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Política

Karzai en Alemania: sin Afganistán y Pakistán no habrá victoria contra talibanes

Mientras el presidente de Afganistán llega a Alemania, civiles huían del valle del Swat, frontera con Afganistán. Los ejércitos de Pakistán, Estados Unidos y Afganistán libran duros combates contra talibanes.

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Hamid Karzai, presidente de Afganistán.

La zona es escenario de una gran ofensiva contra terroristas talibanes que habría matado a más de 200. Naciones Unidas manifestó su preocupación por el "desplazamiento masivo" de civiles. La ONU calcula que 200.000 personas abandonaron ya las zonas de conflicto y que otras 300.000 se disponen a hacerlo. Éstas se unirán a otras 555.000 personas que ya huyeron de la región y que se alojan en casas alquiladas o con parientes.

La posición de Occidente en la región se debilita con hechos como el ocurrido esta semana pasada. El presidente afgano, Hamid Karzai, ha confirmado entre tanto que más de 100 y quizás hasta 130 civiles perdieron la vida en los ataques aéreos estadounidenses en la provincia occidental de Fatah.

Este es, probablemente, el más mortal error militar contra civiles desde que las fuerzas armadas estadounidenses lanzaron una ofensiva contra los talibanes en el 2001. El ataque aumentó la hostilidad de los afganos frente a Estados Unidos, incluso cuando Washington se apresta a enviar 17.000 soldados más en los próximos meses al sur del país, bastión de los talibanes y del narcotráfico que produce casi toda la heroína del mundo.

Entre las garras de talibanes y bombas de Estados Unidos

Karzai ha solicitado el fin de los ataques aéreos de Estados Unidos y un cambio dramático en las estrategias militares. "Por un lado nuestra gente está harta de decapitaciones y ataques suicidas por parte de los talibanes. Por el otro lado, la masacre de personas a manos de las fuerzas estadounidenses es un crimen que nunca podrán olvidar", dijeron estudiantes universitarios afganos en manifestaciones callejeras el domingo 10 de mayo. Los comandantes estadounidenses esperan intensos enfrentamientos en los próximos meses, mientras se despliega el mayor contingente de refuerzo en el bastión talibán del sur, las provincias de Kandahar y Helmand.

Doble mira de doble guerra

En la lucha contra la red terrorista Al Qaida Estados Unidos ya no se concentra en Afganistán. Pakistán ha pasado a estar en la doble mira de una doble guerra: anti-talibanes y anti-narcóticos. El que los presidentes de Afganistán y Pakistán se hayan entrevistado esta semana con el presidente Barack Obama y ahora Karzai lo haga con la canciller alemana, Angela Merkel es más que pertinente, en vista del creciente potencial del peligro en la zona que podría, en el peor de casos, hacer saltar una alarma nuclear.

“Los terroristas no desaparecen sólo por el hecho de pedírselo en palabras claras”, es la convicción de Zardari, el presidente de Pakistán. Un reciente cese el fuego fue aprovechado por los talibanes para expandirse a otras provincias. Y ya están a sólo 100 kilómetros de la capital. Pero las críticas contra el Gobierno pakistaní también son claras.

El pueblo no sabe de qué lado está realmente el Gobierno, toda vez que considera que el ejército pakistaní sólo lucha “a medias” contra los extremistas. Ello puede radicar en que la armada pakistaní sigue viendo a la India como al verdadero enemigo y ha creído que los talibanes son “aliados” en ese sentimiento, aseguran observadores internacionales.

Pero el avance de los talibanes es ya tan fuerte que las alarmas están saltando en Washington y Londres, mientras en Berlín, París, y menos en Madrid, parecen querer creer la envergadura del peligro que representaría que fuerzas terroristas de Al Qaida lleguen a estar en poder de armas atómicas, sea con la ayuda de las fuerzas militares pakistaníes o no.

Huir no es solucionar

En lo que concierne a Afganistán, después de 7 años de reinstauración de la democracia cabe preguntarse por qué no hay progresos visibles. Las arcaicas estructuras tribales que rigen en ambos países, así como la utilización del territorio pakistaní como lugar de resguardo han impedido el éxito. Una derrota pues, de las fuerzas regulares y el proceso de democratización que alimenta, a su vez, la resistencia de los habitantes contra todo lo que quiera cambiar el status quo.

El presidente Karzai ha llamado a ambas naciones, Afganistán y Pakistán, “gemelos siameses”, unidos en su lucha contra el mal común que los quiere destruir: el narco-terrorismo religioso.

La lucha contra la corrupción, la asistencia a población civil, la reconstrucción y la democratización son algunas de las condiciones para poner la balanza a lado de lo positivo. Alemania misma está comprometida en apoyar, especialmente, la atención de la población civil.

Entre tanto empero, los talibanes aumentan su poder militar que hacen cada vez más difícil el soporte a la población. Salir corriendo de Afganistán sería creer que con cerrar la puerta el problema se acaba. Esa sería la mejor oportunidad que se le puede dar a los terroristas de volar la casa, la propia y la de ajenos.

Karzai en Berlín

La jefa del Gobierno alemán, Angela Merkel, y el presidente afgano manifestaron en Berlín su acuerdo sobre la necesidad de seguir fortaleciendo las fuerzas de seguridad en Afganistán para estabilizar la situación en el país.

Hasta ahora se alcanzó cerca de diez por ciento de la capacidad operativa necesaria de las fuerzas de seguridad, dijo Merkel tras reunirse con Karzai. A ese logro contribuyeron de manera decisiva la policía y los capacitadores alemanes, agregó.

La canciller alemana destacó también los éxitos en términos de reconstrucción civil alcanzados en Afganistán. Ahora seis millones de alumnos pueden asistir a la escuela en el país, entre ellos muchas niñas.

Merkel está decidida de seguir respaldando a Afganistán con la capacitación de policías y soldados. Los miembros del gobierno afgano que viajaron a Berlín con Karzai la instaron firmemente a ello.

Autor: Kai Küstner / José Ospina-Valencia

Editor: Enrique López Magallón

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