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Cine

“Koltavanej”: liberación en Chiapas

El cortometraje de Concepción Suárez Aguilar, fue recibido con una ovación en la sección NATIVe de la Berlinale, que narra la dramática situación de una mujer tsotsil, encarcelada por un crimen que no cometió.

La cineasta Concepción Suarez Aguilar.

La cineasta Concepción Suarez Aguilar.

Poco más de 400.000 personas son consideradas pertenecientes a la etnia maya tsotsil que habita varias regiones en los altos de Chiapas, estado mexicano en el sureste del país. El cortometraje Koltavanej, que en lengua tsotsil significa 'liberarse de las ataduras', de 19 minutos, llegó a Berlín de la mano de su realizadora Concepción Suárez Aguilar, y narra la historia de una mujer tsotsil, Rosa López Díaz, condenada a 27 años de cárcel por un secuestro que no cometió. Realizado en 2012, cuenta que, al igual que ella, en México hay miles de mujeres indígenas y campesinas pobres acusadas de crímenes que no cometieron. Sus sentencias están basadas en declaraciones inculpatorias obtenidas bajo tortura. La realizadora Concepción Suárez Aguilar informó que Rosa fue liberada en julio pasado después de siete años de cárcel, sin embargo subraya que no hubo justicia. “No se reconoció su inocencia y ni siquiera se hizo una averiguación y menos hubo una detención de sus agresores. La impunidad permanece”.

Deutsche Welle: La cinta comienza con una escena desde una radio comunitaria que entrevista a Rosa. ¿es usted quien la entrevista?

Concepción Suárez Aguilar: Sí, soy yo y efectivamente es una radio comunitaria que nos apoyó para hacer esto porque queríamos retratar la vida cotidiana dentro del penal el Cereso, pero el gobierno del Estado de Chiapas no nos permitió el acceso con cámaras. Entonces estuve pensando cómo contar la historia, lo más fácil hubiera sido que otras personas la contaran desde afuera, pero hubiera perdido fuerza.

¿Cuantas personas hay detenidas arbitrariamente en Chiapas?

Deben ser miles. Tan sólo durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón, según reportes oficiales fueron detenidas más de medio millón de personas. Más del 50% de estas personas son indígenas o campesinos pobres. Cerca de un 30% son mujeres. En el marco de la guerra contra el narcotráfico las autoridades incentivaron a la policía en su trabajo dándoles apoyos económicos de acuerdo a la cantidad de detenciones que hicieran por cargos por delincuencia organizada, tráfico de drogas, secuestro... A muchos de los detenidos les fabricaban pruebas. Con más presos, debía aumentar la seguridad, pero sólo aumentó el número de presos.

El caso más visible fue el del maestro tsotsil Alberto Pathistán, que entre tanto ya ha sido liberado…

Ese un caso diferente. Él fue de hecho el que animó a Rosa a que se organizara dentro del penal. Él era un preso político. Hay que remontarse al levantamiento que hubo en Chiapas para entender que fue una respuesta del gobierno mexicano tratando de contener la insurgencia en la entidad. Pero esta estrategia se extendió hacia la población civil, sobre todo entre los indígenas y campesinos, que según la lectura del gobierno, es la que ha apoyado a la insurgencia.

Fotograma del cortometraje.

Fotograma del cortometraje.

Pero también hay río revuelto entre las mismas comunidades indígenas…

Así es. Los grupos paramilitares que cometieron la masacre de Acteal también son indígenas. Hay indígenas de los dos lados. Hay indígenas paramilitares y hay indígenas que están dedicados a la delincuencia. También es cierto que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, es mayoritariamente indígena. Por eso la estrategia de contrainsurgencia se extendió hacia la población civil. Eso ha provocado que siga habiendo muchísimos presos en Chiapas. Hay activistas que han sido encarcelados porque defienden su tierra ante proyectos turísticos. Hay detenidos en el pueblo Yaqui por defender su agua, que las autoridades quieren destinarla para otros usos y desviarla de sus tierras. Hay información precisa sobre presos políticos y detenidos injustamente en el Comité Cerezo.

Además, la población de Chiapas ha sido históricamente rebelde, hasta tuvieron que cambiar la capital, que antes era San Cristóbal de las Casas y ahora es Tuxtla Gutiérrez…

Chiapas es un lugar muy particular, históricamente rebelde, en donde también las mujeres han sido muy activas en la vida política. Fue el primer estado de la República Mexicana en donde las mujeres votaron. Hay organizaciones de mujeres indígenas, campesinas y mestizas, feministas y no feministas, luchando por construir nuestros derechos, pero no sólo desde la visión de los derechos humanos occidentales, sino desde nuestras propias culturas, con una necesidad y un compromiso por transformar nuestros propios pueblos para que se conserven.

También es un Estado en donde la concentración de la tierra en unas cuantas manos sigue provocando conflictos.

Yo misma viví la diáspora indígena de los años 70. Nací en una comunidad que habita la selva de los Chimalapas, entre Chiapas y Oaxaca. Por los conflictos agrarios yo no crecí en mi comunidad. Mi familia tuvo que emigrar a Tuxtla Gutierrez, crecí rodeada de muchas otras familias que venían de la diáspora indígena y campesina, que emigraron a la capital en 1977.

¿Qué provocó esa diáspora?

Después de que en 1974 hubo un Congreso Nacional Indígena en Chiapas, muchas organizaciones decidieron tomar las tierras porque se vivía una situación de feudalismo, que además no se acabó en esa época. Los indígenas y campesinos, llamados “peones acasillados”, trabajaban en territorios de miles de hectáreas bajo un solo dueño que no les daba un salario normal como trabajadores, sino que les daba un espacio donde vivir, un pedacito de tierra, uno o dos días libres a la semana para sembrar y poder tener su comida y les vendía las manufacturas en unas tiendas de raya, en donde el campesino tenía que llegar a comprar y de ahí le era descontado su sueldo. Al final terminaban endeudados por generaciones. Y no tenían adónde irse. En 1974 se produce una primera gran oleada de recuperación de tierras, donde participaron muchas mujeres. Soy hija y nieta de esa generación de mujeres que dieron su vida en la lucha por la tierra.