

Los migrantes sí tienen derechos

El catedrático español insiste además en una cuestión que generalmente se pasa por alto: aunque limitado, sí existe un estándar jurídico internacional que protege a los migrantes. Se trata de la Convención sobre los Derechos de los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, de 1990, que entró en vigor en 2003 tras superar las veinte ratificaciones, entre las cuales sigue sin encontrarse ningún estado de la Unión Europea, ello a pesar de la insistencia del Parlamento Europeo y muchas ONG. Las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tampoco han encontrado respuesta.

Al margen de las categorías, de Lucas ve importante no olvidar algo que debería ser evidente: “Estas personas tienen otros derechos, no en su condición de inmigrantes, sino en su condición de seres humanos”.