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Ciencia y Ecología

La anatomía del miedo

¿Qué sucede en el cerebro cuando no podemos controlar nuestros temores? Dos investigadores lo hace visible y son galardonados por ello con el Premio Max Planck de Investigación, dotado con 1,5 millones de euros.

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¿Qué huellas deja el temor en el cerebro?

El temor es algo natural y positivo. El miedo protege a los animales y al ser humano de amenazas. Quien experimenta una situación de peligro y vive para contarla, lo registra profundamente en su cerebro para evitarla en una próxima ocasión.

“El temor nos protege de los peligros”, dice el neurofisiólogo Hans-Christian Pape, director del Instituto de Fisiología de Universidad Wilhelm de Münster. Pape investiga en ratones cómo el cerebro procesa el miedo. ¿Qué huellas deja el temor en el cerebro? ¿Cómo surge el temor sano, cómo se desarrolla una calma sin miedos y por qué a veces no es posible controlar un estado de pánico?

Ein Gehirn

Modelo de cerebro: el temor se genera en la amígdala, una zona con forma de almendra.

Por sus investigaciones, Pape recibe junto con el irlandés Raymond Dolan, profesor de neuropsiquiatría del University College de Londres, el Premio Max Planck de Investigación 2007, dotado con 1,5 millones de euros. Dolan trabaja en un área de estudios similar a la de Pape, analizando por ejemplo la diferencia entre miedo congénito y miedo adquirido.

Las profundidades del cerebro

Ambos premiados utilizan procedimientos de imagen para hacer visible lo que sucede en las profundidades del cerebro. Pape analiza el funcionamiento de las neuronas tiñéndolas y observándolas en un microscopio de alta resolución. Dolan recurre a la tomografía computarizada para observar qué sentimientos activan qué parte del cerebro.

El procesamiento del miedo es muy similar en todos los mamíferos. “Por ello nuestras pruebas en ratones pueden transferirse muy bien a los seres humanos”, dice Pape. El miedo se genera en la amígdala cerebral, un grupo de neuronas con forma de almendra. Esa parte del cerebro se desarrolló ya muy tempranamente en la historia de la evolución.

La capacidad de sentir miedo fue muy importante ya desde los comienzos de la vida animal. Los individuos sin miedo pronto desaparecieron. Incluso los animales de rapiña conservan hoy las distancias cuando se topan con algo que no conocen, incluido el ser humano.

Las experiencias que generan miedo son almacenadas en el cerebro, que relaciona las condiciones exteriores que lo provocaron junto con la sensación de temor. Cuando esas condiciones se repiten, el individuo de inmediato reacciona con miedo y se aleja. Por qué unos temen y otros no Pero de las experiencias se aprende que algunas cosas que a primera vistan parecen peligrosas, en realidad no lo son.

En ese caso, el cerebro borra la información que había almacenado. Pero no siempre es así. Algunas sensaciones de temor se graban tan profundamente en el cerebro, que el individuo no las puede eliminar. En esos casos, incluso un leve recuerdo del suceso puede generar pánico.

Cuán fuertes son esas asociaciones traumáticas se diferencia de persona a persona. Ello explica por qué un mismo suceso puede dejar huellas psíquicas indelebles en un ser humano y en otro no. Todo parece indicar que las diferencia tienen origen genético, dice Pape. El investigador entrenó a ratones para que reaccionaran con miedo a ciertos estímulos y luego les enseñó a no temerles. Pero ratones a los que les faltan ciertos genes no pueden dejar de tener miedo. Con la comprensión de los procesos celulares y moleculares en las neuronas que tienen lugar durante el procesamiento del temor, Pape y Dolan esperan que puedan desarrollarse nuevas terapias contra el miedo patológico. Ambos investigadores dedicarán los fondos del premio, 750.000 euros cada uno, a profundizar en la materia.

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