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Europa

La conciencia de Europa

Diez años de existencia cumple este 1 de noviembre el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, al servicio de 800 millones de europeos. Una instancia que sólo cuenta con su gran autoridad moral para imponer sus veredictos.

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La sede del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo.

Cerca de 1.500 fallos dicta al año el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Con sus 47 magistrados, prácticamente no da abasto para la cantidad de demandas que se presentan ante esta instancia, encargada de comprobar si las autoridades y las cortes de justicia nacionales se atienen a los estándares europeos en lo tocante a los derechos fundamentales del hombre. Unos 80.000 casos se apilan aún sobre los escritorios, a la espera de ser tratados, y las rumas de papel siguen creciendo.

Hacer valer los derechos de los ciudadanos europeos, desde el Polo Norte hasta el Bósforo, es la misión de esta institución que no tiene parangón en el mundo. Cada hombre o mujer que habite en algunos de los 47 países integrantes del Consejo de Europa tiene la posibilidad de recurrir a este tribunal, siempre y cuando se hayan agotado previamente las vías legales nacionales. En consecuencia, esta corte, con sede en Estrasburgo, constituye la última instancia.

Amplio abanico de casos

Al Tribunal Europeo de Derechos Humanos acuden todo tipo de personas: desde víctimas de la guerra de Chechenia hasta opositores turcos encarcelados sin mediar proceso alguno, pasando por gente que ha sido torturada o difamada, o periodistas a los que se ha tratado de silenciar. En los procesos se abordan también materias como el suicidio asistido, la fecundación artificial, asuntos relativos a expropiaciones o pugnas en torno a la tutela de niños.

Europäischer Gerichtshof entscheidet im Fall Gäfgen

Los jueces de Estraburgo en una audiencia.

La enorme diversidad de los juicios es una de las causas de la sobrecarga crónica que padece el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con el agravante de que su presupuesto anual de 50 millones de euros no resulta suficiente. Desde hace años, los juristas de Estrasburgo piden por lo tanto una reforma, dirigida a acortar los procesos y volverlos más eficientes. Hasta hora, la iniciativa no ha tenido éxito. “No podemos seguir esperando eternamente”, se queja el presidente del tribunal, Jean-Paul Costa, subrayando: “Debemos encontrar posibilidades para acelerar los procesos y para poder concentrarnos en los casos que son realmente esenciales”.

Todos por igual

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos actúa independientemente de quién sea el que recurre a sus magistrados, aunque se trate de alguien que también haya cometido crímenes. Por ejemplo, el presidente del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, Abdullah Öcalan, o el ex terrorista Carlos, han acudido a Estrasburgo por considerar que sus condiciones de reclusión no corresponden a la dignidad humana. Incluso un infanticida presentó una vez una queja en Estrasburgo.

Renate Jäger, la jueza alemana en esta corte, considera que esta posibilidad debe concederse a todos. “También los asesinos tienen derecho a un juicio justo”, opina la magistrada.

Lo que confiere un carácter único al Tribunal Europeo de Derechos Humanos no son, sin embargo, los casos espectaculares que en ocasiones le toca ventilar, sino el hecho de que la corte no dispone de ningún instrumento coercitivo: no cuenta con una policía ni con un poder tangible. No obstante, sus veredictos son respetados por cada uno de los países miembros. ¡Mayor autoridad no se puede tener!

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