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Alemania

La CSU comienza: ¡el jefe se va!

La era de Horst Seehofer llega a su fin. Más bien empujado que por voluntad propia, el líder bávaro abandonará en un tiempo previsible sus cargos. Eso también es relevante para Angela Merkel, a juicio de Volker Wagener.

El león bávaro, emblema de ese estado federado económicamente exitoso y políticamente influyente, parece desde las elecciones parlamentarias generales más bien un gatito. De todos los partidos presentes en el nuevo Bundestag, la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) es el más pequeño. Apenas conquistó un 6,2 por ciento de los votos emitidos en Alemania, la mitad de los obtenidos por la AfD, de derecha populista. Tan pequeño no había sido jamás su porcentaje. Desde entonces, políticamente hablando, Múnich no ruge: solo maúlla. Y se ha convertido en un frente difícil de calcular para la canciller. Porque la CSU, que durante dos años fue el mayor adversario de la política de refugiados de Merkel, se permite una estrepitosa pugna interna, en medio del proceso más difícil de formación de gobierno desde que existe la República Federal de Alemania. Y demuestra lo que puede pasar en un partido cuando pierde las elecciones.

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La caída de Horst Seehofer

Todo esto tiene mucho que ver con Horst Seehofer. El jefe del partido y primer ministro de Baviera es demasiado mayor para presentarse de nuevo el año entrante a las elecciones regionales, que entretanto son temidas en Múnich, tras la debacle de septiembre. Si el año próximo el resultado es similarmente malo, sería el fin del "partido de Estado" CSU, que en Baviera reclama con toda naturalidad el 50 por ciento más X de los votos y suele también obtenerlos. Ahora, con un 38 por ciento, solo tiene la mitad de su fuerza habitual.

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Volker Wagener

De esta crisis se responsabiliza a Seehofer. Él atacó duramente en las tribunas mediáticas la política de refugiados de Merkel, pero no pudo cambiar nada en la práctica. Y los refugiados, que en su mayoría llegaron incontroladamente al país, pisaron por primera vez suelo alemán en Baviera. En las regiones fronterizas, donde hace cuatro años aún se votaba como algo obvio por la CSU, esta vez ganó terreno la AfD. No es de extrañar que Horst Seehofer haya sido el que más perdió popularidad. Eso, y la consiguiente merma de poder, han convertido al otrora gigante político en una figura vacilante. Con él abandona el ruedo, al menos parcialmente, uno de los tres grandes perdedores de las elecciones. Probablemente habrá emuladores.

Gobernar tras la derrota

Los sucesos de la CSU bávara posiblemente tengan continuación dentro de poco en la Unión Cristianodemócrata (CDU) y en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). En conjunto, los tres partidos de la última coalición (todavía en funciones) perdieron un 14 por ciento de apoyo electoral. Tras el fracaso de las negociaciones para formar gobierno entre la CDU/CSU, Los Verdes y los liberales, ahora los derrotados conversan sobre volver a conducir los destinos del país los próximos cuatro años.

El SPD todavía no ha tomado una decisión, pero entretanto la tendencia apunta claramente a un nuevo intento de perfilarse como socio menor de la CDU, pero con un fuerte giro a la izquierda. El SPD necesita algo que lo diferencie de la línea centrista de Merkel, que no solo sedó a los socialdemócratas. Pero la CSU, con su nuevo hombre fuerte, Markus Söder, quiere marchar en otra dirección. Quiere recuperar en 2018 los votantes que perdió a manos de la AfD, mediante una política claramente derechista.

Todavía es un secreto cómo el jefe del SPD, Martin Schulz –muy humillado como perdedor histórico- pretende dar visibilidad programática a su partido. Es más que dudoso que sobreviva los próximos meses en la jefatura partidaria. Pero también Angela Merkel tendrá grandes dificultades para dirigir la nueva alianza en Berlín. Lo que mantiene a la gobernante como jefa de su partido es la falta de figuras que la puedan reemplazar.

Volker Wagener (ERS/VT)

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